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Las leyendas de Praga (II): el puente de Carlos

Si bien Praga ofrece innumerables sitios donde poder sentir una magia especial definitivamente el puente de Carlos es uno de los sitios más románticos que la ciudad del Medioevo puede ofrecer.

Martes 23 de diciembre de 2014 | Edición del día

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Sin discusión el puente gótico más hermoso del mundo, es uno de esos sitios que hay que visitar en diferentes momentos del día y uno obtendrá incomparables percepciones en cada una de ellas. Caminarlo por las mañanas con el sol naciente destellando sus tímidos rayos, cuando la ciudad aun duerme, dejando el atractivo fresco matinal envolver nuestros cuerpos acompañados por el orquestal río Moldava es un hechizo que quiebra los espíritus sensibles. El puente es también plataforma de varias leyendas, entre las que se destaca el de Saint Jan, canonizado cómo el mártir de la confesión.

El río Moldava ha construido su fama a fuerza de destruir con cuanto puente se le monte sobre su amplia complexión desde tiempos inmemoriales e inclusive, hasta el presente. El rey Carlos IV, uno de los soberanos más liberales en los tiempos del Imperio Sacro Romano, estaba empeñado en darle batalla a las aguas que bañan la ciudad de Praga y acabar con el reinado demoledor del presuntuoso cauce.

El puente de Judith acababa de sucumbir en 1342 cuando el rey procuró la orden a todos los miembros de su corte de construir un puente que durara nada menos que “mil años”. Menuda tarea para los cortesanos que empezaron a idear cómo satisfacer el mandato del jefe imperial. Dos de las leyendas que se erigen con la construcción del puente tienen que ver con su génesis. La primera de de ellas dice que los astrólogos proveyeron el dato de cuándo exactamente había que asentar la piedra inicial para que sobre el puente no se le asestara jamás el nunca apreciado golpe de la mala suerte: el 9 de Julio de 1357 a las 5:31 horas de la mañana. Había que esperar un buen tiempo para llegar a ese momento, pero la piedra fundacional fue puesta puntualmente ese día al despuntar el alba con el canto de los gallos como coro inaugural.

La segunda de las leyendas sería ideada entre los alquimistas y los constructores del momento. No cabían dudas sobre lo que los nuevos avances tecnológicos dictaban acerca de la solidez necesaria para que una estructura tal como un puente se mantuviera rígido por siglos: había que mezclar yema de huevos y leche en la argamasa de unión de las piedras bohemias. Petr Parler, arquitecto también de la catedral de St. Vitus, no iba a discutir esta máxima y puso manos a la obra en conseguir la mayor cantidad de yemas de huevos posible. Los huevos fueron recolectados en todo el reino y transportados de a miles en sus cascarones hacia Praga. En uno de los pueblos sin embargo, temieron que los huevos no llegaran a destino debido a su conocida fragilidad, por lo que decidieron hervirlos para sortear tal peligro. Pero los huevos hervidos no servían al propósito de fortalecer la construcción y los trabajadores entre risas les dieron la bienvenida reanimando sus estómagos. El mito de los huevos y la leche se mantuvo así durante siglos al igual que el puente, que no ha sido derribado ni por uno sola de las crecidas del Moldava desde entonces. En el año 2002 sin embargo, luego de una de las últimas grandes crecidas del río, el relato de los huevos dejaría de pertenecer al reino de lo ficcional: se habrían encontrado mezclas de elementos orgánicos e inorgánicos en los cimientos del puente.

Así es como el puente ya va camino a celebrar sus 660 años resistiendo los embates del Moldava con la combinación mágica-astrológica y la mezcla arquitectónica-culinaria, permitiendo que sobre sus espaldas se levanten a través de los años más de 40 figuras barrocas de distintos santos, entre otras figuras. Uno de estos santos, Saint Jan, representa la estrella más brillante de las historias y leyendas que se montan sobre el puente.

Un alma presente

Jan Nepomucky era un clérigo de la ciudad que prestaba sus servicios durante el reinado del Rey Václav IV a finales del siglo XIV. Jan tomaba la confesión de muchas personas en la ciudad, pero entre quienes buscaban la absolución sacerdotal para acercarse al reino de los cielos, destacaba nada menos que la Reina Sofía, esposa del cada vez más celoso Václav. El rey tenía fama de ser una persona tranquila, pero los chismes confesos por su séquito ávidos de acercarse al reino de sus posesiones le fueron conquistando el dominio de sus sospechas acerca de que su esposa había traicionado sus votos maritales. El rey acorraló al clérigo y le exigió que le dé detalles de las confesiones que le hacía su esposa. Jan sólo tuvo que decir que era “secreto de confesión” y que no podía decir nada para verse encerrado en una mazmorra siendo torturado.

El sacerdote ya vislumbraba que pronto finalmente él se las vería en el reino de los cielos si no jugaba alguna carta. Así que propuso un trato: si dejaban de torturarlo expondría ante un alma de los presentes y sólo a esa alma las confesiones de la Reina. Václav accedió y pensando que era a él a quien se dirigiría hizo desalojar la sala de todos los presentes. Pero Jan también le pidió a él que dejara la sala así podría susurrarle los secretos de Sofía al perro del Rey. Enfurecido, el Rey volvió a las torturas con más saña hasta que finalmente Jan muere a consecuencias de las heridas recibidas. A la noche, llevarían su cuerpo al puente de Carlos y lo arrojarían sin ningún tipo de ceremonia al río.

A poco de la muerte de Jan una gran sequía se desató sobre el reino de Bohemia casi secando el cauce del Río Moldava. A 500 metros de donde lo habían arrojado a Jan se dice que aparecieron cinco estrellas brillando sobre las menguadas aguas llamando la atención de todos. El gentío se trasladaría hasta el lugar donde localizarían luego el cuerpo de Jan revuelto en el barro.

Esta historia fue declarada falsa en 1961. Jan Nepomucky fue en realidad un vicario del arzobispado de Praga que pagó por la sed de venganza del Rey Václav enojado con el arzobispo por una disputa de poder que conllevaba el manejo de las arcas de la iglesia. Fue realmente torturado y arrojado al río y su cuerpo encontrado tiempo después. Pero en 1729 cuando el arzobispo de Praga ordena la apertura de su tumba y comenzar con el proceso de santificación, en el cráneo del malogrado vicario habrían encontrado restos de la lengua intactos, por lo que la iglesia decidió desde allí seguir con el cuento del “Mártir de la Lengua” y por ende de la confesión secreta. El pueblo aceptaría gustoso la leyenda ya que a sus ojos Saint Jan se habría revelado contra el poder de todos modos y había mantenido su integridad.

Los checos están seguros de que el puente por sí sólo tiene un atrayente poder sobrenatural y cada una de las figuras barrocas allí presentes destella su propia magia. Entre todas ellas, la estatua de Jan Nepomucky congrega a cientos de visitantes que esperarán pacientes su turno para tocar la figura del santo. Es que dicen que la cábala se produce apoyando la mano pidiendo un deseo, reservar un regreso a Praga o asegurarse, sobre todo, de que un secreto que tienes bien guardado, no se revele nunca.

Lea en La Izquierda Diario Las leyendas de Praga: el reloj astronómico







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