Economía

MARKETING ELECTORAL

¿Qué hay de cierto en el “éxito” económico que Macri llama a votar?

El oficialismo se entusiasma con los números de la economía. La campaña y el marketing electoral lo obligan a exagerar los resultados. Realidad, desequilibrios de la economía y agenda antiobrera.

Pablo Anino

@PabloAnino

Martes 3 de octubre | Edición del día

En plena campaña electoral Mauricio Macri visitó las ciudades de Olavarría y Bahía Blanca. En esta última, el presidente afirmó que el Gobierno no se detendrá en "el primer éxito".

El “éxito” que el presidente celebró refería a la baja de dos puntos porcentuales en el índice de pobreza en el primer semestre de este año en relación el segundo de 2016. En esa lectura, comparando períodos no equivalentes, Macri se tomó cierta “licencia estadística”, dando cuenta de algo que ni el propio reporte oficial del Indec registró.

El oficialismo, en una interesada campaña de marketing de las estadísticas económicas, busca instalar la idea de que lo peor ya pasó, que la reactivación está definitivamente en marcha. Es lo que afirmó el presidente al llamar a "reconfirmar y ratificar la convicción de que vamos por el camino correcto".

Los fríos números no son tan alentadores para el pueblo trabajador, pero el duranbarbismo busca vulnerar la realidad y generar la sensación de que, aunque los bolsillos digan lo contrario, comenzó la era de la alegría.

Según estimó el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, los primeros meses del macrismo en el Gobierno generaron 1,5 millones de nuevos pobres y 600 mil indigentes.

Recordemos que el “apagón estadístico” del inicio de la nueva gestión del Indec impide tener datos del primer semestre del año pasado para conocer a ciencia cierta si la pobreza bajó o subió comparando períodos equivalentes de este año. Pero lo importante es el marketing.

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Es probable que la semi “tregua” electoral que tuvo el ajuste de Cambiemos haya permitido a algunos de los que cayeron en la pobreza e indigencia el año pasado salir de esa situación.

En junio de este año, la canasta de pobreza para un hogar tipo estaba valorizada en $ 14.811,08. No es estrictamente comparable el período, no obstante, en el segundo trimestre, el 40 % de los hogares tenían ingresos totales menores a $ 15.000. Algunos "detalles", como $ 200 o $ 300 más o menos, hacen "caer" o "salir" de la pobreza, según la medición de ingresos.

Pero es ostensiblemente claro que las políticas de Cambiemos bien lejos están de llevar a una mejora sustancial de la situación de precariedad de la vida: en los aglomerados relevados por Indec existen casi 8 millones de personas pobres, entre ellos 4,3 millones residen en el Gran Buenos Aires.

Incluso, si el presidente se tomó licencia para hacer una particular lectura de las cifras de pobreza del Indec, también tendría que haber mencionado que, según esos mismos datos, el porcentaje de personas indigentes aumentó. Pero las exageraciones valen para un solo lado.

¿Qué hay de cierto en la reactivación?

"Pasamos el momento de transición más difícil, hoy la Argentina está creciendo otra vez, pero no nos podemos quedar en el primer éxito, lo tenemos que reconfirmar, ratificar, para tener 20 años de crecimiento", planteó el mandatario en la planta de la imperialista Dow Chemical.

Recordemos que en cada visita al conurbano bonaerense durante las semanas previas a las PASO de agosto, Mauricio Macri reconocía que “hay gente a la que todavía no le llegó el cambio”.

En esa actitud típica de Juan Domingo Perdón, ese personaje construido por Peter Capusotto para caricaturizar la cínica postura de quien está atacando pero finge empatía con sus víctimas, el presidente buscaba un voto de confianza de trabajadoras y trabajadores golpeados por el ajuste.

Eran momentos en que la inflación de julio había pegado un salto y numerosos casos de cierres de fábricas y despidos, como en la heroica lucha de trabajadoras y trabajadores de PepsiCo, salían a la luz. ¿Qué pasó desde entonces? ¿Cambiaron los números de la economía o cambió la realidad?

Lo que ocurrió es que el Gobierno concentró una gran cantidad de iniciativas de política económica para que impacten en el período electoral: la obra pública, aumentos en paritarias, descuentos del Banco Provincia, préstamos a beneficiarios de la Anses, entre otras.

Tanto que Mario Blejer, el ex asesor económico de Daniel Scioli durante la campaña presidencial de 2015, un hombre del establishment financiero internacional, elogió al macrismo de una extraña manera: “está haciendo la misma política media populista que hacía el gobierno anterior y más”.

Con toda esa intervención el Gobierno logró estabilizar muy parcialmente la economía. Por eso los funcionarios se muestran exultantes sobre los “brotes verdes”. No obstante, los resultados no son para estar tan felices: la economía todavía no termina de recuperarse íntegramente de la destrucción del año pasado.

Por ejemplo, el Estimador Mensual de Actividad Económica creció un moderado 2,1 % interanual en el acumulado hasta julio, pero el oficialismo resalta un dato puntual: que en el séptimo mes la actividad creció 4,9 % interanual.

Algo similar ocurre con el salario. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, afirmó que los salarios le ganan por goleada a la inflación. Pero en junio de 2017 (último dato disponible) el salario real promedio del conjunto de los trabajadores registrados (privados y públicos) es 5,9 % inferior al vigente en diciembre de 2015.

Ahora, si se mira sólo el resultado puntual de junio, el salario real es circunstancialmente más alto que en el sexto mes del año pasado cuando los ingresos de los trabajadores se había hundido bajo el cimbronazo de la devaluación de diciembre de 2015.

La alquimia numérica no modifica la realidad. Lo que se observa con el salario real, al igual que en muchas otras variables económicas, da cuenta, por el momento, de una recuperación totalmente contingente y puntual vinculada a la intervención de la “mano visible” del Estado.

Lejos estamos de una recuperación gracias a la “mano invisible” del mercado, a una lluvia de inversiones y al obrar de los "entrepreneur" del relato oficial. No hay un nuevo ciclo económico de crecimiento orgánico con motores renovados.

El reordenamiento capitalista

¿Cómo se lograron estos circunstanciales “buenos” resultados económicos? Agudizando los desequilibrios prexistentes, como ocurre con el déficit fiscal por la estampida de los intereses de deuda.

Por el financiamiento externo, principalmente para cubrir ese déficit, el stock de deuda externa bruta del Gobierno general (nación, provincias y municipios) se incrementó en U$S 51.312 millones desde la asunción de Cambiemos hasta el segundo trimestre de 2017.

Ese círculo vicioso se observa en otras variables: en la bola de nieve de Lebac, en una inflación que a pesar de haber bajado está en un piso alto que preocupa al establishment económico, en el déficit comercial que adquiere niveles históricamente elevados, para mencionar los principales desequilibrios.

La clase empresarial reclama cargar en las espaldas del pueblo trabajador los costos del reordenamiento económico a través de reformas fiscales, laborales y previsionales.

Es lo que conversó el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, con la cúpula de la Unión Industrial Argentina mientras Macri vendía en Bahía Blanca la idea de que lo peor ya pasó.

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