Política

Ana María Acevedo: un Estado asesino e hipócrita contra el aborto legal

El debate llegó al Senado donde el peronismo tiene la llave para sancionar la ley. Ese mismo peronismo que hoy se "vestiría de verde", gobernaba la provincia en 2007 cuando se conocía el caso de Ana María Acevedo.

Viernes 22 de junio | 15:50

El debate por la Interrupción Voluntaria del Embarazo, con media sanción al proyecto que propone la legalización del aborto, continúa en el Senado. El nombre de Ana María Acevedo resonó fuertemente en el plenario de comisiones en diputados, donde su mamá Norma Cuevas conmovió y le recordó a todos que su hija no pudo ser parte del debate. Se le podría haber salvado la vida si se le practicaba un aborto a tiempo, dentro de los marcos de la ley, pero se le negó.

Caso emblemático

El caso de Ana María Acevedo, la joven de 19 años oriunda de Vera que murió porque el Estado santafesino le negó el acceso a un aborto no punible, puso sobre la mesa el derecho del aborto como un problema de salud pública y como una expresión de una gran hipocresía. 

Ana María era una joven de 19 años de Vera que en el año 2006 muere producto de un cáncer maxilar. Antes de enterarse de que lo que ella sentía como un terrible dolor de muelas, y que los médicos así habían definido, era en realidad un tumor en su mandíbula, Ana María queda embarazada. Luego de esto, con estudios mediante, se determinó que era un cáncer y que debía comenzar un tratamiento de quimioterapia y rayos; el tratamiento pondría en riegos claros el embarazo que estaba gestando, pero no hacerlo la llevaría al final de su vida. Ella y sus padres, una familia muy pobre y de pocos recursos, hicieron todo lo que pudieron para que a Ana María se le practicara un aborto no punible. El comité de bioética del Hospital Iturraspe de Santa Fe, se lo negó, por convicciones religiosas. A los 5 meses de embarazo deciden practicarle una cesárea, a las 24 horas fallece el bebé, y semanas después fallece Ana María.

Por aquellos años, el gobernador de la provincia era Jorge Obeid, del Partido Justicialista, quien fuera electo en el 2003 hasta el 2007, luego de ser despojado del cargo por Hermes Binner. Quien lo acompañó en la fórmula para la Casa Gris, fue la vice gobernadora María Eugenia Bielsa, y en aquel entonces quien estaba a cargo del Ministerio de Salud provincial era Silvia Simoncini, en el 2015 electa como diputada nacional por el Frente para la Victoria. 

La negativa a salvar la vida de Ana María comenzó en primer lugar por el director del Hospital Provincial Iturraspe, Andrés Ellena, quien ocupaba dicho cargo desde el 2000, con la gobernación de Carlos Reutemann, un reconocido médico egresado de la Universidad Católica de Córdoba.

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No casualmente se convocó a una movilización frente al Hospital Iturraspe de la ciudad de Santa Fe, en apoyo a todos los médicos del Servicio de Ginecología, que se manifestaron objetores. Estos mismos objetores fueron los que se negaron a realizarle un aborto no punible a Ana María Acevedo, es decir, se le negó una práctica que incluso para ese entonces estaba en los marcos legales. 

La familia de Ana María, con su mamá Norma y su papá Haroldo, golpearon todas las puertas para salvarle la vida a su hija, para que se le practicara un aborto que estaba en el marco de la ley, como lo dicta el artículo 86 del Código Penal Nacional, que dice que no será punible el aborto practicado a una mujer cuando corriera riesgo la salud o la vida de la madre. Todos se lo negaron. 

Responsabilidades políticas

Los hijos y padres de Ana María, aún luchan por justicia, en medio de un estado provincial que se jacta de determinadas prácticas de avanzada en ciudades como Rosario, mientras que convive en los rincones de la provincia con la clandestinidad de aborto, y la injerencia social de la Iglesia, que en el ámbito de la salud y de la educación es profundo y nodal, y que sigue siendo financiada millonariamente por el Estado.

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Ana María murió en el año 2007, para ese entonces ni Jorge Obeid, ni María Eugenia Bielsa, ni Silvia Simoncini habían intervenido para evitar que esto suceda. En concordancia con la línea dictada por aquel entonces del gobierno nacional kirchnerista, que ya venía de negarse a debatir sobre el aborto, siendo que para el 2005 la Campaña Nacional por la Interrupción voluntaria del Embarazo ya había recolectado 100 mil firmas a favor del proyecto de ley. 

A pesar que Obeid luego de la muerte de Ana María firmó un decreto en el que se separaba del cargo al director del Hospital, Andrés Ellena, y que en el 2015 Antonio Bonfatti pidiera disculpas a la familia Cuevas-Acevedo, todo llegó tarde.

A pesar de que las mujeres ganaron las calles, y el debate en el Congreso, este caso es muestra cabal de la hipocresía y aberración de avalar la clandestinidad del aborto. El Estado, las “convicciones personales” de los objetores, las presiones de la Iglesia, todos le negaron a Ana María la posibilidad de vivir, todos avalaron la clandestinidad del aborto.







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