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Nueva entrega del newsletter No somos una hermandad de La Izquierda Diario y El Círculo Rojo. Quiénes son las mujeres que levantan la cabeza en Amazon, sueños y pesadillas de Alabama y un ladrillo en el medio de Texas.

Celeste Murillo@rompe_teclas

Martes 23 de marzo | 00:30

El almacén de Amazon en Bessemer (Alabama) supo ser una planta del gigante acerero US Steel, uno de los principales empleadores de esa región de Estados Unidos. Quienes pisaban la fábrica todos los días tenían carnet del sindicato United Steelworkers, el sindicato industrial más grande del país. Hoy, cerca de 5.800 personas deben recorrer los mismos pasillos descargando y catalogando 400 paquetes por hora para alcanzar el objetivo que impone la empresa. El 85 % de esas personas son negras y el 65 % son mujeres. Hasta hoy no tienen sindicato.

Por primera vez, trabajadores y trabajadoras podrán votar a favor o en contra de que exista representación sindical en un almacén de Amazon (en este caso, del Sindicato de Tiendas Minoristas, Mayoristas y Departamentales, RWDSU por sus siglas en inglés). El 29 de marzo se conocerán los resultados. La cadena de venta online más grande del mundo es uno de esos lugares donde los capitalistas juraron que nunca más habría un sindicato. Ninguna organización colectiva se interpondría entre el empresario y el sueño del trabajador que “se enciende y se apaga” como si fuera un robot, pero al que es posible robarle legalmente una parte de su trabajo.

Una foto, una iglesia y un ladrillo en el medio de Texas

Una foto de Alabama que seguro vieron más de una vez es la de Rosa Parks en la ciudad de Montgomery cuando se negó a darle su asiento a una persona blanca en diciembre de 1955. Pero Rosa no fue la primera, en marzo de ese año una chica de 15 años no se levantó cuando el chofer le pidió lo mismo. Claudette Colvin fue esposada y arrestada, esperó en una celda para adultos a que su mamá la fuera a buscar. Muchos años después, cuando le preguntaron por qué no se había levantado, dijo que había sentido “las manos de Harriet Tubman y las de Sojourner Truth sobre mis hombros para que me quedara sentada. Me sentí inspirada por estas mujeres porque mi profesora nos había enseñado mucho sobre ellas”.

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