Mundo Obrero

UN FALLO DE MACRI Y LA CORTE

Los favores de la UTA para robarles la personería a los metrodelegados

El gremio de Roberto Fernández rompió huelgas de la propia CGT, apoyó tarifazos, reclamó subsidios para las empresas y acaba de firmar una paritaria del 15%. Conozca como consiguió el apoyo del poder.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Miércoles 14 de marzo | Edición del día

Roberto Fernández desde 1984 no agarra el volante de un colectivo. Desde entonces ha ocupado distintos cargos en la Unión Tranviarios Automotor (UTA), hasta convertirse en septiembre de 2006 en secretario general del gremio. La situación que lo depositó en el cargo no fue, digamos, para celebrar. Fue cuando se supo que su principal referente, Juan Manuel Palacios, era propietario de estancias en la Provincia de Buenos Aires a través de la empresa Calema.

No importó que Fernández fuera socio de la familia Palacios en aquel emprendimiento. Tampoco que el diario Perfil revelara, en 2010, que ambos estaban vinculados a la compañía Vandalia Investments, ubicada en Las Bahamas, un paraíso fiscal utilizado para lavar dinero. El domicilio de la sociedad era, ni más ni menos, que el del mismo Fernández.

Esa pasión de los dirigentes de la UTA, de estar de los dos lados del mostrador, los trabajadores del subte la olfatearon de entrada. Cada vez que tenían un reclamo, el sindicato se ponía del lado de Benito Roggio, el millonario dueño de Metrovías.

Por eso, en los años noventa reorganizaron el cuerpo de delegados para pelear por sus conquistas. Así fue como consiguieron la insalubridad y recuperaron las 6 horas de trabajo. Más tarde emprenderían otras luchas que los hicieron reconocidos: el pase a planta de los tercerizados, mejores condiciones de trabajo y un aumento salarial superior al que arreglaban todos los sindicatos.

Esa pasión de los dirigentes de la UTA, de estar de los dos lados del mostrador, los trabajadores del subte la olfatearon de entrada

Cansados de los pactos de Fernández con Roggio y los gobiernos de turno, en 2008 realizaron un plebiscito que determinó que la inmensa mayoría de los trabajadores y trabajadoras del subte querían un nuevo sindicato. Primero tuvieron la inscripción simple, en 2015 lograrían la personería.

Fernández redoblaría entonces su intento de robarle a la AGTSyP la representatividad que le habían dado sus compañeros. Con su macartismo característico, llegó a decir que "la ultraizquierda utiliza este conflicto de inscripción gremial para generar caos y pone en peligro con sus actitudes la vigencia de la democracia" (2009). Insólito.

Para eso, además del lobby ante el Ministerio de Trabajo y la Corte Suprema, la UTA no paró de hacerle favores al gobierno y los empresarios.

Macri-UTA anticipan el pacto

En 2013, dos días antes del traspaso del subte de Nación al intendente Macri, la UTA firmó con Metrovías un acuerdo para la "adecuación de las condiciones laborales necesarias para mejorar el servicio" incluyendo una cláusula de paz social y numerosas medidas “a fin de aumentar eficiencia y productividad”. Era una devolución de favores a Macri, que había adelantado un mes antes que sólo reconocería a la UTA como el gremio con injerencia en el Subte: “Los metrodelegados se arrogan una representatividad que no les corresponde”.

Mientras tanto, gracias a la atención de Metrovías y los distintos ministros de Trabajo, Fernández siguió acordando paritarias a medida de la empresa. Podía hacerlo en las oficinas de personal o por teléfono desde Miami, como fue descubierto justamente en 2013.

Fernández siguió acordando paritarias a medida, desde las oficinas de personal o por teléfono desde Miami

Un amor a primera vista

Roberto Fernández nunca se olvida de sus amigos. Por eso fue uno de los organizadores de las reuniones de sindicalistas con Mauricio Macri, antes de las presidenciales de 2015. Al salir de una de ellas no ahorró elogios: “Lo veo más peronista a Macri que a muchos peronistas”.

Y fue consecuente con aquellas palabras. Más allá de algún roce - ¿qué amigos no tienen sus malos días? – siempre ha realizado los favores que el gobierno le ha pedido.

Como cuando ofreció aquella postal inédita en la historia argentina: un sindicalista anunciando un tarifazo en el transporte. Fue el 31/3/2016, cuando participó del anuncio del aumento de tarifas junto al ministro de Transporte Guillermo Dietrich. "Para subir al colectivo hay que pagar", respondió Fernández sin ponerse colorado.

Esa misma coherencia la mantuvo con otra de sus grandes ideas: las empresas debían ser favorecidas por tarifazos, o sino por fabulosos subsidios. Por eso, siempre actuaron en “equipo”. La UTA negociaba el aumento mientras los empresarios en la otra oficina reclamaban sus billetes.

La tarea incluía el ataque con patotas a sectores que elegían delegados que no comulgaban con la conducción de Fernández, como en la línea 60. O intentando derrotar huelgas como las de los choferes cordobeses.

Una postal inédita en la historia argentina: un sindicalista anunciando un tarifazo en el transporte

“Carneros”

La frase circulaba, el 18 de diciembre de 2017, por los despachos de la mismísima CGT. Fue cuando se conoció el comunicado que señalaba que “la Unión Tranviaria Automotor no adhiere al paro del 19 de diciembre”. Aquel que tímidamente convocó el triunvirato cuando se estaba aprobando la reforma previsional. Algunos meses antes, Fernández y toda la CGT habían acordado la reforma laboral que tras ese diciembre convulsionado quedó congelada.

Macri siempre tuvo claro que la UTA era un gremio clave si quería evitar paros generales que fueran contundentes. Como los ferroviarios, los bancarios o camioneros. Por eso nunca perdió de vista el intercambio de favores.

Hace pocos meses, ese intercambio tuvo un capítulo anticipatorio: una resolución del ministro Triaca amenazaba con dar de baja a baja a más de 400 sindicatos. Era un mensaje que ahora cobra más sentido: por una u otra vía, el Estado intentará avanzar en su injerencia sobre las organizaciones gremiales.

Esta semana, por último, un hecho que pasó casi desapercibido graficó ese pacto Macri-UTA. Fue la firma de la paritaria del gremio con el número “PRO”: 15 %, en tres cuotas y sin cláusula gatillo.

Un día después llegaría el fallo de los jueces “supremos” que favorecerían a los sindicalistas preferidos del poder. Con esa historia de entregas, tarifazos y rompehuelgas, es fácil entender los motivos. Pero la historia también adelanta que los trabajadores del subte van a luchar para defender la organización que conquistaron.







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