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¿Por qué Alberto Fernández fue clave para convertir a Clarín en un monopolio?

El candidato presidencial kirchnerista fue fundamental para hacer realidad los deseos de Magnetto. La fusión de Cablevisión y Multicanal, ese hito logrado gracias al exjefe de Gabinete.

Daniel Satur

@saturnetroc

Lunes 10 de junio | 23:32

Durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández el periodismo oficialista hizo gala del uso (no siempre riguroso) del “archivo”.

Es cierto que la recuperación documental del pasado, buscando recrear parte de la memoria colectiva sobre décadas como la del 70 o del 90, tuvo ejemplos valorables como el del canal Encuentro. Pero no es menos cierto que, en su fase seisieteochesca, la compilación archivística se transformó en una herramienta (bastante mal usada) de combate político y comunicacional en función de los intereses partidarios del kirchnerismo.

Haciendo honor a ese recurso vital del periodismo (que trasciende obviamente los desaguisados de “los pibes de liberación”), vale la pena recuperar un hecho del pasado reciente que tiene como protagonista nada menos que al candidato presidencial de Unidad Ciudadana.

Un hecho que deja de manifiesto, mal que les pese a muchas y muchos, el invalorable aporte del exjefe de Gabinete al proceso de constitución de uno de los monopolios económico-mediáticos más importantes del mundo: el Grupo Clarín.

Desde ya que el compañero de fórmula de Cristina no fue determinante para que Clarín se quedara con Papel Prensa en los 70, ni con Radio Mitre en los 80 ni con Canal 13 en los 90. Pero así como Eduardo Duhalde fue clave en 2003 para que el Grupo pudiera licuar una deuda impagable, Néstor Kirchner y su jefe de Gabinete lo fueron para que Héctor Magnetto y Ernestina Herrera de Noble llegaran a cotizar en la bolsa de Londres y entrar al top ten de las operadoras de cable e Internet del mundo.

Socios de Magnetto

En su libro Pecado original. Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder (Planeta, 2011), la periodista e investigadora Graciela Mochkofsky relata muchas de las circunstancias que rodearon a esa historia de “amorodio” entre la pareja de políticos patagónicos y las huestes mediáticas de Magnetto.

Mochkofsky afirma que “apenas obtuvo el gobierno, Kirchner tradujo en una política su visión sobre los medios y el periodismo: trazó una línea entre aliados y enemigos, concedió a unos el acceso a la información y primicias, y retribuyó a los otros con silencio informativo absoluto y una confrontación pública en la que los identificó como opositores políticos”.

Entre los medios enemigos estaba La Nación. Es recordada la anécdota, contada años después por el propio Kirchner, según la cual el 5 de mayo de 2003 el todavía candidato presidencial desayunó con José Pablo Escribano (director del diario) en el departamento de Alberto Fernández (entonces jefe de campaña del Frente para la Victoria).

Aquella reunión fue idea del propio Fernández, pero no terminó como él y su jefe pretendían. Según dirían luego, Escribano quiso ponerles algunas “condiciones” (muy propias del historial reaccionario y derechista del matutino) a cambio de tratarlos bien periodísticamente, cosa que ambos dirigentes políticos no quisieron aceptar.

La única persona a la que Kirchner “quiso” de La Nación fue a Fernán Saguier (uno de los dueños y jefe de redacción), a quien había conocido en 2002 en El Calafate. Precisamente había autorizado a Fernández a reunirse con él regularmente para intercambiar pareceres aunque le prohibió darle información de Gobierno. “Te pido que me comprendas pero si no te doy primicias es porque no me conviene”, le llegó a decir el jefe de Gabinete a su interlocutor.

Distinta sería la historia con Clarín (y particularmente con Magnetto) a quien Kirchner consideraba uno de los factores de poder más visibles de Argentina y a quien pretendía convertir en un vital aliado de su gestión.

Kirchner y Magnetto se conocieron durante la campaña de 2003. Fue el mismo candidato el que lo buscó al CEO, por sugerencia de su entonces “mentor” Eduardo Duhalde. Como Clarín era en ese momento antimenemista, Kirchner vio la posibilidad de la corporación apoyara su candidatura. Y así fue.

