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Estados Unidos: la interna del Partido Demócrata y la victoria de Ocasio-Cortez

La victoria de Ocasio en las primarias demócratas es una señal de una creciente apertura al socialismo entre los votantes de Estados Unidos. La izquierda puede desperdiciar la oportunidad revelada por su victoria si se extraen las lecciones equivocadas.

Juan Cruz Ferre

Editores de Left Voice

Martes 3 de julio | Edición del día

Este articulo fue publicado originalmente en Left Voice, parte de la red internacional de La Izquierda Diario.

Alexandria Ocasio-Cortez asestó una sorprendente derrota al titular del Partido Demócrata, Joseph Crowley, en las elecciones primarias del distrito electoral 14 ° de Nueva York, que abarca parte de los barrios de Bronx y Queens, poblados en gran medida por minorias. Ocasio fue parte de una plataforma abiertamente progresista, como ella misma la describió, que incluía demandas muy importantes para los trabajadores.

El llamado a "abolir el ICE" (servicio de control de inmigración y aduanas) se destacó y se volvió particularmente conmovedor a raíz de un escándalo nacional tras las atroces políticas migratorias de Trump. Su defensa de Medicare-para-Todos (seguro de salud), la vivienda como un derecho humano y una garantía federal de empleo la coloca directamente en la izquierda del espectro político del Partido Demócrata.

Los principales periódicos reflejaron el terremoto político dentro del Partido Demócrata y columnistas del New York Times la llamaron una "estrella política". Aunque también es producto de campañas inteligentes y la debilidad de su oponente, su victoria muestra que quienes se identifican como socialistas pueden ganar elecciones, que los candidatos de base son financiados por donantes individuales y no por los grandes capitalistas, y que pueden molestar a los políticos del establishment con demandas de la clase trabajadora.

Dame tu voto

Necesitamos luchar por esas demandas, y los socialistas deben organizarse en sus lugares de trabajo y movilizarse en las calles por objetivos específicos como la abolición de ICE (y los derechos plenos para todos los inmigrantes independientemente de su estatus legal), cancelación de deuda universitaria y gratuidad, o Medicare para todos (aunque lo que realmente necesitamos es atención médica universal gratuita). Deberíamos organizarnos y luchar por estas demandas, incluso si es un demócrata quien los defiende en el Congreso. Ganar estas batallas colocaría a la clase trabajadora en mejores condiciones para avanzar en organización, fortaleza y conciencia política.

Sin embargo, los fines no pueden estar separados de sus medios. La victoria de Ocasio en las primarias demócratas y su camino abierto hacia la Cámara de Representantes, fomenta la expectativa de que estas reformas puedan lograrse votando a progresistas para el Congreso. Su improvisado discurso de victoria, genuino y alentador, permaneció completamente dentro del marco de elegir buenas personas para el Congreso y usar estructuras institucionales para canalizar nuestra política.

En cambio, la tarea principal es realizar una convocatoria para estos objetivos, crear una red de activistas y organizadores que puedan movilizar cientos de miles por el Medicare y por el derecho a la vivienda. Podemos lograr que entren a la Cámara algunas decenas de progresistas, pero los 435 representantes restantes rechazarán cualquier iniciativa de ese tipo a menos que haya suficiente movilización popular que represente una amenaza para el gobierno.

El cambio político real requiere movilizaciones masivas. La historia está llena de ejemplos que prueban esto. La ola de huelgas de brazos caídos en la década de 1930 para aprobar la Ley Wagner y la Ley de Seguridad Social, o el levantamiento Black Power (Poder Negro) en la década de 1960 para finalmente terminar con la ley de Jim Crow (leyes creadas por los blancos para reforzar la segregación contra los afroamericanos, combinaba un sistema de leyes anti-negros y prácticas culturales basadas en prejuicios raciales). Por el contrario, el bajo nivel de movilización y agitación en los lugares de trabajo en las últimas cuatro décadas (cuyas causas están más allá del alcance de este artículo) permitió el retroceso en los derechos de la clase trabajadora, el estancamiento de los salarios y la mercantilización de los servicios públicos que caracterizaron la era neoliberal.

La reciente ola de huelgas de docentes puede ser el presagio de un cambio muy necesario en este terreno. Pero incluso cuando la lucha de clases va en aumento, el enfoque equivocado puede conducir a resultados desastrosos.

El ejemplo de Syriza en Grecia es ilustrativo en este sentido. El apoyo a Syriza se disparó entre 2012 y 2014. Aprovechando una ola de protestas populares, ocupaciones y algunas huelgas generales, la coalición ’de izquierda radical’ asumió el cargo en 2015 con la promesa de poner fin a las políticas de austeridad impuestas por la UE. Una vez en el gobierno, los líderes nacionales de Syriza dieron la espalda a quienes los apoyaban y firmaron acuerdos con la "Troika" (después de que un referéndum los rechazara por abrumadora mayoría), lo que dio lugar a medidas de austeridad aún más flagrantes que las impuestas anteriormente.

