Internacional

MEDIO ORIENTE

¿Estamos al inicio de una “primavera iraní”?

Tras varios días de movilizaciones y represión, la prensa mundial se pregunta ¿está comenzando una “primavera iraní”? Todo parece indicar que no hemos llegado a ese punto, pero las contradicciones de Irán ya quedaron expuestas.

Miércoles 3 de enero | 12:43

Mientras las manifestaciones continúan, y la represión y los choques ya han dejado más de 20 muertos, la prensa mundial empieza a hacerse la pregunta: ¿el movimiento actual puede convertirse en una “primavera iraní”? Todo parece indicar que no hemos llegado a ese punto, pero la propia pregunta expresa la profundidad de la crisis.

Las movilizaciones comenzaron el pasado jueves en la ciudad de Machhad y a lo largo del fin de semana el movimiento se extendió por el resto del país, incluyendo la capital Teherán. A pesar de la fuerte represión y el llamado a la calma del presidente Rouhani, el movimiento continuó, y durante la noche del lunes al martes hubo 9 muertos, que hicieron aumentar las cifras de víctimas fatales a 21. Solamente en Teherán, las autoridades informan de la detención de 450 personas.

Las manifestaciones han tomado por sorpresa a los dirigentes iraníes, inquietando tanto al Gobierno como a las figuras de la oposición conservadora. Aunque las movilizaciones fueran motivadas por cuestiones económicas, contra el desempleo, la inflación y la pobreza, poco a poco fueron adquiriendo un carácter más político.

De hecho, las manifestaciones no ponen en cuestión únicamente al Gobierno, sino también la corrupción y al régimen en sí mismo. “Muerte a Rouhani”, “Muerte a Khamenei”, se puede oír en las marchas, en referencia al presidente y al “líder supremo” respectivamente. Se genera un cuestionamiento a un régimen profundamente corrupto, al servicio de una minoría privilegiada y rica, en un país repleto de riquezas naturales, pero con un 70% de la población bajo el umbral de pobreza.

El movimiento actual, a diferencia del movimiento de 2009 contra el fraude electoral del entonces presidente Mahmoud Ahmadinejad, no se origina y se limita a Teherán. Este movimiento no está dirigido por la clase media. De hecho, aunque las manifestaciones hayan alcanzado la capital, comenzaron en las ciudades del interior del país y en las zonas donde se concentran las capas más desfavorecidas de la población.

Como se puede leer en la web de Alliance of Middle Eastern Socialists a propósito de las diferencias con las protestas de 2009: “1) las manifestaciones se oponen directamente a la pobreza y la corrupción sistémica, 2) incluyen una amplia participación de hombres y mujeres de clase trabajadora y numerosos desempleados, 3) las reivindicaciones incorporan el fin de la República Islámica (…) y de las intervenciones militares de Irán en Siria y Líbano, 4) en algunos casos, las mujeres se han quitado los velos en las plazas públicas y han animado a otras mujeres a hacer lo mismo”.

El New York Times remarcaba así mismo la diferencia geográfica y, a su manera, el carácter de clase del movimiento actual: “La población de las provincias rurales, tradicionalmente vistas como base social de las autoridades, están en este momento a la cabeza de la mayoría de las movilizaciones. Incluso, aunque los habitantes de Teherán han salido a las calles, la capital no es el centro de la protesta, como fue el caso de 2009. En Teherán la clase media comparte el descontento, pero también temen el rumbo de las protestas”.

Durante las primeras horas de las manifestaciones se multiplicaron las especulaciones sobre quién estaba detrás de éstas. Algunas voces hablan de una maniobra de las facciones conservadoras en lucha contra el presidente Rouhani, reputado “moderado” y “reformador”. Sea quien fuere, en unas horas pudimos comprobar que los manifestantes se dirigían tanto contra el Gobierno como contra la oposición conservadora.

