Economía

CRISIS ECONÓMICA

Argentina casino: los “mercados” se devoran a Cambiemos

El dólar rozó los $ 30 y el Merval se volvió a hundir. Desbarajustes económicos locales y turbulencias internacionales. Sin sacar los pies del plato, cada fracción empresaria juega su juego.

Pablo Anino

@PabloAnino

Sábado 30 de junio | Edición del día

Este viernes, a pocas cuadras de la city porteña, frente a la Casa Rosada, en los pasillos del Palacio de Hacienda, donde funcionan los ministerios de Hacienda y Finanzas, Producción, Transporte y Energía, la única alteración a la parsimonia era un almuerzo solidario para juntar dinero para el fondo de lucha de los despedidos que organizó ATE.

Las autoridades ministeriales circulan por senderos especiales y bien custodiados. No se dejan ver por los ojos de los que cotidianamente ponen su trabajo. Pero es vox populi que no lograron asentar sus nuevos gabinetes que una nueva corrida las sorprendió.

El último día hábil del mes, los buitres se deglutieron una nueva porción de los dólares que el FMI envío el 22 de junio: el Banco Central puso a subastar en nombre del Tesoro (Ministerio de Hacienda) U$S 150 millones, más de lo que era la “regla” diaria original de U$S 100 millones, pero no alcanzó y subastó U$S 300 millones más de sus reservas. Aún así, el dólar cerró en $ 29,66 en bancos y casas de cambio.

A este ritmo, el “blindaje” de divisas que ofreció el FMI alcanza para alrededor de un mes y financia una fuga acelerada de riqueza del país.

También una semana duró la euforia por la recategorización de Argentina como “mercado emergente” por parte de Morgan Stanley Capital International (MSCI): el miércoles el Merval (donde se negocian las acciones de las principales empresas) tuvo una caída histórica. Luego de un rebote el jueves, el viernes las acciones se volvieron a hundir.

Como para cerrar un viernes a todo ritmo, el riesgo país (diferencial de tasa de interés que tiene que pagar Argentina para endeudarse en relación a lo que paga Estados Unidos), alcanzó un valor récord para los últimos años, incluso superior que el registrado en los últimos meses de Cristina Fernández en el Gobierno. La salida de capitales de los "emergentes" por flight to quality (vuelo a la calidad) hacia la potencia del norte es una de las causas.

Ruleta rusa

La estampida del dólar impregnada por los comportamientos especulativos de los buitres de la city porteña impone una vorágine que distrae de los problemas de fondo.

El rojo externo de la economía alcanza un nivel que es récord histórico: los dólares que salen por importaciones, viajes de turistas argentinos en el extranjero, remisión de ganancias de las empresas imperialistas que actúan en el país, fuga de capitales, pago de intereses y capital de la deuda externa adquieren un volumen muy superior a los que obtiene el país por exportaciones, ingreso de turistas extranjeros o de inversiones.

En la historia de este capitalismo con rasgos semi coloniales que es Argentina, ese desequilibrio de dólares (o la restricción externa: escasez de dólares para sostener el crecimiento) se soluciona con una brutal devaluación que contraiga la actividad económica: y, por ende, aniquile el poder de compra del salario, reduzca las importaciones, haga más caro el turismo fuera del país, abarate las exportaciones y a nuestro país para el visitante extranjero.

En el contexto mundial actual, con las tendencias al proteccionismo, resulta una tarea más compleja lograr recomponer el equilibrio externo, principalmente en el comercio de bienes.

Nótese que no entra en la ecuación del capitalismo pampeano detener la fuga de capitales con el control de cambios y la nacionalización de la banca o dejar de pagar la deuda externa. Mucho menos atacar las ganancias de las multinacionales. Eso no se toca. Es la condición que hizo explícita el MSCI al elevar a nuestro país como “mercado emergente”: total libertad para el movimiento de capitales. Es decir, para la fuga.

Limitado para aplicar otros instrumentos, el Gobierno estaría estudiando un herético impuesto al turismo en el exterior. Un homenaje al kirchnerismo.

Los dólares que ingresan por el acuerdo con el FMI no alcanzan para cubrir el bache externo. Por el contrario, la Carta de Intención enviada por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, explicita que uno de los objetivos centrales, mediante la flexibilidad cambiaria, es ir “disminuyendo nuestro déficit de cuenta corriente, y reduciendo nuestras necesidades de financiamiento externo”.

La devaluación es consistente con reducir el déficit externo si sus efectos no son devorados por la inflación, que encarece todo lo que es abaratado (desde el punto de vista externo) por la suba del dólar. Es una de las encrucijadas que enfrenta el Gobierno.

La inflación que ya se estima por encima del 30 % anual se está recalentando: las estimaciones de junio indican un nivel superior al 3 % mensual. Los tarifazos de los servicios públicos están entre los principales factores (junto con la devaluación que llevó el dólar desde los $ 17,5 en diciembre hasta los actuales casi $ 30), que empujan el alza de precios.

