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Santa Fe: el “momento Contigiani” y el paro del 25 de junio

La insólita crisis con Luis Contigiani no por sorprendente es inesperada. Abajo del diputado usurpador hay una cronología que explica la inédita crisis del partido socialista. La salida es por izquierda.

Jueves 21 de junio | 08:12

El énfasis actoral que le puso a su discurso Luis Contigiani, los curiosos saltitos que daba desde su banca, y el tufillo progresista que pretendió impregnar a sus palabras, no pudieron disimular lo obvio: el diputado que el Partido Socialista puso en la Cámara de Diputados, votó a favor del aborto clandestino, levantó la mano en contra de las mujeres.

La votación de Contigiani fue un tiro en la pierna que se dio el propio PS, justo en uno de los temas en los que ha ido un poquito más lejos que el resto de los partidos tradicionales, al menos en los hospitales de Rosario. El socialismo, como tantos otros, no especuló con que Macri, producto de la debilidad con la que quedó luego de las jornadas del 14 y el 18 de diciembre, lanzara oportunistamente la discusión del aborto, y que el diputado que ellos sentaron en la banca, llevaría al Congreso la “voluntad divina”. Así las cosas, Contigiani sorprendió con su vehemencia antiabortista del mismo modo que los diputados kirchneristas florecieron con un llamativo énfasis pro aborto legal, algo que no tuvieron los doce años durante los cuales “la Jefa” evitó consuetudinariamente que se trate el tema.

El “affaire Contigiani” abrió un nuevo capítulo de la crisis que ha llevado al Socialismo a un estado de terapia intensiva, recrudeciendo las facturas y las fracturas internas.

Lo que hay debajo de la “crisis Contigiani”

Por el contrario, la crisis que abrió el monaguillo en funciones de diputado nacional es un evento de superficie que expresa una crisis mucho más estructural, en los cimientos, del Frente que encabezó el socialismo durante tantos años. Y no nos referimos solamente a la fractura sin vuelta con el radicalismo, sino a que bajo el mandato progresista, todos y cada uno de los poderes fácticos más concentrados y podridos, seguieron de pie. Someramente: la Iglesia, lobbista en jefe de la campaña antiabortista, siguió siendo financiada, así como sus escuelas. Más de 13 millones gasta el socialismo solamente en sueldos de curas, ante lo cual se impone pelear por la separación del estado y la Iglesia. Las bandas narcocriminales organizadas desde las comisarías, así como el gatillo fácil que no discriminó en matar pibes laburantes o docentes como María de los Ángeles Paris, crecieron. Las multinacionales como Cargill, que controlan a piacere los puertos, ejerciendo de hecho un monopolio privado del comercio exterior, y que encima ejecutan despidos antisindicales, ostentan su poder de fuego cada vez con menos disimulo. Lo mismo podemos decir con General Motors, que pasó de despidos masivos a suspensiones totales. El maltrato hacia los docentes y estatales continuó y, a una situación social inflamable, el Socialismo le agrega ideas tan creativas como militarizar las ciudades con gendarmes. El Socialismo se desinfla, en simultáneo, se infla un globo amarillo macrista sobre cada uno de los temas de su “agenda”.

La insistencia, casi lastimosa, de Lifschitz sobre la Reforma Constitucional tiene un objetivo excluyente que es lograr la reelección. Pero, de paso, apunta a modificar un andamiaje formal, administrativo y cultural que quede como legado, mientras la osamenta de la Santa Fe empresarial, oligárquica y mafiosa, se mantiene incólumne, al igual que todos estos años. Si el apotegma de Lenin para definir sintéticamente las tareas para el verdadero socialismo en Rusia era “electrificación + soviets”, para los moderados gestores del socialismo sojero, la fórmula para salir de su crisis viene siendo “obra pública + Los Palmeras”. Sin embargo, no hay asfalto ni Bombón Asesino que pueda emparchar el declive histórico e inexorable de una centroizquierda que buscó administrar oscuras instituciones que no controló, controla ni controlará.