La primera cita (más bien una visita de presentación) fue en el despacho del CEO en la sede del diario. El resto de las muchísimas reuniones, durante más de dos años, serían en la Casa Rosada o en la quinta de Olivos. Dicen quienes saben de esos encuentros que el Presidente le dispensaba al empresario una confianza y estima casi como la que se tienen viejos amigos de la infancia.

Esa relación entre el Gobierno y Clarín fue más que evidenciada a través de las innumerables tapas del matutino, zócalos de TN, boletines informativos de Radio Mitre y toda una batería de acompañamientos, reivindicaiones y elogios a las políticas llevadas adelante desde la Casa Rosada.

Graciela Mochkofsky afirma en su libro que “durante dos años hubo, sobre todo, gestos y palabras de acuerdo. Los funcionarios nacionales recibían a los periodistas de Clarín; Kirchner mismo ordenaba qué anuncios adelantar al diario, que siempre obtenía la primicia sobre los actos de gobierno; los cafés en Casa de Gobierno y los almuerzos en Olivos eran alegres y cordiales, como son los encuentros entre amigos -o, más precisamente, entre dos hombres del poder que comparten un entendimiento”.

“Kirchner daba a Magnetto lo que éste siempre había soñado: sentarlo a la mesa del poder político como un igual”, sentencia la investigadora.

El sueño del monopolio propio

Entre 2005 y 2007 la mayor preocupación de Magnetto y Herrera de Noble era conseguir la fusión entre Multicanal y Cablevisión, es decir entre la empresa de televisión por cable que tenía el grupo y la que hasta entonces había sido su principal competidora (incluso en algunos segmentos de negocios la superaba). La televisión por cable era en ese momento el área de negocios del Grupo que le dejaba más ganancias.

Magnetto había intentado comprar Cablevisión una década antes, pero Eduardo Eurnekian (el dueño de entonces) se la había vendido al grupo estadounidense TCI. Pero cuando en 2005 decidió volver a la carga, el cable ya no era solo un negocio televisivo. Tanto Multicanal como Cablevisión, Telefónica y Telecom desataban una feroz y multimillonaria competencia en el mercado de Internet por banda ancha.

El 28 de septiembre de 2006, tras largos meses de negociación, Clarín se terminó haciendo del paquete accionario de Cablevisión por un total de U$S 1.100 millones. Para ello contó con la inestimable colaboración del fondo de inversión Fintech, propiedad del mexicano David Martínez Guzmán, un buitre como pocos especializado en triangular transacciones en beneficio del mejor postor.

Según Mochkofsky, una semana antes de la compra el mismo Martínez Guzmán se había encontrado con Kirchner en Nueva York durante una visita oficial del Presidente y le había anticipado la operación.

Magnetto y Herrera de Noble ya tenían el 47,3 % del negocio de la televisión por cable del país, convirtiéndose en la primera operadora del rubro a nivel latinoamericano e ingresando en el top ten mundial. Con esa compra, el Grupo pasó de facturar $ 2.100 millones a $ 3.600, lo que le permitió cumplir con un largo anhelo: cotizar por primera vez en las bolsas de valores de Buenos Aires y Londres.

Pero para que la alegría de “la corpo” fuera completa faltaba algo. La fusión debía estar aprobada por el Estado argentino a través del Poder Ejecutivo. Y allí el hoy candidato a presidente del kirchnerismo fue clave.

Alberto, el gran operador

En “Pecado Original”, Mochkofsky afirma que desde la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (dependiente del Ministerio de Economía), su titular José “Pepe” Sbattella aseguraba (tras haber estudiado el asunto en profundidad) que la operación devino en una clara maniobra de “concentración monopólica”, lo que le daba a Clarín total poder para fijar tarifas e imposibilitar que otros actores pudieran competir en igualdad de condiciones.

