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Conicet: resurge la lucha contra el ajuste

Resurge la lucha de los trabajadores de ciencia y técnica, de la mano de su sector más precarizado, los becarios de doctorado y posdoctorado.

Santiago Benítez

Dr. en Biología. Trabajador del CONICET - Miembro de la Agrupación Docentes e Investigadores de Izquierda.

Viernes 29 de junio | Edición del día

El invierno hizo una pausa este jueves y un día un poco más cálido que lo habitual acompañó la masa de trabajadores que pacíficamente tomaron instalaciones del Polo Científico, en particular el piso 11 donde el directorio del Conicet acostumbra escapar a la realidad. En todo el país se sucedieron tomas de los Centros Científico Tecnológicos (CCTs) y las movilizaciones. En Rosario, Córdoba, Bariloche, Mar del Plata, Necochea, Mendoza, La Plata, Tucumán, Bahía Blanca, Puerto Madryn, Jujuy, entre otros puntos del país.

Sólo en Córdoba, unas 400 personas se movilizaron por el centro de la ciudad y realizaron una asamblea, para luego dirigirse al CCT local. Durante la toma del CCT se realizó también un pañuelazo, honrando la unidad con la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito.

Considerados por los dueños de la ciencia como poco más que un insumo, los becarios fueron los protagonistas de la jornada. Los motivos, para uno de los sectores más precarizados, fue el intento de los funcionarios de la ciencia argentina de llevar la mezquindad hasta el extremo: en la miserable paritaria estatal firmada por UPCN y el estado empleador (15% de aumento en tres cuotas, muy por debajo de la inflación), los becarios de Conicet no figuraban. Considerando que tampoco se les otorgó la (también miserable) cláusula gatillo de la paritaria 2017, estaban frente al congelamiento del estipendio por dos años.

Vale aclarar, la mezquindad es la norma en el trato hacia este colectivo de trabajadores. Los sucesivos gobiernos se han encargado de negarles todo tipo de derechos laborales como aportes patronales para una jubilación digna, llamando “estipendio” a lo que sencillamente es un sueldo en negro y desconociendo cualquier tipo de relación de dependencia.

La misma terminología es engañosa. Una beca podría pensarse como una ayuda económica para que un estudiante pueda terminar sus estudios en tiempo y forma. Pero aplicar el rótulo de estudiante a un becario de Conicet es ver solamente la mitad del problema. Para clarificar, la falsa dicotomía de si un becario de Conicet es un trabajador o un estudiante tiene una solución simple: son ambas cosas, como también lo es un investigador. ¿Por qué motivo tienen dedicación exclusiva (sólo pueden dedicar unas pocas horas semanales extra a la docencia), cumplen un horario, asisten todos los días a sus lugares de trabajo? Podríamos agregar que muchas veces lo hacen en condiciones insalubres, o sujetos al maltrato laboral que ni siquiera recibe ese nombre.

Esta fue la excusa que sacudió este jueves a un sector comúnmente asociado al infame ideal meritocrático, donde al final del día sólo cuenta la productividad en número de publicaciones internacionales. Mucho tiene que ver la experiencia del sector durante los dos últimos años: el ser evaluado en forma positiva en múltiples instancias no asegura la continuidad laboral, como bien lo indica la lucha de los más de 500 trabajadores expulsados de Conicet a pesar de haber sido doblemente aprobados para su ingreso.

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Poner la ciencia al servicio de las grandes corporaciones fue la idea rectora del desembarco de Lino Barañao en el ministerio bajo el gobierno de Cristina Fernández, como él mismo se ha encargado de aclarar en múltiples ocasiones. Estos años de macrismo han visto sumarse un “al menor costo posible” a este plan, como lo indica el frío análisis de los números de Conicet. Una reducción drástica en los ingresos a la carrera de investigador se acompaña de una reducción mucho más módica en el número de becas doctorales y posdoctorales. La “becarización” de la fuerza de trabajo científica significa para el estado una excelente ocasión de reducir sus costos. El nuevo saqueo que se pretende imponer a partir del acuerdo con el FMI encuentra, además, un blanco fácil para el ajuste en el conjunto de los trabajadores estatales.

Este jueves la movilización logró el compromiso de incorporar al 50% de los trabajadores de Conicet a la paritaria nacional de estatales. Como señal del grado de desconfianza que los funcionarios inspiran, las tomas continuaron hasta que este compromiso fue anunciado de forma pública en la misma página de Conicet. La intención de voltear el vergonzoso techo salarial acordado por las burocracias sindicales permanece latente.

Pero no puede ser el justo aumento salarial el único horizonte. La conquista de los plenos derechos laborales está inexorablemente unida a las luchas de todos los trabajadores y es sólo un comienzo. La reivindicación de la capacidad de los trabajadores de decidir sus propios destinos se traduce en el sistema científico en la discusión de su orientación, de plantear una política científica alternativa al modelo actual. Una nueva perspectiva que realmente ponga la ciencia al servicio del pueblo trabajador.







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