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Lo que oculta Cristina Kirchner: la primera fase del ajuste “no fue magia”

La ex presidenta presentó la plataforma de su nuevo espacio, “Unidad Ciudadana”, con el discurso de frenar la “segunda fase del ajuste”. El rol del kirchnerismo durante el gobierno de Macri, y su política de unidad con “traidores”.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Viernes 16 de junio | Edición del día

La ex presidenta Cristina Kirchner presentó este miércoles su nuevo espacio electoral, “Unidad Ciudadana”, y junto con él una plataforma programática titulada “Después del engaño y la estafa electoral: la segunda fase del ajuste”.

El texto anticipa la lógica general de lo que será su campaña electoral, bajo un razonamiento previsible: antes estábamos mejor → Macri mintió para ganar la elección → aplicó el ajuste → y todavía falta lo peor. Para frenar esa perspectiva, por supuesto, invita a votar a su espacio.

La plataforma comienza denunciando que la campaña de Macri fue “la estafa electoral más formidable de la que se tenga memoria”, y desde ahí busca ampliar la base política del kirchnerismo más allá de sus simpatizantes, intentando nuclear a todos aquellos que estén en contra del ajuste. Esta política ya la había anticipado la ex presidenta el año pasado, cuando había convocado a conformar un “Frente Ciudadano” sin preguntarle a nadie a quién había votado, sino solamente preguntando si “te está yendo mejor o peor que antes”.

En un contexto de decenas de miles de despidos, inflación y tarifazos, la respuesta a esa pregunta, para las mayorías, era cantada.

¿Qué oculta entonces Cristina Kirchner?

La primera fase del ajuste “no fue magia”

Mauricio Macri rompió el contrato electoral, como denuncia Cristina Kirchner. De las promesas de “Revolución de la Alegría” y “pobreza cero”, solo quedaron los globos amarillos. Al descontento por la política económica, se sumó también la desilusión de algunos con el discurso republicano, que rápidamente dio paso a las medidas por decreto, a los Panama Papers y al Correo Argentino, entre muchos otros escándalos.

Pero si el macrismo rompió su contrato electoral, también es cierto que el kirchnerismo rompió su contrato de resistencia, para quienes creyeron que eso iba a suceder. La primera fase del ajuste “no fue magia”. El fantasma de las crisis de gobernabilidad, recurrente para gobiernos de signo no peronista, fue ahuyentado por todos aquellos que voluntariamente se prestaron a darle al macrismo la solidez necesaria para aplicar su programa de ajuste y entrega.

Es el caso del Frente para la Victoria en el Senado, así como de los bloques legislativos de Massa, Stolbizer o el Bloque Justicialista, entre otros, que votaron leyes de entrega como el acuerdo con los fondos buitre, un presupuesto de ajuste como el de 2017 o jueces de impunidad para la Corte Suprema como los que provocaron la crisis del “2x1”. No fue magia que Cambiemos, en minoría, consiguiera en el Congreso Nacional las leyes que necesitó para aplicar el ajuste neoliberal que hoy la plataforma de “Unidad Ciudadana” denuncia.

Tampoco fue magia que poco y nada quedara del discurso de la “resistencia con aguante”. A pesar de lo que denuncia la plataforma de “Unidad Ciudadana”, en este tiempo solo tuvieron lugar algunas marchas o paros aislados (algunos junto a cámaras empresarias), que jamás se propusieron enfrentar seriamente los planes de ajuste, sino solamente preparar el terreno electoral, alentando un obvio descontento para después capitalizarlo en las urnas. Hoy muchos dirigentes sindicales participan de las listas de “Unidad Ciudadana”, del massismo o del randazzismo, pero de la continuidad del paro general del 6 de abril, ni noticias.

Sin embargo, cuando no fue cómplice, el kirchnerismo fue directamente ejecutor directo del ajuste. Así es en la provincia de Santa Cruz: Alicia Kirchner acaba de firmar con el Gobierno nacional un plan de ajuste fiscal y reducción de la planta del Estado, a cambio de fondos para la provincia.

Las segundas partes nunca son buenas

La “Unidad Ciudadana” se presenta como la alternativa para frenar la “segunda fase del ajuste”. Pero las segundas partes nunca son buenas, menos aún si las primeras tampoco lo fueron.

Máximo Kirchner invitó el pasado fin de semana a “construir una mayoría en la Argentina que permita detener este ajuste”. En el mismo discurso, invitó a volver al bloque legislativo del Frente para la Victoria a los votadores seriales de leyes macristas del Bloque Justicialista y del Movimiento Evita. Para el kirchnerismo, las mayorías se construyen con “traidores”.

Disipando el humo de la disputa con Florencio Randazzo, para muestra basta un botón. En la Ciudad de Buenos Aires habrá lista de unidad entre kirchneristas, pejotistas y otros. Recordemos que el Frente para la Victoria en la CABA tiene larga tradición de votar en la legislatura porteña acuerdos con el PRO, por ejemplo, a favor de los pulpos inmobiliarios. Personajes como Andrés Rodríguez de UPCN, especialista en dejar pasar despidos y firmar paritarias a la baja, es también parte de la partida de esta nueva campaña electoral. También Carlos Tomada, ex ministro de Trabajo de Cristina Kirchner, que cuenta en su prontuario con una conversación telefónica que se dio a conocer entre él y José Pedraza, el jefe de la patota que asesinó a Mariano Ferreyra. En la misma, el funcionario le indicaba cómo lidiar con la izquierda en la Unión Ferroviaria.

¿Serán ellos los que van a frenar la “segunda fase del ajuste”?

Contra el ajuste de Macri, los gobernadores y los falsos opositores que son cómplices del ajuste, el Frente de Izquierda se presenta a dar la batalla en veinte provincias, por una alternativa política de los trabajadores, con un programa para que la crisis la paguen los capitalistas.

Miles de militantes y simpatizantes de todo el país se han puesto en movimiento para llevar estas ideas hasta cada rincón del país, cada lugar de trabajo, de estudio, cada barrio. Para disputar la conciencia política de millones y construir una alternativa política socialista y revolucionaria entre los trabajadores, las mujeres y la juventud, poniendo el cuerpo en cada lucha y construyendo una herramienta política por un gobierno de los trabajadores.

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