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Hace 160 años Darwin publicaba “El origen de las especies”

El 24 de noviembre de 1859, Charles Darwin daba a conocer sus avances científicos sobre la teoría de la evolución, un hito fundamental en la secularización de la ciencia.

Lunes 2 de diciembre | 21:31

Mural de Diego Rivera “El hombre en la encrucijada” (1934).

Cuando nació Darwin en 1809, la postura que explicaba el origen del mundo se basaba en la postura religiosa del “Génesis”. Esta creencia estableció que todas las especies habían surgido en el mismo momento hace 10 mil años. Predominó en este contexto, la interpretación de la Iglesia Anglicana en Inglaterra. Muchos de los profesionales científicos aún estaban ligados a la iglesia y otros, eran teólogos que realizaban sus investigaciones científicas durante su tiempo no dedicado a impartir la religión. Darwin era consciente que sus investigaciones científicas se desarrollarían frente en una versión única de la ciencia teñida de creacionismo.

Sin embargo, en este contexto creacionista, fue Darwin el que resuelve el “misterio de los misterios”: como evolucionaron las especies. Se preguntó por qué dentro de una población de individuos había diferentes variantes con una misma característica, como por ejemplo el amplio abanico de colores del pelaje o los largos desiguales de las cornamentas (Roman y Capozzolo, 2010). Y su aporte principal: la teoría de que todas las formas de vida derivaban de un único antecesor común que había habitado el planeta en un tiempo geológico remoto y que, por lo tanto, la vida había evolucionado. De esta manera dio el puntapié para la secularización del pensamiento científico.

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El libro “El origen de las especies” de Darwin, se publica en 1859, en él se sintetizan varias de sus teorizaciones que fue elaborando en otros borradores, cartas y cuadernos que contemplaron sus estudios sobre el viaje en el Beagle (1831-1836). La publicación original contiene 14 capítulos y más de 490 páginas. En ellos se entrelazan distintos puntos de su teoría y sus experiencias directas en la cría de palomas domésticas. El eje articulador del libro parte de la pregunta: porque hay variaciones entre las especies incipientes, se convierten al fin en especies verdaderas y distintas, cómo es que surgen grupos de especies que forman distintos géneros.

La respuesta a esta pregunta, le permitió a Darwin construir su teoría articulando distintos conceptos. Uno de ellos es el de “variación favorable” y su relación con el de “lucha por la existencia”. Para Darwin, es en la lucha por la existencia, donde las variaciones, si son favorables para los individuos, tendrán a preservarse y serán heredadas por sus descendientes. Los descendientes tendrán así, una mejor probabilidad de supervivencia. El principio de selección natural, es en última instancia, el que determina la preservación de la especie y el éxito en dejar descendencia.

Otra de las variables que incorpora Darwin en su teoría son los aportes de la doctrina Malthus aplicada al mundo natural y vegetal. Este geógrafo de su tiempo, había desarrollado la idea de “crecimiento geométrico” que basa sus principios en que hay más individuos de los que pueden sobrevivir, debe haber una lucha por la obtención de alimentos.

Entonces, Darwin llama “selección natural” a la preservación de variaciones favorables y al rechazo de las variaciones perjudiciales. Las variaciones que no son útiles ni perjudiciales no son afectadas por la selección natural. Según Darwin: “Puede decirse que la selección natural está vigilando cada variación, incluso las más leve, rechazando la que es mala, preservando y agregando todo lo que es bueno, operando silenciosamente. La mejora de cada ser orgánico en relación a las condiciones orgánicas e inorgánicas de la vida.

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Niles Eldredge (2009), un destacado teórico sobre la teoría de la evolución y la vida de Darwin, describe un mural de Diego Rivera llamado “El hombre en la encrucijada” (1934), en él se representan distintas figuras humanas, personajes históricos. En el centro del mural hay un hombre a cargo de los controles, de ellos salen rayos de luz con imágenes del macrocosmos y del mundo microscópico: el conocimiento científico. El mural incluye como personaje central a Lenin y en los contados se pueden reconocer a Darwin y Trotsky.

La figura de Darwin refleja una sabiduría infinita, nos mira y señala un mono que tiene de la mano a un niño. También lo rodean distintos animales y una pecera llena de criaturas marinas. Trotsky esta retratado junto a Marx y Engels. No es casualidad la relación entre estas figuras, en sus escritos sobre dialéctica Trostky se refiere a la cronología del evolucionismo y lo menciona. Para él Darwin integra una larga trayectoria que permite pensar la dialéctica de los cambios a escala mundial: la teoría de Kant- Laplace sobre el sistema solar, la dialéctica de Hegel, la teoría sobre la evolución de la tierra de Lyell, la teoría de Darwin sobre el origen de las especies y la teoría de Marx. En el mismo año que Rivera crea el mural, Trotsky escribía: la teoría de Darwin comenzó con la teoría sobre el origen de las especies y se convirtió en una teoría de la evolución del mundo orgánico. A Trotsky le interesaba explicar cómo la selección natural no es otra cosa que la acumulación de cambios cuantitativos, produciendo como resultado nuevas cualidades, nuevas especies.

Su innovación no consistió en señalar que sobrevive el más fuerte, idea que utiliza el darwinismo social para justificar el racismo, la xenofobia, la desigualdad social y el genocidio, sino demostrar que las especies cambian permanentemente.

Eldredage, N. (2009). Darwin. El descubrimiento del árbol de la vida. Buenos Aires: Katz Ediciones.

Román, V. (2010). Darwin 2.0: la teoría de la evolución en el siglo XXI. Buenos Aires: Mares.

Diaz, A. (2004). [Comp.]. Escritos filosóficos de León Trotsky. CABA: Ceip Ediciones.







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