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Dos realidades en la clase obrera argentina

Mientras los trabajadores de Molinos Cañuelas imponían a la empresa retrotraer 24 despidos, los nuevos jerarcas de la CGT sellaban la tregua con el Gobierno nacional. Postales de un país conflictivo.

Domingo 4 de septiembre de 2016 | 02:22

Poco después del mediodía, y mientras una masiva movilización se preparaba para ingresar a Plaza de Mayo, el Ministerio de Trabajo se preparaba para recibir a los máximos dirigentes de la nueva y reunificada CGT.

Como si el lunes 22 de agosto no hubiera ocurrido nunca, otra parte de los referentes de la nueva conducción cegetista ocupaban las cercanías de la Plaza de Mayo. Los hermanos Pablo y Facundo Moyano, ambos miembros del nuevo Consejo Directivo de la central, estaban allí denunciando al Gobierno y su política. “Deben haber hablado de fútbol” dijo el dirigente camionero, como dando a entender que nada bueno podía salir de ese cónclave. Así, a pesar de la tan cacareada unificación, cada dirigente jugaba su juego.

Sin embargo, en la Marcha Federal o en la Casa Rosada, todos tienen el mismo cometido estratégico: garantizar que no haya medidas de lucha serias por parte de la clase trabajadora en pos de enfrentar el ajuste.

Un diálogo que no es tal

Resulta difícil encontrar una fotografía de Héctor Daer, Juan Carlos Schmid o Carlos Acuña sonriendo mientras se reunían con los ministros Jorge Triaca (Trabajo), Francisco Cabrera (Producción), Jorge Lemus (Salud), entre otros funcionarios nacionales.

Quien sí sonreía y mucho era el ministro que viene insistiendo en que no hay razones para reabrir las paritarias. Triaca, luego de la reunión, salió a relatar que “fue un encuentro donde se discutió con mucha madurez, conformamos grupos de trabajo para algunos temas específicos”.

La “madurez” de los dirigentes consistió en confirmar que la tregua continua, que no pondrán palos en la rueda con respecto al camino que viene tomando el Gobierno en cuanto a políticas de ajuste y que, en ese marco, no habrá reapertura de paritarias.

Los días previos habían servido para la pirotecnia verbal. “Hay que rever las políticas que están llevando a cabo las autoridades porque nosotros creemos que fueron retrocesos para la sociedad en la calidad y en la gestación del empleo” afirmaría un apesadumbrado Héctor Daer, como para que algún medio difundiera que “había críticas” desde la CGT hacia el Gobierno.

Los flamantes integrantes del triunvirato cegetista habían hecho alguna que otra declaración exaltada pero nada podia prever que la sangre pudiera llegar al río. En realidad nadie esperaba siquiera que hubiera sangre.

No todo es tregua y traición

El jueves por la tarde se veía la otra cara de la realidad de la clase obrera argentina. Los trabajadores de Molinos Cañuelas, en la provincia de Buenos Aires, le imponían a la empresa la reincorporación de 24 trabajadores despedidos de los cuales 18 eran tercerizados.

Estos trabajadores comenzaron con medidas de fuerza votadas en asamblea por el turno noche y el turno mañana, con paro y bloqueo de portones por su reincorporación. Tras las primeras horas de las medidas tomadas, la patronal tuvo que retroceder y aceptar las reincorporaciones y abrir una mesa de negociación por el resto de las demandas. La lucha despertó la solidaridad de los molineros de varios puntos del país, que hoy saludan el triunfo conquistado.

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No se trata del único triunfo impuesto por la lucha de los trabajadores en la última semana. En Córdoba, los jóvenes metalúrgicos de la empresa WEG, después de tres días de paro y bloqueo de portones, lograron imponerle a la patronal la reincorporación de un trabajador que había sido injustamente despedido, por hablar por teléfono con su esposa embarazada.

“A pesar de que la gerencia apretó e intentó meter miedo, el apoyo hacia el compañero fue con mucha unidad y se logró que sea reincorporado. Esto es bueno porque en otros años nos ha faltado eso y por ello la lucha no fue equilibrada. Ahora todos le pusimos el cuerpo, hombro a hombro” dijo uno de los trabajadores al cronista de La Izquierda Diario, lo que evidencia el estado de ánimo propenso a luchar de manera unificada.

En Salta, los trabajadores del Ingenio El Tabacal, después de más de dos meses de lucha, lograron imponer un aumento salarial que es uno de los mejores acuerdos a nivel nacional, un 41,4 %. Recordemos que una de las manifestaciones de esos trabajadores fue reprimida con balas de plomo por la Policía del peronista-macrista Juan Manuel Urtubey.

Los ejemplos que se reseñan no hacen más que poner de manifiesto el abismo que divide a estos sectores de trabajadores combativos en relación a las cúpulas sindicales y la tregua sostenida con el Gobierno. Al mismo tiempo, dejan a la luz nuevamente la necesidad de seguir avanzando en barrer a esa burocracia de los sindicatos. Dos realidades de la clase obrera argentina.







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