Tienen millones de razones para una tregua

Claudio Dellecarbonara

Miembro del Secretariado Ejecutivo de la AGTSyP (Subte)

Jueves 4 de agosto de 2016 | Edición del día

La burocracia de las CGT tiene una parálisis total, manteniendo una tregua con el gobierno mientras los trabajadores padecemos un ataque brutal. Obviamente hay acuerdos que demuestran porque van a seguir dándole margen al gobierno. Por eso no es casualidad el encuentro de este martes 2 entre el gobierno y los dirigentes sindicales para que se les entregue parte de la deuda histórica de los fondos de las obras sociales.

La realidad es que esa plata seguirá siendo manejada a discreción por las cúpulas, y solo una parte irá para mejorar las prestaciones y los servicios de obra social que tenemos los afiliados. Buena parte irá a parar a la caja de los burócratas sindicales. Así se enriquecen, compran campos, se vuelven empresarios o invierten en empresas que luego son tercerizadas de las mismas empresas donde tienen representación gremial, negociando con las patronales para flexibilizar y precarizar las condiciones de trabajo. Algunos dirigentes son más cercanos al gobierno, otros hacen declaraciones explicando que hay ajuste, pero no pasan de las declaraciones y mantienen la paz social.

No nos extraña que justo cuando la bronca se siente desde abajo, desde las bases, y se vuelve incontenible, el gobierno salga a tratar de calmar ese descontento justamente negociando con la burocracia sindical más prebendas para que le garanticen la tranquilidad. Entonces la discusión que viene siendo de público conocimiento sobre la unificación de las centrales sindicales, está directamente ligada a esta relación con el gobierno y las patronales que exigen mayores ganancias, más precarización y avanzar con sus planes para descargarlo sobre el movimiento obrero, que producto de estas direcciones sindicales está contenido y dividido. La unificación no es para desarrollar organizaciones de base para que los trabajadores enfrentemos las políticas de ataques y pongamos todas nuestras fuerzas para voltear cualquier medida que perjudique nuestros intereses. No le han preguntado a los trabajadores de qué manera quieren que las centrales sindicales se reunifiquen. No han hecho asambleas en ningún lugar de trabajo para preguntar o hacer votar quienes tendrían que ser los dirigentes que encabecen la central unificada; y tampoco para ver qué clase de estatuto quieren tener los trabajadores.

Para dar un ejemplo de estos días, mientras ellos están reunidos con Macri para negociar la plata de las obras sociales, los que nos manifestamos en las calles, fuimos parte de los cacelorazos contra el tarifazo, participamos de una gran asamblea contra la persecución a los ferroviarios del Sarmiento. Porque dejaron pasar el veto a la ley antidespidos y también quieren dejar pasar la criminalización de la protesta.

Por esto desde los sectores combativos, desde el PTS y las agrupaciones democráticas, clasistas que impulsamos en los distintos lugares de trabajo, que cotidianamente damos peleas para recuperar los sindicatos de manos de estos burócratas sindicales para ponerlos al servicio de la clase obrera, queremos dejar bien en claro que significan estas maniobras, que consecuencias traen para los trabajadores. Quieren dejarnos desarmados y que no podamos dar respuestas a los ataques. Tanto Cambiemos como el FPV en Santa Cruz y Tierra del Fuego, o la UCR en Jujuy, demuestran que mas allá de su signo político, aplican a raja tabla, con represión y despidos, los planes patronales.

Ninguna confianza podemos tener a que de la mano de estos políticos vendrán soluciones a los problemas del pueblo pobre. En este sentido hacemos un llamado desde el sindicalismo combativo, la izquierda, las distintas organizaciones sociales que defienden los intereses de los trabajadores y sectores populares, a movilizarnos el 9 de agosto, a las 17 hs. desde el Obelisco a Plaza de Mayo. Para mostrar la bronca, el descontento y darle continuidad en una gran movilización exigiendo un paro nacional, una huelga activa, de 36 horas y poner en movimiento la fuerza de los trabajadores, las mujeres y la juventud en las calles y que las centrales sindicales rompan la tregua.







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