Internacional

A 74 AÑOS

Segunda Guerra Mundial: la Conferencia de Yalta y el reparto del mundo

El 11 de febrero de 1945 finalizó la Segunda Conferencia realizada por EEUU, la URSS y Gran Bretaña. ¿Cómo se terminó de delinear el nuevo mundo?

Gabriela Liszt

@gaby_liszt

Domingo 11 de febrero de 2018 | Edición del día

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Tres conferencias se sucedieron entre los Aliados sellando el destino de la guerra: las de Teherán, Yalta y Potsdam.

La Conferencia de Teherán se realizó entre noviembre y diciembre de 1943, entre Churchill (Gran Bretaña), Roosevelt (EEUU) y Stalin (URSS); Yalta (Crimea, Rusia) en febrero de 1945, con Truman suplantando al fallecido Roosevelt, ya casi terminada la guerra; y Potsdam (Alemania) se realizó entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945.

La Unión Soviética ya había derrotado al nazismo en Stalingrado en febrero de 1943. EE.UU. aún no había entrado en la guerra (el desembarco en Sicilia en julio de 1943 fue solo eso, un desembarco, con la excusa de no desviar la lucha contra Hitler en Francia), salvo en la zona del Pacífico. Recién haría su “entrada triunfal” el “Día D”, el 6 de junio de 1944.

Los acuerdos no estaban contemplados al inicio de la guerra en los planes políticos de EEUU. Su objetivo más importante en la guerra (además de subordinar al resto de los imperialismo y quitarles sus colonias) era destruir la URSS y salir absolutamente triunfante. La mayoría de las potencias de occidente habían demostraron simpatía por las ideas de Hitler de “destruir al bolchevismo”. En realidad, los acuerdos reflejaban la relación de fuerzas resultante en el terreno militar, económico y político-estatal de las potencias mundiales y también de la lucha de clases. La URSS, a su manera, aunque muy burocratizada, representaba el ascenso revolucionario producido a partir de 1943 en todo el mundo, particularmente en países centrales como Francia, Italia y que de extenderse podía llegar a terminar con la burocracia soviética e incluso incentivar la lucha de clases en EE.UU. (como se empezaba a avizorar).

Grecia es un buen ejemplo de cómo en estas conferencias entre los Aliados y la URSS se repartieron el mundo. En la Conferencia de Teherán se acordó que Grecia le pertenecía a Gran Bretaña. El Partido Comunista griego organizaba 1.500.000 hombres y mujeres (con su brazo político y armado) en diciembre de 1944, que se habían unido para resistir la invasión alemana e italiana así como al rey Jorge II exiliado en Gran bretaña. Al día siguiente del acuerdo de Yalta se produce el Pacto de Varkiza por el que el regente (el arzobispo Damaskinos, ya que aún no se permitía al rey Jorge II volver al país) y el gobierno monárquico acuerdan celebrar elecciones bajo la supervisión de los Aliados. El Partido Comunista, obedeciendo órdenes de Stalin entrega sus armas y crea ilusiones en las masas hacia este Pacto. Una manifestación contra la entrega de armas es reprimida a fuego por el general inglés Scobie, con decenas de muertos y heridos. Durante la larga lucha de los combates en Atenas, Stalin mostró su adhesión al Pacto ocultando los hechos. El plebiscito de 1946 permitió la formación de un nuevo gobierno de centroderecha y la restauración de la monarquía impuesta por Gran Bretaña.

Del 4 al 11 de febrero de 1945 Roosevelt, Churchill y Stalin se reúnen en Yalta y avanzan en sus planes de repartición del mundo. Alemania -a pesar de que no había firmado su rendición ni los Aliados habían entrado en Berlín- fue repartida en cuatro zonas ocupadas. Se establecieron posibles indemnizaciones que podían salir de la riqueza nacional (maquinaria, barcos, participaciones en empresas alemanas, etc.), el suministro de bienes por un período a determinar, o el uso de mano de obra alemana.

