Mundo Obrero

EN DEFENSA DE LOS TRABAJADORES DEL SUBTE

¿Por qué la UTA no representa a los trabajadores del subte?

Una larga de historia de más de cuarenta años de organización y lucha lo explica.

Miércoles 6 de junio | Edición del día

La Asociación Gremial de Trabajadores del Subterráneo y Premetro (AGTSyP) existe desde hace casi 10 años, pero la legitimidad de su representación sindical se remonta a muchísimos años antes: una poderosa organización de base, el Cuerpo de Delegados surgido a fines de los ‘90, de la mano de la cual los trabajadores conquistaron el histórico reclamo de la jornada laboral de 6 hs por insalubridad en 2004.

Poner en pie una organización de base y democrática, como lo fue el Cuerpo de Delegados, forma parte de una práctica con tradición dentro de los trabajadores del subte que se remonta a mediados de los años 70.

La contracara de esta tradición combativa es la conducción de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), representando siempre los intereses patronales y contrarios a los de los trabajadores.

La campaña oficial, de Metrovías y los Gobiernos nacional y de la Ciudad de Buenos Aires, que cuestiona al sindicato de los trabajadores del subte y busca instalar a la UTA (del club de los que pactan paritarias siempre a la baja) como los legítimos representantes de los trabajadores, no tiene ningún asidero en la realidad ni presente ni pasada de esos trabajadores. Veamos.

La Coordinadora Interlíneas

En 1975, los trabajadores del subte crearon la Coordinadora Interlíneas, conformada por delegados de las 5 líneas de subterráneos, los talleres y de un sector antiburocrático de choferes de colectivos. Sus características tuvieron mucho que ver con un proceso de organización que atravesó al movimiento obrero argentino de esa época, que fue precedido por dos años de conflictos obreros, que eran la respuesta de los trabajadores al Pacto Social impuesto por Perón, que prohibía el aumento de salarios.

En el interior de las fábricas y empresas surgió un proceso de lucha, que trascendió lo reivindicativo, y de organización. Así, nacieron agrupaciones, listas sindicales, comisiones internas y cuerpos de delegados opuestos a la burocracia.

En este contexto surgieron las Coordinadoras Interfabriles, que eran organismos de frente único, y estaban integradas por organizaciones de base de distintas estructuras. Estas coordinadoras jugaron un rol destacado en los meses de junio y julio de 1975 durante las movilizaciones y huelgas contra el Plan Rodrigo del gobierno de Isabel Perón.

En este marco cobró vida Interlíneas, cuyos puntos programáticos eran: aumento salarial, no a las represalias contra los trabajadores que realizaran medidas de lucha o reclamos, libertad a los trabajadores presos por luchar y protección frente las "bandas armadas" que asediaban a los activistas.

El periódico Avanzada Socialista definía a la coordinadora como “un organismo ad-hoc de la UTA, no reconocido por este gremio, ni por la empresa”. La conducción de la UTA, utilizó los medios de la época para desautorizar a los delegados elegidos por los trabajadores y sus medidas de lucha, mientras que sus dirigentes acusaron a los activistas de llevar adelante "paros divisionistas".

A pesar de esto, Interlíneas se convirtió en una institución reconocida. Los diarios de ese año reflejaron una serie de paros y medidas de lucha, llevados adelante por ese organismo.

En marzo del ‘76 llegó el golpe militar e Interlíneas, como el resto de las coordinadoras, fue destruida, y varios de sus integrantes encarcelados y desaparecidos. Se produjo así un corte más que abrupto en la tradición de lucha y organización de los trabajadores de nefastas consecuencias.

La Mesa de Representantes

Hacia finales de la dictadura, los trabajadores del subte exigieron a la directiva de la UTA que la empresa reconozca el derecho de los trabajadores a tener de nuevo una organización sindical. La empresa lo aceptó y fueron elegidos alrededor de 40 delegados por línea y por sector. Se llamó la Mesa de Representantes.

Uno de los grandes ejes fue el reclamo de la jornada laboral de 6 hs por insalubridad, que había sido desconocida por la dictadura de Onganía y luego por la de Videla, que llevaron la jornada a 7 hs.

Desde su fundación y hasta 1984, los trabajadores realizaron una serie de medidas, incluidos paros, sin ningún aval de la dirección de la UTA, mediante los cuales conquistaron la reducción de la jornada a 6 hs.

Luego, protagonizaron varias luchas por salario y contra las bandas salariales impuestas por el gobierno radical de Raúl Alfonsín. Entre esas medidas hicieron paros sorpresivos que estaban votados en asamblea y que contaban con el rechazo de la burocracia de la UTA.