El nuevo ministro de Energía, Javier Iguacel, está intentando seducir los corazones de YPF, Pan American Energy, Shell, Exxon Mobil, Total, Edesur, Edenor, entre varias otras empresas, para que resignen ganancias con el fin de moderar las subas de precios de la energía. El Merval está respondiendo con el bolsillo con el derrumbe de las acciones energéticas.

El Gobierno necesita manejar el ritmo devaluatorio para que no se descontrole la inflación: en parte para eso recibió los dólares del FMI. Pero la devaluación, que emerge como necesidad de los desequilibrios estructurales, es anticipada por todo el gran empresariado y desata fuerzas que quedan fuera del control del oficialismo.

Es lo que ocurre con los agroexportadores como Cargill, Dreyfus, Bunge, Nidera, AGD, que retacean dólares de las ventas de granos al exterior. Una negociación está en curso con estas grandes empresas que ejercen una suerte de monopolio privado del comercio exterior para que suelten los dólares. Los rumores también indican que el macrismo podría a recurrir a detener la baja progresiva de retenciones a la soja que está en curso.

A la presión habitual que practican estas multinacionales para que suba el dólar con el fin de mejorar sus ingresos y ganancias, ahora se suman factores adicionales: la sequía y la baja de la cotización de la soja que buscan compensar con un tipo de cambio más alto. Otro tanto ocurre con los industriales exportadores, como el sospechoso de siempre y su fórmula mágica a todos los problemas: Cristiano Rattazzi de Fiat que ante cada crisis ve una oportunidad para licuar salarios en dólares.

Las tendencias devaluatorias también son anticipadas por el capital financiero internacional y los grandes bancos, junto a especuladores de todo tamaño, que buscan de desprenderse de activos en pesos, pasarse a dólares y ganar en el río revuelto.

En este tembladeral, las subastas diarias de dólares que hace el Banco Central en nombre del Ministerio de Hacienda atendiendo el juego de la oferta y la demanda resultan insuficientes.

No controlar el ritmo devaluatorio conduce a un camino sinuoso que puede implicar potencialmente una peligrosa perdida de la gestión de la crisis. El macrismo juega a la ruleta rusa.

Avanza la recesión

La desconfianza de los “mercados” se basa en dos premoniciones: que Cambiemos no pueda cumplir con el acuerdo con el FMI y que a Mauricio Macri se le dificulte aún más una reelección.

Es por eso que el presidente salió a dar señales este viernes: "El mercado quiere saber si vamos a cumplir, y vamos a cumplir", afirmó Macri. Pero los cartuchos se le van quemando: recurrió con desesperación al FMI, cambió parte del gabinete económico, ofrece un rescate a los especuladores de Lebac y una subasta diaria de dólares para la fuga, y la sangría no se detiene.

Las metas de déficit fiscal (la diferencia entre lo que desembolsa el Estado y lo que recauda) que comprometió el Gobierno con el FMI son sumamente estrictas. Está en curso una difícil negociación con los gobernadores para ver cómo se distribuyen la tarea sucia de recortes hacia el año próximo, que deberá cristalizarse en el presupuesto que se empieza a tratar en septiembre en el Congreso.

El peronismo federal dio a última hora de la semana un apoyo a un presupuesto consensuado. Previsible. Pero aun logrando la alquimia de un acuerdo que deje lo menos enfadado posible a la mayoría, las metas fiscales son de difícil cumplimiento. No porque no haya voluntad de ajuste, sino porque justamente el ajuste agudiza la recesión, achica la recaudación y el déficit no termina de reducirse. Es un círculo vicioso sobre el que puede dar cátedra Fernando de la Rúa o Syriza en Grecia.

Otro tanto ocurre con la carga que significa la propia deuda pública sobre el presupuesto. Con actividad económica en baja e intereses a pagar en alza se produce una tijera que termina ahogando el presupuesto. Un dato que los economistas del establishment buscan no discutir es que el 60 % del déficit financiero público se debe al pago de intereses a los especuladores. Un motivo más para no pagar la deuda.

Esta semana el Indec fue propagador de malas noticias. El Estimador Mensual de la Actividad Económica (un indicador que anticipa el movimiento del Producto Interno Bruto) exhibió en abril una caída de 0,9 % interanual luego de trece meses en terreno positivo. El organismo de estadística, además, informó que en mayo la actividad industrial retrocedió 1,2 % interanual luego de doce meses de crecimiento. Señales de alerta sonaron también en el Ministerio de Trabajo con las estadísticas de empleo.

Hay un dato que no es incorporado en las planillas de los economistas ni de los analistas financieros: este lunes un paro general inmovilizó al país. Más allá de la conducción de la CGT, que pretendió utilizar el paro para descomprimir, la medida expresó el descontento de la clase trabajadora hacia los planes del gobierno de Macri y Christine Lagarde. El camino de la huelga general es el único posible para que la crisis la paguen los que la generaron.







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