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Jazz y fascismo (I)

Un acercamiento a la relación entre el jazz y los regímenes de Italia y Alemania entre 1920 y 1945.

Jueves 28 de septiembre | Edición del día

En esta serie de artículos se analiza la recepción del jazz en Italia y Alemania entre 1920 y 1945. La primera parte describe los orígenes del jazz y como esto afectó la visión de Europa sobre el género. La segunda parte se concentra en el período de entreguerras. La tercera parte, por último, tiene su eje en la Segunda Guerra Mundial.

Introducción

Hoy en día, la historia del jazz suele pensarse como un bloque de verdades aceptadas, una progresión que empieza en Nueva Orleans, el swing, Louis Armstrong, sigue en Nueva York, el bebop, Charlie Parker, y después deviene en decenas de estilos (free, fusión, etc.). Pero no fue fácil llegar a este consenso historiográfico, y puede sorprender al lector actual el nivel de conflicto que generó este estilo musical.

Es que en su propia época el jazz había sido un espacio de fuertes debates, sobre su origen, su significado, su relación con cuestiones raciales, sexuales, políticas. Esto sucedió en la Unión Soviética, en Estados Unidos, Europa y hasta en China. La música era a veces atacada por recurrir demasiado a fórmulas sentimentales, otras por demasiado improvisada y libre, a veces por llevar supuestamente a una sexualidad desenfrenada y al mismo tiempo por ser repetitiva y provocar disfunciones sexuales varias. Para Hobsbawm, era la música de la rebelión. Para Adorno, el jazz y los pogromos iban de la mano. Gramsci, en una carta de 1928 escrita en la cárcel, comenta que el jazz se había convertido en un “culto fanático”.

Por el lado de la ultraderecha (tanto en Italia como en Alemania), los fascistas tenían una posición compleja y contradictoria alrededor de este fenómeno, mezclando políticas explícitamente prohibicionistas desde el ámbito legal con intentos de crear un jazz fascista.
Sin embargo, antes de describir cómo se desarrolló la historia del jazz en estos dos países, es importante desarrollar un poco los inicios del género en Estados Unidos, y como fue analizado por críticos culturales e historiadores.

Los antecedentes

La música popular norteamericana fue una de las primeras en lograr una extensión global, y una de las causas de esto fue el desarrollo de las editoras musicales (music publishers). Estas (al principio) pequeñas empresas se empezaron a fundar en el siglo XIX, dedicándose a la venta de partituras. En un tiempo en el que el copyright casi no existía mucha de la música que comercializaban estas empresas pertenecía a los minstrel shows, que son quizás el ejemplo más claro de la noción de apropiación cultural. En estos espectáculos los actores eran blancos que usaban blackface, y el contenido era una mezcla de operetas, humor racista, sketches y canciones, estas últimas muchas veces adaptadas de viejos spirituals.

Con el correr del tiempo la industria fue creciendo, instalando una tradición de música norteamericana en el mundo. Este proceso de mundialización del arte no tuvo un componente tecnológico en sus inicios, sino que se trató más bien de una respuesta a una ampliación en el mercado de los consumidores de música.

Pero fue con el descubrimiento del fonógrafo que el crecimiento de la industria se volvió explosivo. Si la venta de partituras había permitido generar el mercado, la posibilidad de vender los sonidos de forma directa fue revolucionaria. A partir de esta innovación el jazz, que había surgido alrededor de la misma época, empieza a propagarse a nivel mundial.

¿Quién creó el jazz?

Cuando el jazz empieza a expandirse esta relación con la industria musical y los minstrel shows generó una visión determinada sobre su origen. El consenso histórico actual rastrea el origen del jazz a New Orleans y a las comunidades de afrodescendientes de la zona, pero no fue hasta la década del 40 que esta perspectiva se volvió dominante. Esto es un punto importante, porque sirve para entender muchas de las confusiones que existían en autores como Adorno sobre este tema. En los 20 y los 30, etapa en la que surge el fascismo, la versión oficial tomaba como punto de origen del género la canción Tiger Rag de la Original Dixieland Jass Band, una banda compuesta por músicos blancos. Grabada en 1917, la canción se comercializaba en discos de pasta, algo que permitió su rápida difusión. El género fue adoptado en los ya mencionados minstrel shows, y se popularizó de esta forma en Europa.
Para terminar de confundir la cuestión, las primeras discográficas, herederas de las viejas editoras musicales y conocidas bajo el nombre de Tin Pan Alley, eran asociados en muchos casos a inmigrantes judíos, que además tenían un importante rol en la industria musical. Un ejemplo de esto es la primera película sonora, The Jazz Singer. En ella el protagonista, Jakie Rabinowitz, en vez de seguir el mandato paterno y convertirse en hazzan (un cantor religioso) se dedica al jazz, con uso de blackface incluido. Es por esto que en muchos textos fascistas se habla de la música como “africana y semita”.

El jazz y las comunidades afroamericanas

Estas confusiones respecto al origen del jazz no van a implicar sin embargo que la relación entre este y las comunidades de afrodescendientes iba a ser completamente desconocida. La existencia del fenómeno del blackface ya es una fuerte indicación de por sí, pero también es necesario notar que con las reformas posteriores a la Guerra Civil los trabajos en la industria del entretenimiento se volvieron legalmente posibles para la población afrodescendiente, y a partir de ese momento los intérpretes negros siempre fueron considerados mejores por la crítica (aunque esto no necesariamente se reflejaba en el gusto popular, que muchas veces privilegió músicos blancos).

Otra cuestión que se sumaba a la complejidad del origen del jazz es que desde un punto de vista musicológico existen varias fuentes musicales para el género, incluyendo tanto tradiciones blancas (la balada) como negras (el blues). Este doble origen llevó en muchos casos que autores que analizaban cuestiones técnicas creyeran que no existían diferencias relevantes entre el jazz y la música popular europea, más allá de los ritmos sincopados.

Por último, es necesario tener en cuenta la importancia el problema de la interpretación del jazz. La mejor forma de entender esto es a través de una alegoría de Ralph Ellison sobre el origen de la música. En esta versión ficticia narrada en Homage to Duke Ellington in his Birthday, el jazz surge de esclavos que miraban bailar a sus amos desde afuera de la casa, y los imitaban, pero agregándoles un elemento grotesco e irónico. Los blancos, sin embargo, veían la situación como el fracasado intento de imitación de miembros de una raza que consideraban inferior, por lo que también reían. Esto sirve para destacar el rol de la ironía y el humor en el género, y mostrar el complejo balance racial de la época. Esto muchas veces no era comprendido en el continente europeo, que clasificaba la música de forma dual (música seria/entretenimiento) y no podía hacer que el jazz encaje en alguna de estas categorías.

Conclusión
Este breve resumen permite ver la complejidad que presentaba en la época la definición del jazz. Ni el rol del músico, ni el origen y significado de la música eran claros, dado que no existía el trabajo de historiadores profesionales que hoy nos permite hacernos una mejor idea de esas cuestiones.

Estos problemas van a ser la fuente de varios puntos sobre los que se centrarán las teorías fascistas sobre el jazz. En la siguiente parte del artículo, centrado en el período de entreguerra, se va a mostrar como muchos de los comentarios de autores nacionalistas, reaccionarios y fascistas alemanes e italianos retomarán estos temas, y también cómo fue el desarrollo de la música más allá de los círculos intelectuales.








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