Política

EDITORIAL DE EDITORIALES

Negociando en retirada

A partir de este domingo La Izquierda Diario se propone analizar críticamente los editoriales de los principales diarios del país. Es en ellas donde pueden encontrarse definiciones políticas centrales que seguirán jugando un papel a lo largo de la semana que se inicia. Es allí donde se condensan ideas y temáticas que dan fundamento a la construcción del poder político de las distintas tendencias o fracciones de la clase dominante. Si los medios oficialistas fueron –y siguen siendo- fundamentales a la hora de “construir el relato” kirchnerista, no menos esencial es el papel de los medios de comunicación opositores y sus principales periodistas a la hora de respaldar los intereses de sectores empresariales o opuestos al gobierno.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Domingo 21 de septiembre de 2014 | 10:44

“Francisco es Bergoglio”

El diario que fundara Mitre, en la pluma de Morales Solá, y el principal diario oficialista, bajo la firma de Horacio Verbitsky, coinciden en hacer centro de sus editoriales en la reunión que mantuvieron Cristina Fernández y el papa Francisco ayer sábado.
Aunque Morales Solá trata de marcar los límites de la reunión, centrando las preocupaciones vaticanas en la gobernabilidad argentina, lo cierto es que, para la estrategia oficial de fortalecer discursivamente su negociación con los fondos buitres, la reunión juega a favor.
En el caso de la editorial de Verbitsky esta ventaja para el gobierno nacional lo lleva a soslayar el pasado -no tan pasado- de Francisco (que sigue siendo Bergoglio) haciendo un relato progresista de la Iglesia, algo que dista mucho de la realidad y su historia de apoyo a genocidas.

El discurso papal contra el “sistema financiero” mundial –un apoyo más bien timorato-, no solo expresa conveniencia para el gobierno sino que también es parte de la estrategia vaticana para acercar la iglesia a sus fieles y avanzar en la imposición de su propia agenda cultural al interior del país. La reunión de ayer, tendrá sus costos. La agenda cultural e igualitaria de la que supo ufanarse el gobierno, sufre y sufrirá nuevos embates.

Lo cierto es que la estrategia gubernamental pretende fortalecer sus posiciones negociadoras en lo que queda de tiempo hasta que el 1º de enero de 2015 cuando caiga la cláusula RUFO. Allí se verá si los buitres, que hoy son el centro de los ataques oficiales, pasan a ser nuevamente “bonistas respetables” o si, por el contario, como sostiene Julio Blanck en Clarín, prima una línea política que implique más y mayor confrontación.
Seguramente, la sobrecarga épica del relato oficial encontrará en esa fecha una nueva frustración, superior aún al reconocido carácter de “pagadores seriales”, que ya reivindicara la presidenta y que se pudo apreciar en los acuerdos con el CIADI, el Club de París, REPSOL y el 92% restante de los “buitres buenos”.

Un “chavismo” a la medida de los empresarios

Otro tema ineludible en todos los análisis es la recientemente votada Ley de Abastecimiento. La normativa, vigente desde 1974 y que ningún gobierno aplicó, sufrió numerosos recortes en el tratamiento legislativo. Los mismos fueron una concesión hecha a la medida de los empresarios y de sectores de la oposición. La norma se termina convirtiendo así en un simple factor de presión sobre el empresariado, con escaso margen de efectividad en el supuesto de que voluntad política no faltase, lo cual ya es suponer demasiado.

Como declaró Nicolás del Caño, diputado nacional del PTS en el Frente de Izquierda, “la Sociedad Rural y los grandes empresarios pueden dormir tranquilos”. Del Caño votó en contra de la normativa, pero desde un lugar claramente diferenciado del conjunto de la oposición, que actuó como vocero de las grandes empresas.

Lo cierto es que el empresariado (industrial y rural) puso el grito en el cielo porque ven a un gobierno débil y en retirada, que durante una década les garantizó “levantarla en pala”. Lejos de ceder, estos ataques a un supuesto “chavismo” buscan imponer más presiones para optimizar sus ganancias. Los pedidos de devaluación que vienen teniendo carácter público son parte de esta estrategia que también implica la continuidad de suspensiones y despidos en ramas específicas como la automotriz, otrora estrella del modelo económico kirchnerista. Por si hiciera falta confirmación, Mario Wainfield, otro de los editorialistas de Página12, tiene que reconocer que no hay ningún precedente de confiscaciones hechas por el gobierno nacional.

Otro enemigo “a medida” que eligió el gobierno son los gremios opositores, en especial los conducidos por Moyano y Barrionuevo. Como justamente señala Wainfield, los dirigentes sindicales son de lo más cuestionado socialmente y quienes menos se modernizaron tras las “crisis de representatividad” que vivió el conjunto de las estructuras políticas argentinas a fines de 2001.

Lo que parece olvidar el cronista es que en la vereda del gobierno no proliferan nuevos dirigentes de pasado o presente probo. Muy por el contrario, después de apoyarse durante una década en el ahora enemigo Moyano, el gobierno se recuesta sobre el Secretario General de la UOCRA, Gerardo Martínez, colaborador con la última dictadura militar o en la UOM de Antonio Caló y Juan Belén que, hace no mucho tiempo, despotricaba contra “la zurda loca”.

Más recientemente, la “estrella” de los aliados sindicales del gobierno es el Secretario General del SMATA Ricardo Pignanelli. Este garantizó, con su espectacular inmovilismo, 14 mil suspensiones en la rama y se ha convertido en el vocero principal de los ataques a las representaciones de fábrica que no le responden y resisten los despidos y las suspensiones. El ejemplo más destacado es la empresa LEAR, donde tiene influencia política la izquierda partidaria a través del PTS.

La intención del editorialista de Página12 es golpear sobre las conducciones sindicales opositoras para desprestigiar los importantes pronunciamientos nacionales que significaron los dos paros nacionales del 2014. Pero la mano nunca podrá tapar el sol. Lo que es resistido por los periodistas afines al oficialismo es reconocer que amplios sectores de la clase trabajadora han emprendido una ruptura política lenta, pero persistente, con el gobierno que decía defender el empleo.

¿Operación Buenos Aires? (o como pelear el aparato para garantizarse la cuota de poder)

El cuarto elemento que desvela a todos los editorialistas es la aparición de Máximo Kirchner. Más allá de los análisis del discurso y las contestaciones afiebradas de la oposición republicana, lo interesante es leer en la estrategia oficial la necesidad de disputar el poder de la provincia de Buenos Aires como única vía de garantizar la supervivencia del kirchnerismo pos 2015.

La Cámpora, una agrupación “estatizada”, no tiene razón de ser sin su vinculación al estado y su administración. La “estrategia Bachellet” -que anuncian diversos analistas- de mantenerse como identidad propia ante un futuro gobierno necesariamente “a la derecha”, no puede realizarse simplemente desde el llano por gente que nunca conoció esa adversidad.

Sea con Máximo, sea con la propia Cristina, la estrategia oficialista buscará limar todo lo posible el poder de sus aliados/adversarios, como Scioli, para condicionar el armado de cada una de las listas y garantizarse el calorcito del poder desde donde preparar un retorno en 2019. Sin embargo, en un país como Argentina, atravesado por un sinfín de contradicciones externas e internas, hablar de candidaturas y retornos parece un poco apresurado.








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