Pero las cartas estaban echadas. El mismo Néstor Kirchner había decidido que la fusión se aprobara costara lo que costara. Graciela Mochkofsky lo relata muy bien. La opinión de Sbatella “desató una dura pelea en el interior del gobierno y en la propia Comisión, donde se encontró con la oposición de sus subordinados, que avanzaban en un dictamen favorable mientras él redactaba un dictamen crítico. Sbatella sostenía que en los lugares en los que no había otro operador de cable se debía llamar a licitación para que hubiera competencia; que en las ciudades en que Cablevisión y Multicanal se superponían, Clarín debía vender una de las dos empresas y dar cabida a una competidora”.

“No era esto lo que quería Kirchner, que había dado la orden de aprobar la fusión”, afirma la investigadora. Y agrega que el Presidente “pidió a Alberto Fernández que se
asegurara” de que Sbatella se ajustara a sus deseos. Así fue que el jefe de Gabinete, según la reconstrucción realizada en el libro, llamó al titular de la CNDC.

  •  Pepe, ¿qué está pasando?- preguntó el jefe de Gabinete.
  •  Esto es una macana- se plantó Sbattella.
  •  Pero si todo esto, de hecho [la fusión entre los cables], ya está funcionando así.

    Alberto Fernández le sugirió a Sbattella que a lo sumo hiciera un dictamen de “apoyo crítico” a la fusión pero que no implicara problemas para Magnetto. Incluso estaba en el medio el enorme negocio de las transmisiones de fútbol de la AFA, en manos de Clarín y sus “codificados”. También eso le impidieron cuestionar públicamente a Sbatella.

    El dictamen de la CNDC salió como querían Kirchner y Fernández. Como deseaban Magnetto, Herrera de Noble y todos sus secuaces. Tan claro fue todo que, en la redacción final del dictamen, hasta se daba por sentado que, en lugar de atentar contra la competencia, la fusión la beneficiaría.

    El texto dice “cabe destacar que dada la densidad poblacional y el mayor poder adquisitivo que se verifica en el AMBA, es de esperar un mayor desarrollo de las redes y servicios por parte de los actuales y potenciales competidores de las empresas notificantes, lo cual diluiría la preocupación por la competencia en este mercado”. Palo y a la bolsa.

    Luego de dos años de reuniones secretas, de mensajes públicos y de pase de manos de millones y millones de dólares, finalmente los CEO de Clarín vieron consumada una de sus conquistas más esperadas. El 7 de diciembre de 2007, con la firma del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, finalmente se aprobaba la fusión de Multicanal y Cablevisión.

    Derechos adquiridos

    Tres días después de aquel regalo estatal a la corporación, Néstor Kirchner le dejaba el sillón de Rivadavia a su esposa Cristina Fernández. Alberto seguiría a cargo de la Jefatura de Gabinete durante otros siete meses y medio. Su renuncia, el 23 de julio de 2008, estaría marcada por la ruptura de relaciones intercapitalistas entre la gestión de CFK y las patronales agrarias a raíz de la Resolución 125 (ideada por el exministro de Economía Martín Lousteau, hoy aliado de Cambiemos).

    Tan identificado quedó Fernández con Magnetto que las espadas periodísticas del kirchnerismo no escatimaron epítetos, insultos y descalificaciones para con él, al punto que se hizo “deporte” llamarle “operador de Clarín”, traidor al servicio de la “la corpo” y varios calificativos más.

    Durante años Fernández cuestionó duramente al kirchnerismo por sus roces y rasguños con algunas corporaciones nacionales y multinacionales (apoyándose siempre en otras). Y lo hizo desde los micrófonos de TN, Radio Mitre y Canal 13 y las páginas de Clarín y La Nación.

    Por eso no sorprende para nada que, una vez ungido candidato presidencial por su exadversaria, él haya decidido aclarar de antemano su voluntad de convivencia pacífica con todos los poderosos del país. Primero dijo que “se terminó la guerra con Clarín y que confía en “ir limando asperezas” con el Grupo. Y después afirmó que todo lo que Clarín haya comprado “legalmente” o haya sido “avalado por el Estado” toma estatus de “derecho adquirido”.

    La coherencia de Fernández, demostrada en esta breve compilación archivística, debería causar preocupación en quienes tienen alguna expectativa de que el candidato haga algo contra los monopolios. Al menos, en quienes reconocen en Clarín a uno de los factores de poder más nocivos para los intereses populares.







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