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Ricardo Lorenzetti: perfil del hombre más poderoso en el Poder Judicial por más de una década

Un repaso por los orígenes del presidente de la Corte Suprema que dejará su cargo a fines de septiembre. Su relación con el kirchnerismo, que habilitó su reinado, y con el macrismo.

Viernes 14 de septiembre de 2018 | Edición del día

Ricardo Lorenzetti es uno de los hombres más poderosos de la Argentina y uno de los funcionarios públicos con sueldo más abultado, cobra más de 340 mil pesos en bruto, más que el presidente Mauricio Macri.

Pasó de su Santa Fe natal y sin ninguna experiencia en al Poder Judicial a ser miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sin escalas. Y casi sin escalas también se convirtió en su presidente por once años.

Sus inicios empresariales

Nació en 1955 en Santa Fe. En la década del ’70 fue militante de la Juventud Peronista (JP). Según relata el libro El señor de La Corte de Natalia Aguiar, luego de un intento de secuestro a poco de llegado el golpe del ’76, eligió no exponerse tanto y abandonar su militancia para terminar su carrera. En 1978 se recibió e instala su estudio jurídico en la ciudad de Rafaela, Santa Fe, de donde es oriundo.

A pesar de la clandestinidad que imponía la dictadura, siempre mantuvo lazos con los sectores políticos (peronistas y radicales) de la provincia y de la ciudad. Pero a lo que se dedicó full time es a hacer negocios con su estudio jurídico a “dos puntas”, al convertirse en abogado de algunos sindicatos como madereros y comercio, pero también de sectores empresarios, sobre todo ligados a la salud privada que hicieron grandes negociados con el PAMI, cuando estaba dirigido por el menemista Víctor Alderete durante los ’90.

Su carrera judicial bajo el kirchnerismo

Su ingreso al Poder Judicial fue da de la mano de Néstor Kirchner. Sin ningún tipo de experiencia en este ámbito, Kirchner propone su candidatura como miembro de la Corte Suprema en 2004, apostando a que de la mano de su figura, y una serie de reformas, su gobierno pudiera cambiar la tan mala apariencia de ese poder en su conjunto y la Corte Suprema en particular. Esa iniciativa fue parte de recomponer las instituciones del régimen político argentino, luego de la crisis social, política y económica que atravesó el país a fines de diciembre del 2001.

¿Por qué la Corte Suprema en particular? Porque, entre otras cosas, tenía que remontar el desprestigio enorme en el que se había hundido en la década del ’90, durante el gobierno de Carlos Menem. La “corte adicta” se la llamaba por su servilismo al poder político. Y sus miembros pasaron a ser popularmente conocidos como los “jueces de la servilleta”, que obedecían las órdenes del ex funcionario menemista Carlos Corach y el propio Menem, entre los que se encontraba el ex juez Norberto Oyarbide, y el actual Claudio Bonadio. Los dos funcionarios judiciales que tienen el triste récord de ser los jueces con más causas en su contra por “enriquecimiento ilícito” e “incumplimiento de deberes de funcionario público”.

Ni bien integró la Corte Suprema, Lorenzetti soñó con ser el máximo jefe de esa institución, deseo que conquistó en 2007. Sabía que su nula carrera judicial le jugaba en contra y busco cómo contrarrestarlo.

En Los Supremos, Irina Hauser explica uno de los secretos de su éxito: reunir a los todos los jueces en instancias nacionales (algo que hasta entonces no sucedía) donde pudiera lucir sus dotes de oratoria. Así es que durante sus mandatos se hicieron habituales este tipo de eventos que eran "ofrecidos como atractivos viajes, con pasajes pagos, estadía en confortables hoteles, comidas, encuentros catárticos con espíritu de grupo de autoayuda, recepción de quejas por parte de la Corte y fiesta de cierre. Casi un viaje de egresados, pero con el glamour de las togas”.

Aparte de este modus operandi, dos elementos fueron claves. El nombramiento de personal, ya que bajo su gestión dispuso la facultad de decidir sobre la contratación del personal que antes hacían los jueces. Y la “caja” con la que “cooptó” voluntades. Quienes se llevaban bien con él obtenían sus beneficios.

Fue el propio Kirchner el que le habilitó la llave de "la caja". En 2005, Néstor firmó un decreto que transfería el excedente presupuestario (en ese momento se trataba de más de 500 millones de pesos) del Consejo de la Magistratura a la Corte y la habilitó para poder invertir en títulos de deuda pública. A esto hay que sumarle que en el 2008, la creación de fondos anti cíclicos, mediante acordadadas de la Corte Suprema.

Según denuncia Aguiar la acumulación de excedente presupuestario llegó a a ser de “14 mil millones de pesos”.

Dos casos judiciales provocaron rispideces con el kirchnerismo: jubilados y Clarín.

Con el correr de los años Lorenzetti fue haciendo un juego propio. Así es que en el 2009, La Corte ordenó sentar como precedente "el fallo Badaro" a favor de un ajuste en los haberes jubilatorios de un 88 % a lo que el Gobierno de Cristina Kirchner se negó.

En el caso de Clarín, si bien, en 2013 la Corte emitió un fallo a favor de la ley de medios al declararla constitucional, desde el 2009 hasta esa fecha, Lorenzetti fue señalado por varios como el impulsor de distintos fallos a favor de las cautelares presentadas por el grupo mediático impugnando artículos de la ley. Así obtuvo años de gracias.

Su mandato bajo el macrismo

Con Macri, Lorenzetti y la Corte Suprema obtuvieron un beneficio extra: manejar la ex Oficina de Observaciones Judiciales de la SIDE que no es otra cosa que el sistema de escuchas telefónicas sobre todos los habitantes del país, que antes funcionaba bajo las órdenes de la ex procuradora Alejandra Gils Carbó. Obviamente, el traspaso incluía un presupuesto millonario.

En estos años de gestión de Cambiemos, la Corte ha impulsado fallos que van a favor del Gobierno y en contra de los intereses de los trabajadores, como el que puso en cuestión el sindicato de los trabajadores del Subte y otro que avala el fraude laboral, negando la relación de dependencia de un médico monotributista con una clínica. Pero también algunos que han causado disgusto en el oficialismo, como la disolución del Tribunal Oral Federal (TOF) 9 que iba a juzgar a Cristina Kirchner en el supuesto encubrimiento del atentado contra la AMIA.

El 30 de septiembre será su último día como presidente de la de Corte Suprema de Justicia, una de las instituciones más antidemocráticas y llena de privilegios del régimen político.

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