La privatización

En noviembre de 1993 fueron privatizados el servicio de subterráneos y la línea de ferrocaril Urquiza y concesionados al grupo Roggio. Más de dos mil despidos directos y bajo la figura de “retiro voluntario" y la eliminación de la organización sindical produjeron una ruptura otra vez, como lo hizo el golpe del 76, en la tradición de organización y lucha de los trabajadores.

Sobre esta base, la empresa y el gobierno de Carlos Menem asestaron un ataque: elevaron la jornada laboral a 8 hs.

“La UTA colaboró con el proceso de dejar afuera trabajadores después de la privatización. Hizo campaña para que los trabajadores no firmaran un contrato con Metrovías, cuando se hizo cargo de la concesión, porque eso implicaba aumentar dos horas la jornada de trabajo, pero después no hizo campaña para defenderlos cuando esos compañeros fueron despedidos” cuenta Claudio Dellecarbonara, miembro del Secretariado Ejecutivo de la AGTSyP y dirigente de la Agrupación Bordo.

Un claro ejemplo de qué intereses defiende y defendió la burocracia de la UTA.

Los años del 94 al 97 fueron de resistencia silenciosa. Los pocos activistas que quedaron estaban desperdigados y no podían realizar ninguna acción debido a que la empresa ejercía una férrea vigilancia sobre los trabajadores, incluyendo sanciones. Convivían, además, con una abrumadora cantidad de trabajadores nuevos que nada sabían de la tradición antiburocrática y de la historia de las 6 horas, entre otras cosas.

"Durante varios años limpiamos letrinas y decíamos ‘sí, señor’. Cuando echaban a un tipo nadie se animaba ni siquiera a saludarlo. La consigna en ese momento para que no nos echen era el silencio”, así ilustra esos años Roberto Pianelli, actual secretario general de AGTSyP en Experiencias subterráneas, de Ediciones IPS.

En 1997, lo trabajadores realizaron el primer paro contra dos despidos. Ese año también se formó el primer Cuerpo de Delegados. A partir de ese año, comienza un proceso de organización y en el 2000 los trabajadores combativos conquistan algo que será clave para luchar por las 6 hs., una abrumadora mayoría en el Cuerpo de Delegados, en detrimento de la burocracia de la UTA.

Del 2000 al 2004 las acciones de los trabajadores tienen por objetivo volver a conquistar la jornada laboral de 6 hs. y lo logran con una dura huelga de cuatro días. En 2004 también obtienen otro triunfo que es desplazar a la burocracia del Cuerpo de Delegados.

Dos años más tarde conquistan el pase a planta permanente de los trabajadores tercerizados pertenecientes a más de 10 empresas tercerizadas, surgidas luego de la privatización.

La lucha actual

Estos hitos en la historia de la organización y la lucha de los trabajadores del subte son la base sobre la cual se asentó la creación de su sindicato y explican la razón por la cual la representación de los trabajadores no puede, ni hoy ni hace 40 años, estar en manos de la UTA.

La experiencia les ha indicado a los trabajadores que para luchar por sus reclamos, como el histórico de la jornada laboral de 6 hs, subordinarse a la conducción de la burocracia los conducía al fracaso y los dejaba impotentes ante los ataques patronales.

Hoy es una tarea de primer orden la defensa del sindicato. Claudio Dellecarbonara, y el resto de los trabajadores de la Agrupación Bordo, vienen planteando una política alternativa a la de la mayoría de la directiva no sólo para ganar el reclamo salarial y derrotar el miserable techo salarial que quieren imponer Metrovías y el Gobierno, sino para defender la organización sindical conquistada, retomando las viejas tradiciones democráticas y combativas.

Difundimos algunos de sus planteos. Buscar la unidad con los usuarios que sufren las pésimas condiciones del servicio y los constantes aumentos de tarifas. Por esa razón, Dellecarbonara fue parte del amparo que frenó el tarifazo junto a los diputados porteños del PTS en el Frente de Izquierda Myriam Bregman y Patricio del Corro. Definir el plan de lucha, que combine aperturas de molinetes con paros escalonados, de manera democrática en asambleas, retomando una vieja tradición dentro de los trabajadores y coordinar con todos los sectores en lucha.

Para que toda la fuerza de los trabajadores, junto a las organizaciones solidarias y los usuarios, se ponga en movimiento y sea capaz de derrotar los planes de Metrovias y el macrismo.







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