Consecuencias geopolíticas

El movimiento actual critica la política exterior iraní y sus costosas intervenciones militares en Siria y Yemen, pero también su apoyo a Hezbollah. Estas intervenciones son fundamentales para el capitalismo iraní, ya que tratan de mantener y ampliar su influencia regional en su reaccionaria pugna contra la monarquía saudí. Sin embargo, para los trabajadores y las clases populares, los millones invertidos en apoyar a regímenes dictatoriales como el de Assad en Siria, son entendidos como una aberración frente a la creciente miseria en el propio Irán.

Para Estados Unidos y sus aliados regionales, como Arabia Saudí, el movimiento actual aparece como un “regalo” y una oportunidad para frenar parcialmente el avance iraní en Oriente Medio. Desde la victoria de Assad en Siria, el refuerzo de Hezbollah en Libano y la resistencia de los huzíes en Yemen, tanto Estados Unidos como Arabia Saudí vienen perdiendo terreno en la región. No es casualidad que Trump haya expresado su apoyo a las protestas desde las primeras horas.

De hecho, estas movilizaciones expresan la situación de Irán, que dirige una política exterior costosa, la cual se ha prolongado más allá de lo previsto en un contexto económico catastrófico para las clases populares del país.

La cuestión es: ¿cuánto tiempo podrá seguir costeando Teherán su política exterior? Esta pregunta es importante, ya que es la misma que podría hacerse sobre Turquía, pero también sobre los aliados de Estados Unidos, como Arabia Saudí, incluso para Rusia. Dicho de otro modo, si el movimiento actual en Irán se profundiza, no podemos descartar que se cree un efecto de contagio en otros países de la región. Así, incluso si Trump hoy celebra las protestas en Irán, esta dinámica podría volverse rápidamente contra los intereses del imperialismo norteamericano en Oriente Medio.

La sombra de la “Primavera árabe”

La rapidez con la que el movimiento se ha extendido por el conjunto del país y la composición de clase del mismo, pero también las huelgas y el descontento entre los trabajadores y la juventud desde hace meses, hacen pensar con fuerza en el comienzo de lo que llamaríamos hace unos años “la primavera árabe”.

Como al inicio de las protestas en Túnez en 2010-2011, casi día a día, no se advierten “líderes” claramente identificables y aunque las reivindicaciones se repiten en las diferentes manifestaciones, no hay una plataforma clara de demandas. Como explicaba un manifestante: “las protestas que están teniendo lugar en Irán no tienen líder, es un mosaico de pequeñas movilizaciones. Las llamadas a una huelga en todo el país son un intento de dar una dirección a este movimiento. Se han dado sobre todo en las redes sociales el lunes por la noche, pero el gobierno ha cortado las comunicaciones (…) mucha gente no sale a manifestarse porque no pueden conocer los motivos”.

Efectivamente, la entrada en escena del movimiento obrero, con sus métodos de lucha (la huelga) y de organización (comités de huelga, comités de fábrica, en los barrios obreros y los lugares de estudio) podrían dar una organización, una plataforma de reivindicaciones y una dirección al movimiento. Esto también sería una manera de permitir a los trabajadores, a la juventud y a las clases populares defender su propias demandas y de evitar que el movimiento fuera capitalizado por las facciones conservadoras, pro imperialistas o por otras variantes capitalistas.

Si bien hace años que vemos muchos conflictos en la región en los que los trabajadores y las masas no intervinieron defendiendo sus propios intereses, las protestas actuales en Irán son una oportunidad para los explotados y los oprimidos, como demuestra la participación de las mujeres en el movimiento. Puede tratarse del comienzo de la irrupción directa de las masas trabajadoras y populares que podrían comenzar a dirigir la agenda geopolítica en la región, mostrando el camino para acabar con los conflictos reaccionarios en Medio Oriente.

Se hace necesario seguir de cerca la evolución de la situación y hacer todo lo posible por apoyar al movimiento y expresar nuestra solidaridad internacional, esperando que la protesta se extienda por otros países de Medio Oriente y revierta el momento reaccionario que tuvo lugar tras el reflujo de los movimientos de masas de la “Primavera árabe”.

Artículo publicado originalmente en francés en el sitio Revolution Permanente

Traducción: Roberto Jara








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