Juventud

OPINIÓN

"Me arrepiento de no haber empezado antes a militar"

Conmovedoras palabras de Romina, estudiante del nivel Inicial en el Normal 1 de Rosario, sobre lo que significó en su vida abrazar la militancia.

Sábado 23 de diciembre de 2017 | Edición del día

Éste es un mensaje que intenta englobar lo que me pasó en este 2017, en el que quiero agradecerles mucho a los compañeros y compañeras del PTS y el FIT. Como dije el otro día en el curso del Manifiesto Comunista, me siento muy bien y muy a gusto cada vez que piso la Casa Marx. Es como si hubiera encontrado mi lugar, con gente que piensa como yo, que leo o escucho y pienso "loco, cómo no me acerqué antes".

Siempre fui la ovejita negra de mi familia, por varias cuestiones, pero una de ellas siempre fue por mi idea de querer cambiar lo que está mal y no quedarme sólo con el deseo, sino tratar de materializarlo. Para mi vieja, fanática de Macri, soy una piquetera vaga que me gusta hacer quilombo. Para mi viejo, quien asegura que a los 20 años todos somos comunistas pero cuando crecemos nos damos cuenta de que así es el mundo. A mí se me debería haber pasado esta idea porque ya tengo 25.

Nadie de mi familia fue nunca a ninguna marcha. Nadie se movilizó. En la mesa nunca pude hablar de éstas cuestiones, nunca me sentí apoyada. Con mis amigos siempre fue igual, siempre fui la rarita, la zurdita, la quilombera.

Hace años que voy a cada marcha, cada movilización. Siempre fui sola, nunca me uní a ninguna agrupación. Siempre vi al FIT y pensé muchas veces en involucrarme, y sinceramente no sé por qué nunca lo había hecho, hasta este año. Luego de lo que pasó con Maldonado sentí la necesidad urgente de ya no intentar luchar ni marchar sola.

Fue ahí cuando Eli, una compañera de la secundaria, me habló del PTS. Lo vi más de cerca, me involucré. Después de haber fiscalizado en las últimas elecciones (y sentir por dentro una felicidad y un compromiso gigante), empecé a participar de las reuniones, de nuevo en la Marx.

Fue ahí cuando Vero, compañera de carrera de Eli, que me había visto en la última manifestación, vino a saludarme y me dio un abrazo que me hizo sentir un compañerismo tremendo, como si la conociera desde hacía mucho. Ahí volví a sentirme en casa.

Entonces decidí que ya era hora de materializar todo lo que sentía y pensaba. Acompañada. Entonces le dije que quería militar. Y ya nunca más sentí en ninguna marcha, movilización, manifestación, que caminaba sola. Me sentí acompañada por cada uno de ustedes, con los que he hablado y con los que no, a los que he saludado y a los que no. Y cada persona con la que he entablado una conversación, por más corta que sea, me hizo sentir nuevamente en casa.

Era eso. Gracias. Se respira lucha, y no puedo estar más agradecida.








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