Política

ESCENARIO BONAERENSE

Otra de Berni: ¿cuarentena geolocalizada?

Ante el fracaso de garantizar el aislamiento en los barrios pobres, el gobierno provincial estudia la implementación de una “cuarentena comunitaria”. Las nuevas ideas persecutorias y autoritarias del ministro Sergio Berni que cuentan con el aval de Kicillof.

Walter Moretti

@patamoretti

Viernes 3 de abril | 16:03

Fotografía: @Kicillofok

La nueva postal de hoy muestra a pobres jubilados que cobran la mínima agolpados en las puertas de los muy escasos bancos existentes en los principales centros del conurbano, muchos desde la fría madrugada. Esto puso otra vez más en relieve la absoluta precariedad de la cuarentena en las zonas más pobres del conurbano bonaerense, al igual que en otros lugares del país. A principios de la semana habían sufrido el mismo tarto miles de beneficiarios de los planes sociales y la AUH. Indignante.

El aislamiento social, con el famoso lema #QuedateEnCasa, no puede cumplirse en zonas donde reinan la más absoluta e indignante pobreza, condiciones de vida humillantes donde se carece de los servicios esenciales de agua potable y cloacas; en zonas de alta contaminación y hacinamiento en hogares precarios, construidos en la mayoría de los casos con materiales de descarte. En el Gran Buenos Aires existen alrededor de 1600 villas y asentamientos donde habitan casi medio millón de familias mayormente numerosas; es decir son entre 2 y 3 millones de personas que viven en esas indignantes condiciones que a su vez son las precondiciones necesarias para la propagación del virus. Según un índice del INDEC del primer trimestre del 2019, la provincia de Buenos Aires tiene un 46 % de viviendas inadecuadas.

«Según un índice del INDEC del primer trimestre del 2019, la provincia de Buenos Aires tiene un 46 % de viviendas inadecuadas.»

A eso se suman otros agravantes: la cuarentena en las zonas pobres del GBA golpea particular y dramáticamente sobre las mujeres; se estima un aumento del 60 % en los casos de violencia de género.

En el corazón del conurbano se demostró que el aislamiento se convirtió en un arma de doble filo; por un lado no tiene efectividad en medio del hacinamiento, y por otro terminó de hundir las precarias economías de las familias que hoy pelean por conseguir un mísero bolsón de comida de malísima calidad, o son parte de los alrededor de 11 millones que aspiran recibir el subsidio de 10 mil pesos que seguramente no llegara al bolsillo de todos ellos y ellas. Un arma de doble filo que configura una situación potencialmente explosiva.

“La calle es más segura”

La humillante realidad chocó de frente a los funcionarios provinciales y nacionales, que como forma de reconocer el fracaso del aislamiento en las barriadas más pobres del conurbano estarían barajando la posibilidad de montar un “cuarentena comunitaria”, es decir un aislamiento por barrio para bajar la temperatura que empieza a calentar la caldera del conurbano.

En esta misma línea el sesudo Ministro de Desarrollo Social de la Nación Daniel Arroyo sostuvo que “la calle es más segura” porque la “lógica de la pobreza es la lógica del movimiento”. Escandaloso. Las calles del conurbano no solo están llenas de basurales, de lugares altamente contaminados que también atentan contra la protección sanitaria; las calles del conurbano profundo nunca son seguras porque están pobladas de miles de agentes de las fuerzas de seguridad que siguen con su prepotencia contra los habitantes. Como informamos la semana pasada, Berni movilizó 10 grupos de 200 policías de elite en lo que ellos denominan como “zonas calientes”.

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Pero no solo eso: a todo este despliegue Berni busca sumarle un sistema de geolocalización para vigilar la posible “cuarentena comunitaria” y así controlar cada barrio y garantizar su aislamiento. De aplicarse la iniciativa del ministro de Seguridad bonaerense, se convertiría a cada barrio en verdaderos guetos vigilados desde el Estado. Berni busca aplicar la tecnología a la versión más rudimentaria de los terraplenes de tierra que su amigo el “Sheriff” Alejandro Granados hizo en Ezeiza.

El excarapintada devenido ministro sueña con su versión bonaerense de 1984, el famoso libro de George Orwell donde el gobierno controla cada movimiento de las personas, promoviendo que se denuncien entre sí como se promueve ahora.

Berni, los intendentes y Moyano. Aceitando las “Tres B”?

En los últimos días el ministro de Seguridad ganó un protagonismo político que en gran parte eclipsa hasta al propio ministro de Salud bonaerense. La política de Berni no apunta a enfrentar el coronavirus; su preocupación es como prepararse para enfrentar y reprimir a millones de pobres que puedan rebelarse ante los mayores sufrimientos que ya están viviendo y seguramente se profundizarán al ritmo la crisis sanitaria y económica.

El presidente también apunta a fortalecer el control social cuando, terciando en la interna que mantienen con el gobernador Kicillof, llenó los bolsillos de los intendentes bonarenses para que monopolicen el manejo de la ayuda alimentaria. Cada uno de ellos, cuando se desconectaron de la videoconferencia con el presidente, ya tenía acreditados en sus cuentas 10 millones de pesos por distrito que serían renovables, más 10 mil millones para realizar pequeñas obras vecinales.

El mayor protagonismo de Sergio Berni como jefe de la Bonaerense -con la venia de Kicillof-, el espaldarazo de Alberto Fernández a los intendentes e incluso la exaltada reivindicación de Hugo Moyano podrían estar señalando los primeros pasos para aceitar el histórico papel del peronismo como el “partido del control” frente a los levantamientos y las luchas que irrumpan ante un escenario que anticipa un gran salto en la desocupación y en la pobreza estructural.

Frente al intento de restaurar las “Tres B” (Bonaerense, Barones y Burocracia sindical) hace falta avanzar en construir una mayor fuerza política de la izquierda anticapitalista y clasista, que impulse la alianza entre los trabajadores y los pobres urbanos para que la crisis provocada por el coronavirus la paguen los capitalistas. Para empezar, hay que imponerles a estos un impuesto extraordinario a la riqueza. Es una primera medida urgente para enfrentar una crisis que colocará a los trabajadores y al pueblo pobre ante una nueva experiencia con el peronismo.

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