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Radiografía de un candidato: Sergio Palazzo se lanzó para la conducción de la CGT

Con un acto en Ferro que reunió a unos treinta gremios, el dirigente bancario formalizó su postulación.

Miércoles 13 de julio de 2016 | 18:19

Fue crítico del kirchnerismo pero sin estar del todo separado. Al mismo tiempo, mantuvo duros cruces con Axel Kicillof sobre la política monetaria. Siendo un malabarista de los reclamos, mantuvo su gremio entrando y saliendo de los conflictos salariales de acuerdo a los diferentes vientos políticos que soplaban.

Sergio Palazzo mantenía una posición distante del kirchnerismo debido a la cuestión del impuesto a las ganancias. La presión que se le generaba desde la base de los miles de trabajadores que estaban alcanzados -casi en su totalidad- por el impuesto era el motivo.

Radical y sin militancia partidaria, se reconocía como uno de los pocos votantes de Scioli en la última elección, separándose de una política de ajuste que se proponía como única salida frente a un triunfo macrista.

Con el ascenso del nuevo gobierno, mantuvo una posición de alerta afirmando que el “sujeto” del gobierno de Macri serían los mercados financieros por encima de las políticas sociales, alertando de que se necesitaría una CGT unificada y fuerte ante los ataques y ajustes por venir.

Palazzo es un tiempista del conflicto. En diciembre decía que habría que esperar a que “comience a girar la rueda” –en relación al gobierno de Macri- para ver qué resultados tenía sobre los salarios y cual era la política de frenar la inflación por parte de Cambiemos. Con esa premisa pospuso la negociación paritaria que se había abierto el 1° de enero para después del verano y aceptó una suma puente, que se encontraba muy por debajo de los niveles de inflación alcanzados.

Al descontento por la suma puente se sumaron el 28 de enero 47 despidos en el Banco Central. En el marco de la ola de decenas de miles de despidos en el conjunto del Estado, Palazzo tenía margen para manejar el conflicto sin demasiada exposición y evitar romper los pactos de paz que acordara en la firma de la suma puente a inicios de año.

Limitándose a un acampe en la puerta del Central, el dirigente mantenía una presencia en el conflicto y una aparente dureza, mientras declaraba “si no reincorporan a los trabajadores del BCRA, haremos una movilización el 1° de marzo frente al Congreso cuando Macri inaugure las sesiones legislativas”. Esto le daba casi dos meses de aire a las patronales para resolver el conflicto sin “heridos” y sin medidas tomadas por la base, manteniendo a raya -con proscripciones de listas y maniobras- a un incipiente surgimiento de agrupaciones opositoras de izquierda dentro del sindicato, que acusaban al gremio de manejar el conflicto de manera burocrática.

Se agrava el conflicto

Luego del guiño dado a las patronales con el acampe y las declaraciones de bajo fuego, se sumaron en el Banco Provincia siete despidos y la amenaza del Banco City de cerrar sus puertas en el país y dejar a más de dos mil trabajadores en la calle.

El 1° de febrero la Bancaria realiza la primera jornada de protesta contra los despidos en la city porteña y cientos de manifestantes y militantes bancarios acompañan la movilización. Sin llamar al paro, prometen más movilización y planes de lucha con interrupción del flujo de caudales, dando tiempo hasta el 15 de marzo.

El primero de marzo, aun sin resultados y sin llamar al paro nacional, el sindicato organiza una marcha hacia el Congreso en donde Macri estaba inaugurando las sesiones legislativas 2016; al acercarse a las inmediaciones del edificio la marcha con miles de trabajadores que se convocaron en contra del ajuste y de los despidos, es reprimida por Policía y la Gendarmería.

La represión sentaba un precedente nefasto que ya no podrían maquillar con discursos encendidos; la base de los trabajadores reclamaba acciones concretas y un plan de lucha que enfrentara el ajuste, la inflación, la paritaria atrasada y ahora la represión de la protesta.

Un discurso reciclado frente a nuevas aspiraciones

Las fotos de Palazzo enfrentando a la Policía recorrieron los medios y abrieron nuevas posibilidades en su carrera política. El dirigente que daba tiempo a los patrones y al Gobierno para resolver los conflictos, quien hasta ese momento y a pesar de que las calles se ganaban en contra del ajuste y los despidos, se mostraba reacio a llamar a un paro nacional, se encontraba cercado por cientos de trabajadores que exigían medidas firmes y no querían dilatar más el conflicto.

Frente a estos nuevos vientos, fortalecido y a la vez cercado por la situación, no dudó en llamar a un paro nacional para el 14 de abril, contra los despidos en los bancos y por la paritaria atrasada.

El 23 de abril finalmente el BCRA reincorporó a un tercio de los despedidos y el Banco Provincia a seis de los siete cesanteados. A la vez que se firmó un aumento del 33% en la paritaria que, en el marco de la firma a la baja que hicieron todas las conducciones sindicales, terminó estando entre los acuerdos más altos, en el marco de que también hubo pérdida frente a la inflación.

El conflicto abierto, la presión de la base, dos importantes movilizaciones de miles de bancarios, la buena cintura política del dirigente y pésima del gobierno, se conjugaron para dejar fortalecido y legitimado a Sergio Palazzo para aventurarse en su gran aspiración, ser uno de los dirigentes de una futura CGT unificada.

Declaraciones elogiando a Moyano, pero advirtiendo que se necesita unificar con dirigentes nuevos que permitan programar para los próximos diez años, lo llevaron a encabezar el acto en Ferro que lo tuvo como principal orador, respaldado por más de treinta gremios que prometen ser la nueva figurita difícil a ser disputada por quienes quieran mantener la gobernabilidad de los próximos ocho años.








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