La experiencia con Syriza es tan poderosa porque muestra que ni siquiera lograr una pluralidad en el parlamento (algo sobre lo que sueñan los demócratas progresistas y los socialistas democráticos) puede asegurar por sí misma, reformas significativas si no es un reflejo de un movimiento de masas fuera del Congreso. Además, al canalizar el movimiento de masas hacia una estrategia parlamentaria, mostró el fracaso final del reformismo y la necesidad de una política de ruptura con el estado capitalista.

Una renovacion del Partido Demócrata

Más importante aún, los socialistas deberían evaluar la victoria de Ocasio no solo por la capacidad de ganar reformas, sino desde la perspectiva de nuestro objetivo a largo plazo: la lucha por el socialismo. Porque lo que ganamos hoy puede perderse fácilmente mañana, cuando la composición del Congreso cambie de nuevo a una mayoría conservadora o retroceda el nivel de la lucha de clases. Cuando baje la conflictividad laboral, los conservadores estarán listos y ansiosos por recuperar lo que perdieron (El caso “Janus”, donde la corte suprema le impide a los sindicatos del sector público representar a los no afiliados, la reforma impositiva, entre otras políticas lo ilustran claramente).

Muchos de nosotros en la extrema izquierda insistimos en la necesidad de mantener la independencia de la clase trabajadora. El DSA (Democratic Socialist of America, la organización socialista más grande de los EE. UU.) no ha expresado hasta ahora una posición oficial en este sentido, pero de hecho ha respaldado una lista cada vez mayor de candidatos que se postulan para la elección del Partido Demócrata. Sin embargo, una sección de quienes están afiliados al DSA se siente incómoda con esta orientación y está a favor de una delimitación política más clara respecto al Partido Demócrata. Es bien sabido que Alexandría Ocasio-Cortez es miembro de DSA, y contó no solo con el respaldo, sino también con el apoyo activo de su organización, que dedicó innumerables horas realizar llamadas telefónicas y puerta a puerta por su campaña.

Aunque algunos miembros de DSA tienen altas expectativas en el Partido Demócrata, parece que la mayoría solo concibe estas carreras electorales como una forma de "usar" la estructura electoral del Partido Demócrata para promover las ideas socialistas (y políticas progresistas) y para maniobrar un ya de por si el amañado sistema electoral hasta el momento en que el DSA crezca y sea lo suficientemente fuerte como para participar con sus propios candidatos. La pregunta es si el DSA está usando al Partido Demócrata o viceversa. En otras palabras, ¿se está beneficiando el DSA de la apertura (quizás ingenua) del Partido Demócrata a los activistas / candidatos de izquierda, o es el DSA el que le da una apariencia de izquierda al partido democrático y, de hecho, cataliza su renovación?

No resuciten al Partido Demócrata

Alexandria Ocasio-Cortez es sin duda parte de un esfuerzo nacional para renovar el Partido Demócrata. Después participar activamente en la campaña de Bernie Sanders, el grupo parlamentario Brand New Congress (parte del partido demócrata) acercó a ella en 2016 y le propuso postularse para un puesto en la Cámara. Leal a este esfuerzo, luego de su victoria electoral, twitteó un llamado para "votar en su primaria" y apoyar a los candidatos en la plataforma Justice Democrats.

Justice Democrats, un Comité de Acción Política que trabaja en asociación con Brand New Congress, fue fundado por ex integrantes de la campaña de Bernie Sanders con el objetivo de reformar el partido, reemplazando a funcionarios electos respaldados por corporaciones y cambiando la agenda política hacia la izquierda. Otros candidatos de alto perfil en esta plataforma son Kaniela Ing de Hawaii y Julia Salazar, candidata al Senado en Nueva York. De hecho, las propuestas para abolir el ICE y establecer Medicare para todos y la universidad gratuita son parte de la plataforma de Justice Democrats, posiciones políticas que son, en sus palabras, "abrumadoramente populares" e integrales a cualquier esfuerzo por salvar al partido: "El futuro del Partido Demócrata es el ala de la Justicia (Justice Democrats), no el ala del establishment".

En el futuro, Ocasio enfrentará una gran presión por parte de los demócratas del establishment para moderar su discurso a fin de que el Partido Demócrata en su conjunto apele a los distritos electorales más conservadores en noviembre. Ya hay voces en los medios de comunicación liberales que advierten sobre el riesgo que el triunfo de Ocasio representa para el Partido Demócrata, que permitirá que el partido sea retratado (por los republicanos) con movimientos demasiado hacia la izquierda, poniendo en peligro sus oportunidades de volver a la casa blanca noviembre.

