Géneros y Sexualidades

CIUDAD DE BUENOS AIRES

La marea verde mostró su potencia otra vez frente al Congreso: qué dejó el #9M2020

El reclamo de aborto legal e inmediata separación de las iglesias del Estado fue central. Alberto Fernández, que había anunciado el envío de su proyecto, no lo hizo. 9M y después: debates para fortalecer la lucha de este movimiento masivo.

Sol Bajar

Editora de Géneros y sexualidades | @Sol_Bajar

Martes 10 de marzo | 08:00

Fotos: Enfoque Rojo

Con movilizaciones en todo el país, decenas de miles de mujeres volvieron a demostrar que su agenda de lucha sigue vigente. Después de un 8 de marzo atravesado por la misa de la Conferencia Episcopal contra el derecho al aborto, y de numerosos pañuelazos para rechazar ese ataque contra el reclamo de las mujeres, la potencia de este movimiento que cobró fuerza desde 2015, se hizo sentir otra vez.

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En la Ciudad de Buenos Aires la movilización fue frente al Congreso. Y en número, superó en mucho a la que fue convocada por la jerarquía clerical. Después de muchos debates, abiertos todavía, “la deuda es con nosotras y con nosotres, ni con el FMI, ni con las iglesias”, fue el mensaje que se leyó finalmente desde el escenario, montado frente al parlamento.

En apoyo a las maestras

La jornada comenzó temprano, con las trabajadoras de la educación que integran la agrupación Pan y Rosas y el PTS en el Frente de Izquierda inaugurando el día en solidaridad con las maestras, que siguen peleando por el salario y las condiciones de trabajo en provincias como Tucumán, Santa Cruz, Salta, Santa Fe y Chubut.

“Mientras el gobierno quiere negociar con el FMI y los bonistas, que se llevan millones de dólares del país, a las trabajadoras de la educación no nos queda otra que trabajar dos o tres cargos para llegar a fin de mes”, dijo la diputada Nathalia González Seligra (mc), secretaria gremial del Suteba La Matanza. Desde el corte de calle que protagonizaron en las inmediaciones de la plaza, la referente de la izquierda rechazó la represión a las maestras y destacó que “decimos que la plata tiene que ir a la salud, a la educación, a la vivienda, no a los curas ni al FMI”.

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Ni una menos

Aunque la convocatoria circulada llamaba al encuentro desde las 17 horas, la zona comenzó a nutrirse de jóvenes, activistas y militantes de organizaciones sociales, políticas y feministas desde temprano. Con sus carteles hechos a mano, las pibas de la marea verde comenzaron a llegar con sus Centros de estudiantes, con sus grupos de amigues, en muchos casos con sus madres. Junto a sus pañuelos verdes por el aborto legal, el reclamo contra los femicidios volvió a estar presente en su grito decidido.

Un nuevo caso, el número 64 en lo que va del año, había conmocionado el día anterior: Fátima Acevedo, una joven de 24 años, que ya había denunciado reiteradamente la violencia que vivía, murió víctima de femicidio, en Entre Ríos, ante el desprecio de las instituciones del Estado, que no hicieron nada ante su pedido de ayuda.

Por eso a casi 5 años del primer #NiUnaMenos, el reclamo de medidas urgentes, básicas y elementales volvió a estar presente. “En 2020 hay más femicidios que días”, se leyó en uno de los tantos carteles que inundaron la plaza.

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Que las Iglesias no se metan

Sin dudas, la legalización del aborto y el reclamo de separación de las Iglesias del Estado, fue uno de los reclamos centrales, en la Ciudad de Buenos Aires y en todo el país. Se podía sentir en cada calle. La fuerza de la marea verde, que sólo pudo ser derrotada por el voto de un puñado de senadores del PJ y el Frente de Todos, de la UCR y el PRO, y por su alianza con las cúpulas de las Iglesias, los grupos y los gobernadores antiderechos, está viva y quiere que sea ley.

Que la confianza en esa fuerza de lucha tiene que multiplicarse y fortalecerse, también quedó claro. Aunque se rumoreaba que ese mismo día Alberto Fernández enviaría al Congreso su proyecto de ley, alternativo al que la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto presenta hace 15 años, eso no sucedió. La especulación política, las maniobras, el lobby y las negociaciones entre esos sectores alrededor del cuerpo y la vida de las mujeres, sigue en pie, está a la orden del día.

