Géneros y Sexualidades

SANTA GUERRA CONTRA LAS MUJERES

Aborto: Bergoglio igualó a un embrión con los pobres, los inmigrantes y las víctimas de trata

En un texto para sus fieles titulado “Alegraos y regocijaos” el Papa llama a enfrentar a las mujeres que abortan como se debería enfrentar a capitalistas, mafiosos y criminales.

Daniel Satur

@saturnetroc

Martes 10 de abril | Edición del día

Este lunes el Vaticano hizo público un extenso texto, con categoría de “exhortación apostólica”, en el que el papa Francisco llama a la feligresía católica a luchar contra el aborto.

Según los propios escribas de Jorge Bergoglio, la exhortación apostólica Gaudete et exsultate (Alegraos y regocijaos en latín) fue redactada el 19 de marzo pero se hizo pública esta semana. Es la tercera de su pontificado, tiene unas 44 páginas y consta de 177 puntos.

El documento está dividido en cinco capítulos: “El Llamado a la santidad”, “Dos sutiles enemigos de la santidad”, “A la luz del Maestro”, “Algunas notas de la santidad en el mundo actual” y “Combate, vigilancia y discernimiento”.

El texto recorre diversos temas, con un tono enfocado a la juventud y con un “espíritu” basado en las Bienaventuranzas bíblicas. Al decir de sus difusores, la intención del escrito papal es demostrar que un camino a “contracorriente” es el indicado por Jesús para ser “un buen cristiano”.

En el Capítulo Tercero titulado “A la luz del Maestro”, más precisamente en su punto 101, Bergoglio se anima a poner un signo igual entre un embrión y los millones de pobres y víctimas de la explotación y opresión que habitan este mundo capitalista.

Allí, apelando a la construcción conceptual propia del catolicismo, el Papa dice que “la defensa del inocente que no ha nacido” tiene que ser “clara, firme y apasionada”. El llamado, obviamente, es a luchar contra quienes a lo largo del mundo, como en estos momentos en Argentina, están dando una gran pelea para conquistar el derecho elemental de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos, en condiciones de salud y seguridad óptimas garantizadas por el Estado.

Pero Francisco no se quedó solo en esa exhortación a “defender” al “niño por nacer”. Buscando convencer mucho más aún a sus fieles (quizás dudando de su poder de persuasión) el Papa igualó esa defensa con la ayuda misericordiosa a las personas pobres, abandonadas, postergadas, esclavizadas y hasta con las víctimas de trata de personas.

A renglón seguido Francisco dice que “igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte”.

Así, Bergoglio termina identificado a las millones de mujeres que, legal o ilegalmente, todos los días deciden interrumpir un embarazo, con el puñado de capitalistas, mafiosos y criminales que gobiernan este mundo y someten a la mayoría de la humanidad a los peores sufrimientos.

La maniobra bergogliana, difundida por miles de canales mediáticos e institucionales a nivel mundial, no puede evitar estar teñida de hipocresía. Entre las casi veinte mil palabras que componen el texto no se encuentran ni una sola vez los términos “pedofilia”, “abuso”, “sexual”, “menores”, “pederastia” u otra que remita a uno de los delitos más extendidos dentro de la Iglesia Católica y más protegidos desde Roma.

“Alegraos y regocijaos”, dice Jorge Bergoglio, llamando a combatir los derechos elementales de media humanidad y callando sobre las podridas miserias propias. Ningún bienaventurado.







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