DOSSIER: EL CORDOBAZO

Cordobazo: cuando obreros y estudiantes hicieron historia

El 29 de mayo de 1969, la clase obrera, los estudiantes y el pueblo pobre de Córdoba llevaron a cabo una semi-insurrección obrera y popular que hirió de muerte a la dictadura de Juan Carlos Onganía y puso en vilo a la sociedad burguesa. Ese día, en que la clase obrera se alzó como caudillo del pueblo oprimido, se abrió un proceso revolucionario que solo podrá ser cerrado con el golpe genocida de 1976.

Sábado 30 de mayo de 2015 | Edición del día

Liberales y oscurantistas

Onganía ponía fin al gobierno del radical Arturo Illia el 28 de junio de 1966 e iniciaba la llamada Revolución Argentina. El golpe contó con el apoyo del establishment, la adhesión entusiasta de la CGT encabezada por el peronista Augusto Timoteo Vandor (quien asistió a la asunción de Onganía luciendo por primera vez una corbata) y hasta con el silencio cómplice de Perón, que desde el exilio, ordenaba “desensillar hasta que aclare”.

El nuevo gobierno fue una alianza entre el nacionalismo integrista y el liberalismo económico que hicieron de esta dictadura una mezcla insoportable de represión social, oscurantismo intelectual y cultural y un plan de ajuste al servicio del gran capital. Su Ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena llevó a cabo un plan económico que devaluó la moneda un 40%, congeló salarios por dos años, suspendió los convenios colectivos de trabajo, y dio lugar a una Ley de Hidrocarburos, que permitía a las empresas privadas participar de la explotación petrolera y una ley de alquileres a favor de la especulación inmobiliaria.

La unidad obrera-estudiantil

El Cordobazo fue precedido por una serie de movilizaciones estudiantiles y obreras cuyos puntos más altos son las manifestaciones de los estudiantes en Corrientes donde cae asesinado Juan José Cabral, y en Rosario los jóvenes Bello y Blanco lo que provoca el levantamiento obrero conocido como el primer Rosariazo.

El 29 de Mayo la ciudad amanece con un paro general convocado por la CGT, que en Córdoba se lleva a cabo por 36 horas y mediante una movilización hacia el centro de la ciudad. La eliminación del sábado inglés incentiva la oposición obrera. La movilización estuvo claramente encabezada por las columnas de los sindicatos (SMATA, Luz y Fuerza, UOM, UTA) que avanzan hacia el centro de la ciudad. Se movilizan de 3.000 a 4.000 obreros de IKA a la que se suman 1.000 metalúrgicos. También marchan los obreros de combativas fábricas como Perdriel, ILASA, y Perkins, así como de IME y la Fiat (aunque no organizados) también participaron. En el caso de Luz y Fuerza la columna había reunido a 1.000 trabajadores mientras que los empleados públicos, bancarios, judiciales, municipales y de comercio también fueron de la partida.

Junto a los obreros industriales, la otra fuerza social movilizada en importancia es la de los estudiantes universitarios que resisten en el Barrio Clínicas. La unidad obrera estudiantil fue una de las claves de la jornada y un signo de la época.

Lucha de calles

La dictadura intentó frenar el avance de las columnas y la represión provocó la muerte del joven obrero Máximo Mena que integraba la columna de la planta Santa Isabel de la firma IKA. La noticia corrió como reguero de pólvora y la ciudad fue ocupada por los obreros y estudiantes que derrotaron a la policía y ocuparon 150 manzanas alrededor del centro, que en una verdadera escena de batallas callejeras y guerra de guerrillas urbana se cubrieron de barricadas, comenzando a coordinarse entre sí para frenar la represión.

Para retomar el control, la dictadura debió apelar al Ejército que por la noche del 29 y la madrugada del 30 se enfrentó a nidos de francotiradores que cubrían el repliegue de los manifestantes.

El gral. Elidoro Sánchez Lahoz, del III Cuerpo del Ejército, uno de los encargados de la represión del levantamiento, dejó una imagen patente de la situación de enfrentamiento: “Me pareció ser el jefe de un ejército británico durante las invasiones inglesas. La gente tiraba de todo desde sus balcones y azoteas”.

Acción histórica independiente de las masas

El Cordobazo fue lo que los marxistas denominamos una acción histórica independiente de las masas. La clase obrera acaudilló a los estudiantes y el pueblo pobre, transformando el paro general en una huelga general, política que exigía el fin de la dictadura y, yendo más allá de la voluntad de los dirigentes sindicales, se transforma en una semi-insurrección.

El movimiento ocupó la ciudad y derrotó a las fuerzas policiales pero fue insuficiente para frenar al Ejército que obliga a la retirada hacia los barrios. Los obreros y estudiantes carecieron de armamento popular y de organizaciones capaces de plasmar la unidad combatiente en las calles. No contaron a su frente con un partido revolucionario de clase que fijara el objetivo de derrotar al Ejército y la dictadura.

El Cordobazo fue un golpe para Perón y la burocracia sindical vandorista que desmovilizaban a los trabajadores para negociar con el régimen proscriptivo. Marcó un salto en la conciencia de vastos sectores obreros y juveniles que indicaba el surgimiento de una vanguardia militante que se planteaba la superación de la dirección política de los trabajadores argentinos, el peronismo.

La consigna de los manifestantes cordobeses: “Luche, luche, luche, no deje de luchar por un gobierno obrero, obrero y popular” expresaba una declaración de objetivos propia. El Cordobazo abonó el terreno para el surgimiento del clasismo, de Agustín Tosco como figura y explica el auge de las guerrillas de Montoneros y ERP que hasta entonces eran marginales en la política nacional. Estas dos últimas fuerzas trabajaron contra la perspectiva de la insurrección construyendo sus ejércitos particulares que llevaban a cabo una guerra de aparatos ajena a las masas contra el Estado burgués. En el caso de Montoneros se suma su subordinación a Perón y la política de desviar el proceso mediante la conciliación de clase. Tosco por su parte se negó a luchar contra la política de desvío del peronismo y opuso al clasismo el sindicalismo de liberación que predicaba un frente común con una supuesta burguesía antiimperialista.

El Cordobazo abrió un proceso revolucionario cuyo principal protagonista fue la clase obrera y que obligó a los militares y la burguesía poner fin a la proscripción del peronismo para desviar ese ascenso (reflotando su discurso de armonía entre las clases) y debiendo apelar a las bandas de las Tres A y el terrorismo de Estado para aniquilar a una generación que se planteó la lucha contra el imperialismo y el capitalismo.








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