Aunque esa denuncia no estuvo presente en el documento que se leyó desde el escenario -lo que motivó, entre otras cosas, que algunas organizaciones adhirieran críticamente-, el texto finalmente denunció, después de muchos debates, que “en el 2018 un puñado de senadores hizo que no salga nuestra ley, apoyados por los sectores más conservadores de las provincias y las cúpulas de las iglesias”. “En 2020, vamos a impedir que esto vuelva a suceder, unidas y en las calles tenemos que conquistar que sea ley”.

El ajuste y las negociaciones con el FMI, también son violencia

La exigencia de no pago de la fraudulenta deuda externa y de ruptura con el FMI, el apoyo a las gestiones obreras, a las trabajadoras ocupadas y desocupadas, a las maestras en lucha por el salario y el repudio al lockout de las patronales agrarias, a la represión de los gobiernos del PJ y la UCR a las maestras en lucha, se hicieron oír como producto de los debates que dieron centralmente las organizaciones de izquierda durante semanas de asambleas y debates.

"Las tareas de cuidado son la clave de la división sexual y jerarquizada del trabajo. Y suponen una doble y triple jornada laboral. Por eso exigimos su reconocimiento y remuneración", se leyó en otro tramo del documento.

Aunque muchas de las reivindicaciones de esas mujeres se estuvieron presentes en la lectura desde el palco, la denuncia a quienes promueven esa negociación, comenzando por el gobierno nacional, no estuvo presente. Además, como advirtieron desde la agrupación Pan y Rosas, lo cierto es que la amplia mayoría de esas mujeres no pudo participar. Es que, más allá del asueto dictado en algunas dependencias estatales, exclusivamente para las mujeres -como si pelear contra la violencia patriarcal no fuera “cosa de varones”-, las conducciones de las centrales sindicales no llamaron al paro.

No fue la primera vez, pero lo cierto es que la negativa a parar el país, a apagar las máquinas y hacer cesar la producción para que la tierra tiemble verdaderamente por los derechos de las mujeres y las disidencias, limitó la participación de muches que, aunque querían, no pudieron asistir al llamado al “paro”. La negativa a exigir la medida, así como a solidarizarse con esos sectores, fue otro de los motivos que llevaron la adhesión crítica.

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Destacable es que en ese marco, superando esas trabas y haciendo malabares para poder asistir, muchas obreras y comisiones de mujeres de diferentes establecimientos lograran, sin embargo, participar de la jornada.

Junto a los sectores antiburocráticos y a la izquierda, que marchó con bandera propia en reclamo contra el ajuste, las negociaciones con el FMI y por el aborto legal, se movilizaron integrantes de la Comisión de mujeres de Coca Cola, trabajadoras ferroviarias en lucha del Belgrano Sur y Norte, integrantes de la combativa Comisión de mujeres de la gráfica Madygraf (ex Donnelley) bajo gestión obrera y de Ansabo, de la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, entre muchas otras.

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La legitimación en el Congreso de la deuda que contrajo el macrismo con votos del peronismo, hipotecó más aun al país. Mientras se prioriza la renegociación con el FMI y los bonistas, el gobierno crea ministerios y secretarías de "Mujer, Género y Disidencias" naturalizando que es sobre ellas, sobre las mujeres de la clase trabajadora y de los sectores populares, sobre quienes recaen con más dureza las consecuencias de la crisis.

Un gran movimiento de mujeres, feminista y de las disidencias sexuales, que se proponga dar vuelta de raiz este sistema basado en la opresión y en la explotación de millones, es parte de los desafíos urgentes que se plantean no sólo para el movimiento argentino, sino también para el que se mantiene en pié en diversos países del mundo.

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Un movimiento que una sus fuerzas a las del conjunto de la clase trabajadora, para que sea real que haya “Ni Una Menos”; que confíe en sus propias fuerzas, que avance en la organización de un movimiento desde abajo, en las calles, autoorganizado, que impulse asambleas en los lugares de trabajo, de estudio, en los barrios, y que no subordine sus demandas al apoyo a ningún gobierno, institución estatal o alianza clerical.

Este 8 y 9 de marzo volvieron a mostrar que si la fuerza de las trabajadoras se une a la de las jóvenes, esa potencia será imparable, porque como señalamos acá, unidas al conjunto de la clase obrera podemos no sólo conquistar nuestros derechos, sino minar también el poder de quienes nos explotan y oprimen, para terminar con la condena que recae sobre nostras y sobre nuestras familias.

A eso le temen las cúpulas de las iglesias, las instituciones del Estado, los gobiernos de turno, las burocracias sindicales. Construir un movimiento enorme, que se proponga barrer con el capitalismo patriarcal. Esa es la tarea que está a la orden del día.

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