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Cristina Fernández: un "peronismo que incomoda" al servicio de los empresarios

Cristina Fernández de Kirchner sostuvo que "el peronismo incomodaba al poder". Fue en un reportaje con a Elizabeth Vernaci y el periodista Alejandro Bercovich, quien manifestó que votaría por Nicolás del Caño porque la izquierda enfrentaba al poder acompañando las movilizaciones sociales.

Jueves 12 de octubre | Edición del día

La afirmación de CFK no estuvo exenta de la invectiva semimacartista contra el periodista al que tildó de "trosko" y le pidió que no la chicaneara al recordarle que los diputados del PTS y el Frente de Izquierda, Nicolás Del Caño y Christian Castillo, estaban a la cabeza de las movilizaciones obreras reprimidas por Sergio Berni, gendarmes caranchos incluidos, en Panamericana durante su gobierno en el 2014. La ex presidenta decidió cerrar el debate afirmando que sólo el peronismo mueve el amperímetro.

La levantan en pala o con cuchara sopera

Durante su gestión, el kirchnerismo se vanaglorió de que los empresarios la "levantaban en pala". Como contrapartida en esa época, los empresarios halagaban a la ex presidenta. "Los Kirchner han hecho mucho por sacar al país adelante, pensando en los que menos tienen. ¿Se cometieron errores? Seguro que sí, los únicos que no se equivocan son los que no hacen nada" sostenía Franco Macri en el 2014. "En este Gobierno se ha vuelto a potenciar la industria. Creo que el país ha mejorado en todo sentido. Estamos de todas maneras en un mundo muy turbulento y no podemos hacer milagros tampoco", remataba el padre del presidente cuyo grupo económico se consolidó durante el genocidio como parte de la llamada "patria contratista".

Un punto central que caracterizo al modelo kirchnerista fueron las ganancias extraordinarias de los capitalistas. En el 2011, el ahora ministro de Cambiemos, Oscar Aguad, elogiaba a CFK por su discurso de asunción: "Por primera vez la Presidenta reconoce debilidades de su gestión: la falta de productividad y de competitividad del país". Eran los tiempos del famoso 54% y en su alocución re-inaugural, la expresidenta habló de “sintonía fina” y afirmó con vehemencia que en la Argentina "hay derecho de huelga, no de chantaje ni de extorsión"; se quejó por los conflictos de los petroleros y los docentes e incluso llamó a “evaluar” a estos últimos. "Banqueros y empresarios nunca ganaron tanta plata como con este gobierno" les recordaba la ahora candidata de Unidad Ciudadana a los empresarios en el 2012. El desendeudamiento "se ha hecho pagando rigurosamente sin pedir al mercado de capitales, con recursos de los argentinos" remataba.

Gran parte del poder en pleno se sintió muy cómodo con el rumbo anunciado. Lo que vino después es historia conocida, el encumbramiento de figuras amables al establishment que fueron desde Martín Insaurralde a Daniel Scioli. En el medio estuvo la devaluación del 2014 exigida a gritos por “el poder” y cedida amablemente por Axel Kicillof, y el camino allanado a un nuevo endeudamiento quien pagaba sin chistar siquiera al Club de París una deuda de 9.700 millones de dólares. Las represiones de Lear y Gestamp encabezadas por el Ministro Sergio Berni, en defensa de los intereses de las multinacionales norteamericanas, eran parte del combo de medidas con que el kirchnerismo apostaba a mantener el apoyo de la burguesía.

El kirchnerismo lejos de incomodar al poder económico fue su gran servidor, el problema es que no pudo aplicar el programa prometido a los capitalistas. "Si antes se la llevaban en pala, ahora a lo mejor la tienen que recoger con una cuchara sopera. No pido generosidad ni sentimientos, estamos hablando de economía y de intereses" se quejaba amargamente en el 2015 Cristina Fernández de Kirchner, en una frase, que en otro contexto y situación, hacia recordar el famoso "les hable con el corazón y me respondieron con el bolsillo" del ministro alfonsinista Juan Carlos Pugliese. Es precisamente por esto, porque de la pala se les pedía que se conformaran con la cuchara sopera, que el establishment le quito su apoyo al kirchnerismo e impulsaron a uno de los suyos como Mauricio Macri Blanco Villegas.

