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CRISIS ECOLÓGICA

El Gobierno declara la emergencia climática: la hipocrecía se viste de verde

El Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado este martes la “declaración de emergencia climática”. Una “declaración de intenciones” que no va más allá del gesto.

Martes 21 de enero | 18:01

Protesta juvenil del movimiento Fridays for Future en Barcelona el 15 de marzo de 2019. Foto de archivo

Este martes hemos conocido más medidas del nuevo Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos, concretamente las referidas a la cuestión climática y a la subida del 2% del salario del funcionariado.

La “declaración de la emergencia climática” ha sido la medida más llamativa y que más eco ha tenido en los medios y redes sociales. El Congreso de los Diputados ya había aprobado en septiembre del pasado año instar al Gobierno a que declarara la emergencia climática. Sólo los 24 diputados de Vox votaron en contra en aquel entonces.

La declaración es un gesto simbólico, ya que el Estado español no tiene una figura jurídica al respecto, aunque es una demanda de la comunidad científica y los movimientos sociales por el clima para que se reconozca la importancia del cambio climático. De esta manera, el Gobierno se ha comprometido a elaborar un plan de acción que, en los próximos 100 días, debe materializarse en una ley de cambio climático para las Cortes que tenga por objetivo llegar a cero emisiones netas de CO2 en 2050. Las líneas anunciadas se han fijado como objetivos la electricidad 100% renovable, coches que no emitan gases de efecto invernadero, agricultura neutra y un sistema fiscal que lleve a la descarbonización.

La medida no va más allá de lo que ya han estado hecho otras instituciones como el Ayuntamiento de Barcelona, que declaró la “emergencia climática” este enero, o el pleno del Ayuntamiento de Madrid que lo aprobó en septiembre. En noviembre, lo hizo incluso el Parlamento Europeo.

Salvo los sectores negacionistas del cambio climático, como Vox en el caso del Estado español, los gobiernos y partidos liberales y conservadores en Europa están adoptando estos gestos de “preocupación” y tomando “medidas” equiparables a las anunciadas por el Gobierno de Pedro Sánchez.

Sin embargo, continúa pendiente en qué términos se va a traducir esta “transición ecológica”, ya que son muchos los gobiernos que anuncian inversiones de dinero público, pero sigue sin aclararse de dónde van a obtenerse los recursos.

El texto aprobado por el Gobierno de Pedro Sánchez cifra en más de 200.000 millones de euros la cantidad de dinero que habrá que movilizar para las inversiones necesarias en la década 2020-2030. ¿De dónde saldrá ese dinero? No se sabe.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha hablado en términos de una “fiscalidad verde”. Sin embargo, tras más de una década de ajustes y recortes sociales, el nuevo Gobierno parece que va a seguir cargando las consecuencias de la crisis económica y climática sobre las espaldas de las trabajadoras y trabajadores, mientras se mantienen las ganancias capitalistas. La tímida reforma fiscal anunciada hace unos días da muestras claras de esta tendencia.

La perspectiva de una transición hacia un “capitalismo verde” como el que avala el nuevo Gobierno “progresista”, no pasa más que por poner el acento en cuestiones como el consumo, la industria y el transporte privado, tratando de ajustar las emisiones de gases contaminantes, pero aún en forma timorata -porque la industria de las energías limpias y renovables aún no termina de ser redituable para el capitalismo- y obviamente sin cuestionar ni un ápice los fundamentos estructurales del propio sistema capitalista.

Las corporaciones y los Gobiernos que nos condujeron a esta crisis no están dispuestos a afectar las ganancias capitalistas y que querrán que seamos nuevamente las mayorías sociales y las futuras generaciones las que paguemos los costos de la crisis. En este sentido, más allá del discurso, la entrada al Gobierno de Unidas Podemos no ha supuesto ruptura alguna con las políticas social-liberales que ha implementado el PSOE en el último tiempo en ningún terreno, incluido el de la “transición ecológica”.

En el marco de una crisis sin precedentes del capitalismo y tras la enorme movilización juvenil con las huelgas climáticas globales en 2019, no es de extrañar que el sistema busque seguir generando mayores tasas de ganancias disfrazando de “sustentables” a corporaciones y Gobiernos que llevaron a la crisis climática y ecológica. Sin ir más lejos, hasta los CEO de las grandes corporaciones capitalistas que participan en estos días en el Foro de Davos, responsables de los mayores niveles de contaminación del mundo, quieren pintar de “verde” su agenda. Tras una década, por vez primera las amenazas al medioambiente dominan los cinco principales riesgos a largo plazo. Así, el sistema busca seguir generando mayores tasas de ganancia disfrazando de “sustentables” a corporaciones y gobiernos.

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Los “gestos verdes” de los gobiernos capitalistas encuentran límites muy claros, que lejos de solucionar los problemas, van a agudizar los problemas y contradicciones sociales. Poniendo la etiqueta de “sustentable” para encubrir su misma política de ajuste de siempre, el capitalismo generará inevitablemente un aumento de la lucha de clases. Así lo hemos visto en Francia con la rebelión de los Chalecos Amarillos, donde el gobierno justificó el aumento del combustible como forma de “cuidar” el medioambiente, ya que al elevar el costo de la gasolina la gente cuidaría más y derrocharía menos.

Ante la enorme dimensión de la catástrofe climática que nos amenaza sigue sin plantearse una alternativa a la altura. Ninguna solución vendrá de la mano de declaraciones vacías como la “emergencia climática” ni agendas a futuro que no implican ninguna medida contra los intereses materiales que destruyen el ambiente: las grandes empresas y corporaciones capitalistas.

Para luchar por un nuevo modelo de desarrollo ecológico es necesario también enfrentar el modo de producción capitalista y no solo modificar su forma de desarrollo actual. Si el capitalismo destruye el ambiente, destruyamos el capitalismo.

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