Monumento a Yalta inaugurado en Crimea para el 70 aniversario

Con relación a Italia -donde el fascismo había sido vencido por la resistencia de las masas pero con la ayuda del PCI (Partido Comunista Italiano) asumió el gobierno semifascista de Badoglio-, los Aliados retrasaron su llegada a Roma para permitir que los nazis bombardearan el norte de Italia donde se concentraba la resistencia especialmente obrera. El PC consiguió que los partisanos acataran las instrucciones de los anglo-americanos. Con un gobierno de unidad nacional avalado por los acuerdos de Yalta impusieron una administración que terminó con el poder dual existente. Una política similar fue seguida en Francia donde el ascenso de las masas fue traicionado por el PCF. En Yalta fue discutida una política general de transiciones a la democracia y de transformación de las colonias en semicolonias (política que favorecía a EEUU sobre Inglaterra y Francia). Roosevelt impulsó la fundación de la ONU (Naciones Unidas) para reemplazar a la extinta y desprestigiada Sociedad de las Naciones. Esto fue aprobado y se realizó el 24 de octubre de 1945.

En Yugoslavia, donde también se había desarrollado una fuertísima resistencia al nazismo dirigida por el comunista Tito. Stalin, durante largo tiempo, dio su apoyo a los chetniks que luchaban por la restauración de la monarquía y no solo combatían a los alemanes sino también mataban comunistas. En Yalta quedó pendiente la repartición que se harían de ella entre Gran Bretaña y la URSS (en una próxima conferencia Churchill dirá 50 y 50, pero el movimiento campesino liderado por Tito hizo que se terminara expropiando a la monarquía y burguesía yugoslava).

Polonia fue directamente cedida a la URSS que, aunque se comprometió y mantuvo por algunos meses un gobierno provisional de unidad nacional que llamaría a elecciones terminaría incluyéndola como parte de su un glacis defensivo durante la “Guerra Fría”.

La URSS se comprometió a ayudar en la guerra contra Japón. Pero primero garantizaría su entrada en Berlín quedando hacia el mundo como el gran ganador sobre el nazismo, el “enemigo número uno” de la guerra (según los que sostenían que la guerra era entre las “democracias” y el fascismo y no una guerra imperialista).

La Conferencia de Potsdam terminó de sellar el reparto mundial. Asistieron Truman por EEUU, Churchill (acompañado por Clement Atllee del Partido Laborista) y Stalin. La URSS recién declarará la guerra a Japón el 9 de agosto de 1945, luego de que EEUU entre el 6 y el 8, lanzara sus bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en un Japón ya destruido. El principal objetivo, además de demostrar su superioridad militar frente al mundo, era establecer una relación de fuerzas con la URSS.

Como dicen Emilio Albamonte y Matías Maiello "...los acuerdos de posguerra tendrán consecuencias hacia ambos lados. No sólo servirán al imperialismo para contener la revolución sino que, a su vez, brindarán una mayor fortaleza a la propia burocracia soviética para sostenerse en el poder y, más en general, darán a las diferentes burocracias (políticas, sindicales, "sociales") el impulso para desarrollarse a una escala nunca antes vista". (Estrategia socialista y arte militar, p. 361)

La fortaleza de la burcoracia soviética le permitirá construir un glacis en Europa del Este como línea de defensa de la URSS, a la vez que coartaba en países como Yugoslavia o China donde se habían desarrollado procesos revolucionarios. No era parte de la extensión de la revolución socialista internacional ya que seguían sosteniendo la posibilidad de "construir el socialismo en un solo país". Este período se denominaría Guerra Fría al que seguiría la "coexistenca pacífica".

Siempre con los pactos de transfondo que comenzarían a ser cuestionados objetivamente por los trabajadores y el movimiento estudiantil, luego del boom de la posguerra surgió en 1968 el Mayo Francés, la primavera de Praga, Tlateloco, el inicio del Cordobazo. Pero las direcciones reformistas actuaron para que en los 80 esta etapa fuera derrotada impidiendo que una nueva Revolución de Octubre pusiera nuevamente a los trabajadores en el poder rompiendo este equilibrio durante el cual los imperialistas esperaban el desgaste de los Estados Obreros burocráticos.

A falta de revoluciones triunfantes la URSS y el conjunto del estalinismo terminaron restaurando el capitalismo, la peor de las hipótesis que preveía Trotsky quien también afirmaba que esta situación traería nuevas crisis, guerras, miseria y opresión para la humanidad. No se equivocó.

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