Una cuestión de modales

Las quejas de Cambiemos y el empresariado son contra el "populismo", que constituye el enemigo imaginario de la nueva derecha argentina y el nuevo sentido común de los capitalistas. Demás está decir que cuando el intervencionismo estatal les sirvió para cobrar jugosos subsidios que eran religiosamente fugados al exterior, el populismo no era un problema, pero cuando la rentabilidad se vio amenazada, el "populismo" se transformó en el gran monstruo a derrotar.

La función del kirchnerismo, hemos señalado desde LID innumerables veces, fue la de contener al movimiento obrero y desviar un proceso de movilización social que jaqueó a las instituciones del Estado burgués semicolonial, en el 2002. El viento de cola a favor por el precio de las commodities le permitieron al gobierno kirchmerista contar con los recursos para contener las demandas de los sectores más postergados e integrar a sus filas a los dirigentes de los movimientos populares y organizaciones sociales y de derechos humanos. El Estado se convirtió así en una gran fuente de negocios que permitió no solo garantizar tasas extraordinarias de rentabilidad a los capitalistas sino también, corrupción mediante, la riqueza indisimulada de los funcionarios kirchneristas. Lòpez, Jaime y De Vido, por el cual ahora CFK se desentiende, son solo un botón de muestra.

La incomodidad de la burguesía es por una cuestión de estilo. En los orígenes del peronismo la oligarquía y la burguesía rechazaban al peronismo no por su política frente a ellos, sino sobre todo por sus modales. La incorporación de la clase trabajadora a la vida política del Estado burgués, trajo consigo la impronta plebeya que era ensalzada desde el palco por Evita, para espanto de la élite burguesa. La incorporación de los movimientos sociales y de derechos humanos al Estado burgués semicolonial durante el kirchnerismo fue acompañada por la exaltación de un relato que agotada su utilidad, crispaba la sensibilidad de los grandes empresarios en general cómplices de los crímenes de la dictadura que el discurso oficial reprendía duramente. Hartazgo que se trasladaba al estilo patotero de ciertos funcionarios y a la cadena nacional permanente con la expresidenta repartiendo retos a diestra y siniestra.

Mover el amperímetro

Desde el punto de vista estructural, el peronismo no movió el amperímetro en el sentido de las grandes transformaciones sociales y la conquista de la independencia nacional, que era su objetivo supuesto, la Argentina de Perón mantuvo intacta la estructura de clases, la propiedad privada capitalista y la sumisión semicolonial, sino que le abrió las puertas a la reacción clerical, patronal e imperialista que terminó de voltearlo el 16 de septiembre de 1955, cuando Juan Domingo Perón capituló frente al golpe huyendo en una cañonera paraguaya.

En los setenta el peronismo en el poder no movió el amperímetro para hacer reales las demandas de cambios radicales que se planteaban desde el Cordobazo de 1969, sino que fue quien puso en pie las bandas armadas de la ultraderecha, la Triple A, para disciplinar a la clase trabajadora y mantener incolumne el orden burgués en la Argentina. En los ’90, el peronismo movió el amperímetro en el sentido de lo que dejo pendiente la dictadura genocida, la liquidación a precio vil de las empresas públicas, el endeudamiento interminable y la destrucción de las conquistas de los trabajadores.

El kirchnerismo, fiel a la historia del movimiento que le dio origen, mantuvo intacto en lo esencial el status quo del poder económico de la dictadura y los ’90, rescato al justicialismo como fuerza política de contención de la clase trabajadora y los pobres y abrió las puertas a la victoria del macrismo con todas las medidas que anticiparon el ajuste exigido por los capitalistas y la puesta a punto de las fuerzas de represión necesaria para pasar su política. En este sentido, la Gendarmería que desapareció a Santiago Maldonado tuvo su antecedente en la Gendarmería de los caranchos de Berni. Pero además, el Frente para la Victoria fue fundamental para que el macrismo moviera el amperímetro a su favor, votándole todas y cada una de las leyes fundamentales con las que Cambiemos atacó a la clase trabajadora y el pueblo pobre. En la era Macri, el conflicto obrero más “incómodo” para todo el poder lo protagonizaron los trabajadores y las trabajadoras de PepsiCo, y allí estuvieron Nicolás del Caño y Myriam Bregman junto a otros legisladores de izquierda poniendo el cuerpo, mientras el grueso de los legisladores que llegaron por el kirchnerismo estaban cómodamente votándole las leyes a Cambiemos.

Quienes apoyaron o apoyan al kirchnerismo deberían repasar esta historia para diferenciar quienes incomodan y quienes se acomodan al poder, pero sobre todo quienes lo enfrentan en el parlamento y en la calle.






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