Economía

OPINIÓN

¿A dónde nos lleva el endeudamiento serial del gobierno de Macri?

El ministro Luis Caputo ofreció el miércoles un panorama optimista sobre la evolución de la deuda. ¿Es cierto que el pasivo público es manejable o se cocina otra crisis de deuda?

Esteban Mercatante

@EMercatante

Viernes 6 de abril | Edición del día

En su exposición ante la comisión bicameral del Congreso sobre la Deuda pública, el ministro de Finanzas Luis Caputo dio a conocer el miércoles el estado de la deuda pública a diciembre de 2017. La deuda pública total del Estado nacional, incluyendo la que sigue en litigio, llegó a US$ 320.934 millones. Esto marca un crecimiento de US$ 80.269 millones desde que asumió Macri. Si evaluamos el crecimiento de la deuda regularizada, sin contar la deuda en litigio, el incremento ronda los US$ 95 mil millones, un incremento de 43 % en dos años. La deuda regularizada crece más, porque el total de la deuda computada en 2015 incluía la abultada cuenta con los buitres que el gobierno de Macri canjeó por deuda nueva, a un alto costo (aceptó todos los reclamos con una quita de apenas 35 % sobre los intereses reclamados por los buitres en su litigio ante el juez Thomas Griesa en Nueva York).

La información sobre el nivel de endeudamiento de todo el año pasado, dato que llega con demora ya que habitualmente era provisto en el mes de marzo, muestra un ritmo escalofriante en el ritmo de endeudamiento. En su exposición del miércoles, Caputo desestimó que el ritmo incremento fuera preocupante, apelando a la comparación con el nivel que tiene como porcentaje del PBI.

Es cierto, gracias a los pagos "seriales" realizados durante los años de gobiernos kirchneristas, la deuda "neta", excluyendo los pasivos con el propio sector público (es decir los títulos que tiene Anses, el Banco Central y otros organismos) era de apenas 20 % del PBI, y hoy llega a 30 %. Pero si consideramos la deuda total, y no solamente la deuda neta, el nivel de endeudamiento alcanza al 54 % del PBI. En Colombia la relación deuda/PBI es de 43 %, en México de 63 %, y en Brasil es de 75 %.

Desde lejos no se ve

Caputo hace hincapié en la foto, que muestra una situación que no parece dramática. Pero en dos años el pasivo neto trepó 10 puntos del PBI, y en lo que va de este año ya se sumaron US$ 15 mil millones de dólares y se prevén para todo el año duplicar esa cifra, es decir un nuevo incremento de casi 10 % en el volumen de deuda. La deuda crece en relación al PBI y lo seguirá haciendo en los próximos años.

A esto se agrega que la elevada proporción de deuda externa, es decir en dólares y con acreedores extranjeros. Esta pasó de US$ 73.535 en diciembre de 2015 (descontando los US$ 17.994 millones que por una revisión metodológica de diciembre de 2016 el Indec imputó al año 2015, aunque corresponden a pasivos generados durante el gobierno de Macri) a US$ 161.342 millones en diciembre de 2017. ¡Un aumento de más de 100 %! Se trata de pasivos que deben saldarse en moneda fuerte, en dólares, que si no se logran a través del comercio exterior (que hoy es deficitario) deberán conseguirse con más deuda en dólares para saldar la previa.

Los vencimientos de capital e intereses en los próximos 5 años promedian los US$ 23 mil millones. Si sólo contamos los vencimientos con el sector privado, alcanzan los US$ 12 mil millones al año, con el agravante de que un 70 % de este monto es a saldar en dólares. Los recursos para afrontar los vencimientos venideros, si no se cubren con más deuda (que significaría que el peso del capital e intereses aumentará todavía más), saldrán de un recorte del gasto en el futuro. Considerando
que al mismo tiempo el gobierno busca reducir impuestos, el peso del recorte del gasto será todavía más pronunciado.

El gobierno calcula que la deuda pública neta, es decir descontando los pasivos intra sector público, subirá desde 28,5 % en 2017 a 37 % en 2020, proporción que mantendrá por varios años. Pronóstico que incluye supuestos optimistas sobre el desenvolvimiento de la economía global. Cada vez más recursos son necesarios para pagar los intereses que la misma genera. De acuerdo al proyecto de presupuesto presentado por el Ministerio de Hacienda, los intereses crecerán del 1,97 % del PBI en 2018 a 2,15 % en 2019.

El ministro aseguró que el plan del gobierno es que la deuda no siga subiendo a indefinidamente, porque -reconoció- eso si llevará a crisis inmanejables. Pero no explicó cual es el plan para evitarlo. Y hay una serie de señales que exponen dificultades para que esto ocurra.

En primer lugar, el gobierno está recortando ingresos del estado, bajando impuestos, (favoreciendo a los productores sojeros con menos retenciones, bajando contribuciones patronales a la seguridad social, etc.), lo que ya costó anualmente 2 puntos porcentuales del PBI en lo que va de gobierno. Esto fue compensando por el blanqueo el año pasado, que dio ingresos fiscales extra, cosa que ya no ocurrirá este año.

En segundo lugar, lo que el gobierno recortó del gasto público primario en los últimos años, fue compensado por el crecimiento de los intereses, lo cual, sumado a lo anterior, llevó a que no baje el déficit total, después de contar el pago de servicios de deuda.

En tercer lugar, todo indica que será difícil que las tasas a las cuales el país se endeudó en el último año no suban, considerando que la Reserva Federal norteamericana tiene previstas dos subas de tasa para este año (que podrían ser tres). Con tasa más cara, aumentará la propensión de la deuda a subir.

En cuarto lugar, el pronóstico en el que se basa la previsión de que la deuda no subirá peligrosamente en los próximos años, se apoya en un pronóstico de crecimiento de la economía de 3/3,5 % sostenido, lo cual difícilmente pueda cumplirse siquiera este año.

Sudor y sed... para los trabajadores

Como ocurre siempre, los principales responsables de esta espiral de endeudamiento afirman que no se repetirá la historia de bancarrotas que repetidamente sufrió la economía argentina como consecuencia de esta espiral de endeudamiento. Lo hacen, como vemos, sin fundamento serio.

Por lo tanto, sólo podrá cumplirse la promesa del gobierno de que no se agravará la carga de la deuda, si el ritmo de recorte del gasto público se hace más acelerado. Lo cual significa multiplicar las iniciativas como la contrarreforma previsional que alteró la fórmula de movilidad, ajustar los salarios de los trabajadores del Estado y reducir la planta (ayer el presidente Mauricio Macri afirmó ayer que el empleo público está "agotado") , recortar planes sociales, etc.

El ritmo de endeudamiento desmiente la idea de que el camino trazado por el gobierno sea un plácido gradualismo. La vorágine de la deuda proyecta un quebranto de las cuentas públicas que será utilizado, por el gobierno de Macri o por quien lo suceda, para acelerar el ajuste contra el pueblo trabajador para continuar cumpliendo con los acreedores.

Como en los tiempos de Avellaneda, será con el "sudor y la sed" de los trabajadores argentinos de donde la clase capitalista seguirá enriqueciendo sus bolsillos. La clase trabajadora es la única capaz de imponer el no pago de esta deuda usuraria, que fue pagada varias veces en los últimos 40 años (más de 400 mil millones fueron entregados en concepto de capital e intereses desde 1983, a pesar de lo cual el pasivo no dejó de crecer), junto con otras medidas elementales para poner fin al saqueo que realiza el capital financiero como el monopolio estatal del comercio exterior y la conformación de una banca estatal única controlada por sus trabajadores.







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