Política

CORRUPCIÓN

Coimas: de la “patria contratista” a la “patria arrepentida”

Las fotocopias del chofer siguen dando que hablar. Oyarbide habló, lloró y cantó. Para Abal Medina fueron "aportes voluntarios". Teléfono para Techint y Roggio. ¿Y los bancos? Los nuevos capítulos del Lava Jato a la carta.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Jueves 9 de agosto | 22:00

No está claro cuánto del show mediático representado en Comodoro Py corresponde a la ficción y cuánto a la realidad. Todavía abundan las fotocopias y escasean las pruebas, aunque muchos de los hechos suenan verosímiles, posibles, para millones acostumbrados a la corrupción de los grandes partidos y empresarios. Mientras tanto, el circo da funciones todos los días y el gobierno aprovecha para tapar sus fracasos políticos y la economía en picada. Por si se lo perdió, acá un resumen de las últimas escenas.

De los creadores de El Padrino. Para muchos, el actor principal de la semana fue el exjuez federal, Norberto Oyarbide. Conocido de Claudio Bonadio por compartir ambos la “servilleta” de Corach, tuvo una aparición que integró los géneros del drama, el policial negro y el surrealismo. Por un lado, como esperaba el juez, aseguró que “favoreció a los Kirchner” en causas judiciales. Pero juró que no fue por dinero. Tampoco pudo explicar a cambio de qué, pero se entusiasmó con ampliar su declaración en el juzgado…y en el programa de Baby Echecopar. Visiblemente quebrado aseguró “yo quería que Bonadio me venga a buscar a mi casa. Me voy a comer al Paseo de la Recova a tomar un plato de sopa, por si me quieren servir el plato de sopa o dispararme por la espalda". Lo dijo mostrando a la prensa su bastón con una sugestiva calavera en la punta. Tan sugestivo como el apellido de su abogado: Cantore.

La figura del "traidor arrepentido". Hoy se conoció la declaración de Juan Manuel Abal Medina, quien fuera Jefe de Gabinete entre 2011 y 2013. Su nombre figura en los 8 "cuadernos" de Centeno. Abal Medina aseguró que eran aportes para la campaña electoral y que los recolectaba Baratta. Según fuentes judiciales, se esmeró en los detalles: “eran para las campañas electorales de Daniel Scioli , Daniel Filmus y Martín Insaurralde”. Pero en un comunicado intentó explicar los generosos aportes: "siempre entendí que dichos aportes de privados eran voluntarios y de ninguna manera exigidos bajo coerción". Si fuera así, la confesión de que los grandes CEO del país bancaban voluntariamente las listas del FPV es el fin de cualquier relato progresista. ¿No? Para ayudar a su secretario Larraburu, hoy detenido, dijo que este actuó “por instrucciones generales”. Abal Medina está alejado hoy del kirchnerismo. En rigor, es titular de la Coneau (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria). Su última acción parlamentaria fue abstenerse en la votación del saqueo previsional.

Si yo, no estoy / ni arrepentido ni tranquilo ni nada. La jornada de este jueves nos regaló, además, una de artes marciales. O alguna disciplina relacionada. Estuvo a cargo de Juan Carlos Lascurain, empresario metalúrgico que durante el kirchnerismo encarnó el relato de la “renaciente burguesía nacional”. Un poco alterado quizá por el clima que reina en Comodoro Py, primero le gritó a un cronista "¡No me rompan las pelotas, ya saben que no voy a hablar!". Paso siguiente golpeó a camarógrafos que querían registrar la escena. Luego aseguró que tuvo problemas personales y declaró: “negué los cargos”.

La patria “arrepentida”. Se sigue engrosando la lista de empresarios arrepentidos que se acogen a la figura del “arrepentido colaborador”. Después de Calcaterra y Javier Sanchez Caballero (IECSA), Zabaleta (Techint) y Goycoechea (Isolux), se suma Armando Loson, presidente del Grupo Albanesi. Hay quienes dicen que los hombres de la “patria contratista” analizan pasar a llamarse la “patria arrepentida”. Como ya analizamos, la estrategia de defensa de los empresarios corruptos consiste en asegurar que en realidad solo hicieron aportes de campaña al kirchnerismo presionados por funcionarios. Una victimización increíble.

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Tres capos al confesionario. Seguramente siguiendo esa estrategia, se esperan las declaraciones de tres pesos pesados del empresariado “nacional”. Uno de ellos es Carlos Wagner, a quien Bonadio le tomará indagatoria este viernes. Wagner es uno de los líderes históricos de la Cámara de la Construcción, junto a Franco Macri y Aldo Roggio. Por eso a muchos no les sorprendió que el dueño de Metrovías también haya sido citado a declarar. Tampoco les sorprendió a los que recuerdan que está procesado en la megacausa Odebrecht. Lo único que los tranquiliza es que a los capos de la Cámara Argentina de la Construcción solo les preguntarán por las fotocopias de Centeno y los "bolsos" de Baratta, y no por sus mayores negociados con el Estado que los hicieron durante la dictadura. También se espera la declaración de Luis Betnaza, mano derecha de Paolo Rocca en Techint. Tubos que pican cerca, diría un conocedor de la “patria siderúrgica”. La pregunta del millón: ¿la causa volteará solo alfiles o sacrificarán algunos reyes para que sea más creíble?

Sin bancos no hay lavado. Algunos especialistas en el caso aventuran que los tentáculos de la dupla Bonadio-Stornelli podrían incluir a nuevos actores. Pero de otra patria, la financiera. Según Alconada Mon (La Nación), el reconocimiento de pagos en negro podría abrir “una nueva fase en el caso. Porque ya no solo conllevará que los empresarios y ex funcionarios deban rendir cuentas ante la Justicia, sino ante el fisco argentino por lo que en la jerga se denominan "salidas no documentadas" de sus balances”. O sea, evasión agravada. Pero lo más interesante es la otra posibilidad que pone en la mesa. Como en cualquier causa de corrupción, si se quiere llegar hasta el final hay que ordenar auditorías sobre el sistema financiero y su máximo “referente”, el Banco Central. El periodista no descarta que terminen “desfilando por tribunales desde los auditores internos y externos, a gerentes de las sucursales y los oficiales de cumplimiento antilavado de los bancos con los que operó cada empresa”. Podríamos concluir: detrás del gran lavado, siempre está la “patria financiera”.

Sigue el Lava Jato a la carta. El caso reúne, cada día, escenas de ficción y de realidad. Pero como analizaba Fernando Rosso esta semana, “en el caso del kirchnerismo, desde los generosos subsidios de Ricardo Jaime a las concesionarias de trenes, hasta los bolsos de José López, develaron un detestable modus operandi en la gestión de la obra pública. Pero el “lava jato” quirúrgicamente selectivo de Bonadio y Stornelli no pretende acabar con este entramado, sino intervenir en el escenario político para favorecer a una camarilla”. Solo la izquierda tiene las manos limpias de esa corrupción, pero al mismo tiempo denuncia las operaciones de la corporación judicial. El “show mediático” de cada día, si es mirado con atención, promete convertirse en el mejor documental de la podredumbre del régimen.







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