¿Cómo responderá la nueva candidata a estas presiones? ¿A quién va a rendir cuentas cuando decida qué demandas debe presionar sin compromisos y cuáles presentar por el momento? Parece poco probable que el DSA tenga alguna influencia en estas decisiones ya que su campaña fue planeada en gran medida y dirigida por Justice Democrats y Brand New Congress. Además, el DSA carece de una estructura para supervisar y guiar a los candidatos que respalda y hace campaña. Por lo tanto, las esperanzas para el éxito de Ocasio una vez que sea elegida dependen totalmente de confiar en ella, como individuo, para poder navegar por las presiones extremas inherentes a sostener (y mantener) un lugar en el Congreso de los Estados Unidos.

De forma aún más reveladora, Ocasio ya ha hecho declaraciones que la identifican como un miembro leal del Partido Demócrata. Incluso si el resto del DSA la considera solo como "usuaria" de estructura electoral del Partido Demócrata, ha sido abierta acerca de sus impresiones sobre el partido (o la falta del mismo). En una entrevista para NPR el día después de ganar las primarias, dijo que "espera que el Partido Demócrata tenga un nuevo liderazgo en general", pero se negó a criticar a Nancy Pelosi cuando el entrevistador lo sugirió. Luego, en respuesta a una pregunta sobre el liderazgo del partido, respondió: "Creo que sería inapropiado comprometerse con una persona antes de que hayamos ganado la Cámara en noviembre. Asegurémonos de hacer eso, y luego podemos tener esa conversación”. Hablando como parte del Partido Demócrata y sin estar lista para cuestionar su liderazgo, su retórica es más afín a la de Bernie Sanders y al Brand New Congress que la de un candidato independiente.

La trampa del Partido Demócrata

Hay claros esfuerzos de diferentes organizaciones para renovar el Partido Demócrata. Dado su estado calamitoso, el ala progresista tiene posibilidades concretas de ganar fuerza dentro de la estructura del partido e inclinar su agenda (aunque sea un poco) a la izquierda. Es ampliamente aceptado que las chances de resucitar de sus cenizas se centran en su capacidad de incorporar estos candidatos nuevos, jóvenes y progresistas. El partido está listo para hacerlo, como lo ha hecho tantas veces en el pasado: desde los “oustiders” como el escritor socialista Upton Sinclair en 1934 hasta activistas prominentes como Jesse Jackson en los 80s, la maquinaria del Partido Demócrata ha absorbido y digerido repetidamente activistas radicales y a los movimientos que los apoyaban.

Cuando el DSA le dedica esfuerzos y recursos a candidatos que van dentro del Partido Demócrata está, de hecho, inyectando nueva vida a un partido controlado por el capital. No debemos olvidar que es el partido que consistentemente apoyó intervenciones militares en todo el mundo, siendo responsable de cientos de miles de muertos en las guerras imperialistas, terrorismo de estado y ataques con drones.
Al mismo tiempo, es precisamente el fracaso total de los Demócratas en derrotar a Trump y el atolladero que siguió lo que le abrió el juego al DSA para multiplicar sus miembros en el plazo de dos años. En otras palabras, fue el reconocimiento de que los Demócratas no son una alternativa para los socialistas y la clase obrera lo que animó a miles a unirse al DSA. Ahora el DSA está ayudando a reconstruir el Partido Demócrata.

Después de la victoria de Ocasio, las membresías en el DSA volvieron a subir con alrededor de 1000 nuevos miembros. La pregunta es hacia donde canalizar la energía de una nueva generación de activistas que abrazan la causa del socialismo porque ven que el capitalismo no tiene nada que ofrecerles. Hay una disputa política abierta sobre el destino de la organización y su relación con el Partido Demócrata. La resolución de este debate puede ayudar a crear una nueva generación de militantes anticapitalistas o puede llevarlos a las entrañas del Partido Demócrata y, ulteriormente al desánimo y la frustración.

La renovación del Partido Demócrata ya comenzó, encabezada por Bernie Sanders y las numerosas organizaciones que surgieron de su campaña. Los socialistas pueden elegir participar en este proceso o dedicar nuestra energía y nuestros recursos para apoyar las luchas de la clase trabajadora, organizar sus demandas y lanzar campañas independientes para reforzar esas luchas. Esto último se necesita con urgencia, el primero es un camino seguro hacia el fracaso.

Traducción: Gloria Grinberg - Nicolás Daneri







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