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Pichetto, el eterno oficialista

El senador por Río Negro, Miguel Ángel Pichetto, se ha posicionado en el centro de la escena política desde el triunfo de Cambiemos en el 2015. Aquí, el repaso de una carrera política que se forjó mayormente desde las sombras.

Luis Bel

@Hachedebel

Martes 12 de junio | Edición del día

Si estudiamos el perfil de la mayoría de los políticos y políticas de los partidos patronales, podemos observar que el “camaleonismo”, “veletismo” o “borocotismo” político es un deporte que todos y todas han practicado (y lo siguen haciendo), según el sentido del péndulo del poder (llamése votos, cargos, encuestas o focus group) en ese momento. Muchas veces estos giros son tan bruscos y a tales velocidades que pueden marear al más desprevenido.

Pero el caso del jefe del interbloque Argentina Federal en el senado es realmente emblemático: si el dicho popular reza que “los gatos caen siempre de pie (o mejor dicho de patas)”, se podría decir que “Pichetto siempre cae oficialista”.

Miguel Ángel Pichetto, ese hombre de mirada fría y pelo engominado, que parece salido de alguna película de Scorsese, comenzó su carrera política a finales de los 80. Fue legislador por Río Negro de 1988 a 1996, apadrinado por Remo Costanzo, quien fuera varias veces candidato a gobernador por la provincia patagónica (sin ningún éxito). Constanzo pasó a la posteridad por ser uno de los senadores que protagonizó la “Ley Banelco”: la Reforma Laboral flexibilizadora que el por entonces gobierno de la Alianza, con De la Rúa a la cabeza hizo pasar a billetazos, y no precisamente “limpios”.

Costanzo fue denunciado por Natalia Tolosa, secretaria del ex senador, quien declaró y ratificó ante la justicia haber visto aquella noche las valijas repletas de dinero del soborno sobre el despacho del rionegrino.

Otro de los padrinos de Pichetto fue el ex presidente Carlos Menem, quien lo impulsó al Senado en 2001, cargo que ostenta desde entonces. Ya por aquellos años, haciendo gala de su facilidad para el salto con garrocha, tardó apenas seis meses en cambiar de vereda, apoyando a Carlos Ruckauf contra el inefable riojano, en su postulación como candidato al Ejecutivo nacional en las elecciones del 2003.

Menem se presentaba como candidato tras el escándalo de ventas de armas a Ecuador, causa por la cual estuvo detenido seis meses tras ser acusado de liderar una asociación ilícita. El olfato de Pichetto le avisaba que era tiempo de cambiar de ambiente.

A pesar de aquel desaire, en la reciente presentación de sus memorias, “el Carlos” le tiró un centro a uno de sus protegidos: “Lo aliento al querido amigo y hermano, senador Pichetto, a que no afloje, siga y continúe porque va a seguir triunfando. Y si él se lo mete en el alma, va a llegar a la Presidencia de la Nación. No tengo ninguna duda”, aseguró ante un Pichetto que no sabía muy bien si agradecer las flores que le habían tirado o esconder el ramo.

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Como era de suponer, luego de ser un férreo menemista, Miguelito fue un leal duhaldista. En junio de 2003, luego del triunfo de Néstor Kirchner, junto al “Zabeca de Banfield” puso manos a la obra para sacar a su amigo Carlos Menem de la conducción del PJ. La herramienta fue la Comisión de Acción Política que, presidida por el jujeño Eduardo Fellner, se encargó de colocar autoridades partidarias provisorias dejando a un lado al riojano y sus gobernadores aliados.

Todo esto con un par de fallos de la justicia electoral que reacomodaron el horizonte peronista. Como diría Jorge Asís: “Servini de Cubría conducción”.

Un Pichetto “Nac&Pop”

Tras la asunción de Kirchner, el senador por Río Negro fue un alfil clave para los manejos palaciegos de un Congreso Nacional que debía restaurar la confianza en una de las instituciones del régimen burgués que más posa de democrática.

Consultado el año pasado por Perfil sobre cuáles fueron los mejores gobiernos a su parecer, éste dijo sin dudar: “El primer Menem y el gobierno de Néstor Kirchner”.

A pesar de su simbiótica relación con Néstor, Pichetto nunca cerró la herida de no poder cumplir su sueño de llegar a gobernador de Río Negro en 2007. En la misma entrevista le reveló a Fontevecchia: “En 2007 yo perdí de manera ajustada con el gobierno nacional, por una decisión táctica de Kirchner, que fue la Concertación, una alianza con gobernadores radicales. Eso me dejó descolocado. De repente me encontré con que yo, siendo opositor de Miguel Saiz, gobernador por la UCR, pasaba a ser su aliado”.

