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CINE DOCUMENTAL // ESTRENOS

Impuros, de eso no se habla

Un documental imprescindible que le pone cara y nombre a las más de 3000 mujeres que fueron traídas y prostituidas desde la Rusia Zarista. Los crímenes de los proxenetas

Viernes 16 de noviembre de 2018 | Edición del día

Una cámara recorre un laberinto de tumbas. Es el cementerio judío de La Tablada. Allí yacen los impuros, rufianes proxenetas que traficaron mujeres desde la Rusia zarista. También las tumbas de las sin nombre, mujeres que murieron víctimas de aquéllos rufianes.

En octubre del año 1963 Haim Avni llegó a Argentina desde Israel para investigar la historia judía. Se encontró con un impedimento: los líderes judíos le dijeron que no podía hablar de "los impuros". Puntapié inicial de este documental porque es exactamente lo que Haim decidió revelar y visibilizar: las mujeres, polacas, lituanas y rusas que fueron traídas a Argentina, engañadas, para prostituirlas.

Eran los finales del 1800, Argentina abría sus puertas a la inmigración blanca. Muchos judíos rusos, hambreados y explotados en la Rusia Zarista, se embarcaron hacia este Edén que prometía trabajo y comida. Miles de hombres bajaron de los barcos. El gobierno de Buenos Aires, preocupado por tantos hombres solos, decidió tolerar la prostitución, legalizarla. Así es cómo algunos de ellos, conocedores de la situación allá , vieron un negocio. Traer mujeres para prostituirlas.

Florencia Mujica y Daniel Najenson dirigen este documental que descubre la silenciada historia de los rufianes, de la Asociación de Socorros Mutuos Varsovia, luego llamada Zwi Migdal, que organizaba el negocio de la trata de mujeres.

El documental recorre con imágenes de la época y actuales, como el Hotel de los Inmigrantes, la historia de estas mujeres. La arranca de las garras de la oscuridad y el silencio, y la saca a la luz. Historia que un sector de la comunidad judía quiso ocultar. Sonia Sánchez, protagonista y militante anti-trata, lee las cartas de pedidos de auxilio que algunas mujeres les enviaban a los presidentes de las comunidades judías, contando su sufrimiento. Sánchez, con una pasión y fuerza militante, les pone voz y nombre a cada una de ellas.

Los métodos de captación, los clientes, la tarifa reducida para militares, policías y jueces, la rotación de un prostíbulo a otros cada 15 o 20 días, algo que aún hoy ocurre para parecer que son “nuevas”, las subastas en Rosario y Buenos Aires, todo está documentado en libros de la época y con fotos.

El testimonio de Myrtha Schalom, autora del libo La Polaca y de otros historiadores aportan datos e investigaciones junto al relato de la primera mujer que se animó a hablar.

El documental narra también cómo estos rufianes, que tenían dinero, inauguraban teatros en la ciudad de Buenos Aires a los que asistían con algunas mujeres traficadas y se mezclaban con el resto de la colectividad. Allí es donde una parte de la comunidad decidió separarlos y llamarlos "impuros".

Impuros no es solo un documental, una narración sobre hechos del pasado. Cuando las redes de trata y la violencia hacia las mujeres aumentan día a día, y cuando también crece un movimiento cuestionando este estado cosas, películas como ésta aportan con sus imágenes y rescatan la memoria para fortalecer la lucha en los tiempos que corren.







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