Crisis social en Santa Fe

Si lo de Contigiani fue un traspié en el terreno en el que el Socialismo fue siempre más fuerte, su progresismo cultural, en el terreno “social”, este pasó de balbuceos a ser cómplice o directamente responsable de una crisis que se cocina a fuego lento, pero con un persistente saldo de despidos y fábricas cerradas. Mefro Wheels, la crisis aguda de la industria metalúrgica de la “línea blanca”, los despidos en Cargill (conflicto aún no resuelto), las suspensiones en GM, los talleres ferroviarios en Perez, los cientos de comercios cerrados, las curtiembres, Arzinc, y muchos lugares de trabajo más. En ninguno de ellos el Estado provincial logró, o siquiera intentó, poner un límite a la arbitrariedad o la rapacidad patronal: por el contrario, lo único que buscó fue poner límites a las acciones de lucha de los trabajadores, con conciliaciones que parecieron solo “obligatorias” para la parte obrera. Esto plantea el desafío: ¿corresponde respetar instancias que sólo estiran y limitan las acciones de resistencia de las patronales? Creemos que no.

Si lo que algunos medios llaman “crisis laboral” no se convirtió abiertamente en una gran lucha de los trabajadores de Santa Fe contra los despidos, los cierres y los tarifazos, fue porque prácticamente el conjunto de las direcciones sindicales se opuso conscientemente a ello. El caso más paradigmático es el de la UOM (quien colocara como asesor de Contigiani a su abogado Pablo Cerra): está embarcada en una campaña de denuncia de la inestabilidad de los trabajadores de la línea blanca, pero cada vez que las empresas despiden, los dirigentes lo justifican. Además, mientras dicen que 5000 trabajadores tienen sus puestos de laburo en riesgo, no permiten que esos 5000 trabajadores discutan en asambleas o participen de medidas de fuerza. Parecen que están en el mismo equipo que los dueños de las empresas, lo mismo que el SMATA, aunque estos ni se cuidan en denunciar las prácticas de una multinacional despótica.

El Movimiento Sindical Rosarino (MSR) y otros sindicatos no enrolados, han hecho no pocas declaraciones con justas denuncias de las consecuencias de la política económica de Macri. Pero la distancia entre las críticas y la convocatoria a acciones de lucha viene siendo infinita. Hasta ahora parecieron mucho más compenetrados en actuar como operadores de los armados electorales del peronismo, que en expresar la bronca que se acumula en sus bases como vapor en una caldera. Es el caso de la UOM con la ex jueza Rodenas (y viceversa) o todo el sindicalismo alineado con Rossi. Toda una discusión electoralista sobre armar un frente “antimacri” se da mientras los trabajadores ven cómo se degradan sus condiciones de vida, con la complicidad del peronismo, uno de los componentes supuestos de ese eventual frente.

Por su lado sindicatos que reivindican tradiciones combativas, como AMSAFE y Aceiteros, no se han propuesto congregar un polo de organización que, frente a la parálisis del resto de los sindicatos, pique en punta para imponer medidas y planes de lucha contundentes, basados en una coordinación real y democrática para no tener una marcha distinta cada día sin la fuerza de la unidad. Por ello mismo, el paro del 25 de junio debe permitirnos un tejido de medidas de fuerza frente a un macrismo que se descompone y un gobierno provincial que se descascara como una pared vieja.

El paro del 25: gran oportunidad para expresar una fuerza social contra el plan de Macri

El paro general del 25, se impuso a los dirigentes fósiles de la CGT y de las CTA, no sólo por la bronca creciente que se acumula en las bases, sino por las incertidumbres de un gobierno que se muestra cada vez más perdido, lo cual no le impide tomar medidas a favor de los especuladores y empresarios, como se vio en la suba de las tasas de las Lebacs.

En ese escenario, varias organizaciones de peso en la región dejaron en claro que paran y algunas de ellas llaman a movilizarse. Es decir: vamos a un parazo. Pero sería un error que fuera un paro pasivo o desaprovechar la oportunidad de una fuerte medida de lucha de los trabajadores haciendo solo una movilización folklórica o rutinaria. Este parece ser el objetivo de la CGT, del MOS y también del MSR, hacer un paro para descomprimir y, a lo sumo, una movilización de aparato.