Como le sucedió a muchos pejotistas, la relación con Néstor no fue la misma que con Cristina Fernández. En 2010, el voto de Pichetto torció la balanza para que se aprobara la Ley de Glaciares, que había llegado al senado tras una serie de modificaciones en la Cámara Baja. CFK, sin pronunciarse públicamente, apoyaba la postura del gobernador de San Juan, José Luis Gioja, que soportado por el lobby de las mineras no quería que se aprobara una ley con restricciones para la actividad extractiva.

“No es una ley antiminera” se apresuró a aclarar Pichetto. En realidad, el senador había votado pensando nuevamente en una posible futura gobernación de la provincia a la cual representa, y en la cual el tema de la megaminería y su impacto medioambiental tiene mucho peso.

Tras la derrota de Daniel Scioli frente a Macri en el ballotage de 2015, Miguel Ángel Pichetto hizo gala nuevamente de sus dotes felinas y se preocupó en caer bien parado del lado de los “dadores voluntarios de gobernabilidad”.

Allí, como jefe del bloque del Frente para la Victoria le aprobó todas y cada una de las leyes que el gobierno nacional le puso sobre la mesa. Incluido el robo a los jubilados que significó la Reforma Previsional y el pago a los fondos buitres. “Néstor Kirchner le pagaría a los holdouts”, aseguró desde su banca.

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En 2017, cuando CFK asumió como senadora, Pichetto rompió el bloque del FpV y creó el interbloque de Argentina Federal desde donde se preparaba para seguir administrando gobernabilidad según las dosis requeridas, cuando las encuestas comenzaron a mostrar que el gobierno de Cambiemos tenía debilidades, que la hegemonía amarilla tan pregonada desde los medios de comunicación no era tal y que la imagen de Macri se desmoronaba sin pausas.

Fue entonces cuando acomodó el GPS. “Recalculando”, le dijo de manera clara una voz con acento español y comenzó a bajarse de a poco de la ola amarilla a la que se había subido.

El voto favorable a la ley que intentaba retrotraer los tarifazos es solo un botón de muestra. Otros botones son las diferentes reuniones que viene teniendo con diferentes sectores del PJ luego que desde San Luis se escuchara una voz que anunciara el esperado: “Hay 2019”.

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Otros que recalcularon fueron algunos sectores del kirchnerismo, que pasaron de llamar “traidores” a todos aquellos que se alejaban de los designios de “la jefa”; al “todos somos peronistas y hay que sumar sectores para ganarle a Macri”.

El llamado a armar un gran frente “anti Macri” que se prepare para enfrentarlo recién en las elecciones del próximo año, mientras el saqueo se perpetra día tras día, no es más que otra maniobra que lleva a los y las trabajadoras a un callejón sin salida que termina con el pueblo pagando nuevamente la crisis y en manos de “pagadores seriales” de una deuda fraudulenta.

Hay que ver los límites que tienen aquellos que vienen practicando desde hace un tiempo la batraciofagia, cuando vean que en el plato vienen incluidos sapos de renombre como Miguel Ángel Pichetto, Sergio Massa o Juan Manuel Urtubey.

Este miércoles 13 de junio se trata en diputados la ley para la legalización del aborto que, de obtener media sanción, pasará a la Cámara Alta. Y si bien Pichetto, en su nuevo giro copernicano, anunció que va a votar a favor de la “despenalización”, obviamente no podemos dejar en manos de personajes nefastos como éste el futuro de la lucha de todas las mujeres.

Por eso, este miércoles tenemos que llenar las calles de una gran marea verde que se lleve por delante a los lobistas de la iglesia y los sectores más retrógrados de la derecha argentina. Porque la historia nos enseñó que los derechos se ganan en las calles.

Algunas frases del “compañero” Pichetto

Sobre el pago de la deuda externa:

“Tenemos que pagar la deuda externa, no podemos caer en el default como Correa en Ecuador. No somos un país bananero, tenemos que pagar”.

Sobre los inmigrantes:

“Tenemos que dejar de ser tontos. El problema es que siempre funcionamos como ajuste social de Bolivia y ajuste delictivo de Perú”.

“Perú resolvió su problema de seguridad y transfirió a todo el esquema narcotraficante: las principales villas de la Argentina están tomadas por peruanos. La Argentina incorpora toda esta resaca”.

“A los africanos los usan de mascarón de proa para el control de la calle. En los últimos 25 años ha habido un marco de políticas muy flexibles en materia migratoria”.
“Le aclaro que también han ingresado ciudadanos senegaleses y centroafricanos que practican el islamismo”.

Sobre el atentado a la AMIA:

“Un atentado muy grave, que le costó la vida a argentinos de religión judía y argentinos argentinos que estaban en ese lugar”.







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