Todos los sindicatos que se precien de enfrentar en serio al gobierno de Macri deben realizar asambleas de base para la discusión de medidas de fuerza, piquetes y cortes de ruta, para que el lunes no se mueva ni una pluma, para que sea un golpe sobre el plan de Macri y el FMI, con el que quieren hundirnos a los trabajadores. Ellos no andan con vueltas: quieren salvar sus negocios degradando drásticamente, y con velocidad, nuestras condiciones de vida. Nosotros no tenemos que tener dudas tampoco: son ellos o los trabajadores. Por eso el paro debe ser contundente y debe tener continuidad.

Los sindicatos como AMSAFE o Aceiteros, que cuentan con un amplio activismo de valiosísimos compañeros, podrían garantizar estos piquetes y cortes, mostrando a los sindicatos más “tibios”, cómo hacer una medida contundente. El PTS-Frente de Izquierda les ha planteado a todas esas conducciones nuestra disponibilidad para ir con cientos de trabajadores y trabajadoras de izquierda a realizar piquetes y cortes. Las compañeras de Pan y Rosas, que realizarán un plenario este sábado, discutirán un plan de intervención de las cientos de compañeras que vienen movilizándose por el aborto legal, pero buscando también la unidad con los trabajadores en lucha, y levantando el no pago de la deuda externa, con la que pretenden hundir a mujeres, hombres, viejos y jóvenes.

Pañuelos verdes, delantales blancos y overoles azules

La marea verde que inundó las calles del país, contrastó con la mayoría de los bloques parlamentarios, cobardes para defender la lucha de las mujeres, y puso a la Iglesia en su lugar: como un antro misógino dirigido por Francisco, por más de que sectores de la centroizquierda como la CTEP, el Movimiento Evita, Ciudad Futura, Patria Grande, el PCR (los partidos del Frente Social y Popular de Del Frade) hagan esfuerzos sobrehumanos para hacerlo ver como un “amigo del pueblo”. Contra ese Iglesia, las mujeres conquistaron la media sanción y se preparan para imponer la votación a un Senado dominado por oscurantistas. Pero los desafíos para el movimiento de mujeres es más vasto incluso: en los mismos momentos que festejábamos la media sanción, el dólar pegaba un salto y se conocieron las condiciones de vasallaje del acuerdo con el FMI. Así las cosas.

El lunes 25 se plantea la posibilidad de que la fuerza de esas cientos de miles de mujeres se unan a la fuerza de millones de trabajadoras y trabajadores, que no soportan las consecuencias del ajuste. En una clase trabajadora con fuerte presencia femenina, la fuerza que demostraron las mareas verdes, puede ayudar a despertar el ánimo y el espíritu de combate para decir un “sí se puede” opuesto al del macrismo: se puede conquistar el aborto, se puede defender los derechos de trabajadores y trabajadoras, se pude derrotar a Macri, a Lifschitz y al FMI. Por otro lado, si millones de trabajadores absorben la fuerza que vienen expresando las mujeres en esta pelea, puede moralizar y unir lo que las burocracias sindicales y el peronismo cómplice desmoralizan y dividen. Nada menos que eso se juega en el paro: que los pañuelos verdes, los delantales blancos y los overoles azules, se mezclen como una fuerza obrera y popular, es decir de trabajadores y trabajadoras, junto a mujeres y jóvenes, frente a los gobiernos, los patrones y la Iglesia.

El PTS-Frente de Izquierda y nuestras compañeras de Pan y Rosas nos jugamos a esa pelea, con carácter estratégico. En acciones como la del 25 se van a curtir las fuerzas sociales y el partido que se juegan a que esta crisis no sólo no la descarguen sobre nuestros hombros, sino que sea la oportunidad para derrotar a esos parásitos sociales que para sobrevivir, deben hundirnos, y para pelear por un gobierno de los trabajadores.







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