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Red Internacional
La Izquierda Diario

Los empresarios con la CGT impulsan un acuerdo para garantizar sus ganancias y descargar el ajuste. Por abajo se expresan diversas luchas, como aceiteros y recibidores, que plantean la necesidad de unirse para ganar.

Domingo 27 de diciembre de 2020 | 08:40

El 2020 termina anticipando un escenario distinto al que vimos gran parte del año. Atrás quedaron las expectativas generadas en la asunción del gobierno de Alberto y Cristina o la unidad contra la pandemia, que mantuvo a las grandes mayorías soportando el deterioro de sus condiciones de vida. La crisis social y sanitaria aceleró los tiempos y los principales actores (léase clases) sociales empiezan a mostrar abiertamente sus cartas.

Con decenas de barcos esperando en el Rio Paraná, la foto de navidad es el histórico paro de la Federación Aceitera, el SOEA y URGARA, al que se sumaron la Intersindical Marítima y Portuaria que nuclea a 10 gremios del cordón portuario del sur de Santa Fe, uno de los más importantes del mundo. En nuestra región, aceiteros y recibidores de grano vienen manteniendo la medida de fuerza en el acceso al Puerto de Ing. White, el segundo más importante del país para el negocio agroexportador.

Con este telón de fondo, la Unión Industrial y la CGT unificada local firmaron el “Acuerdo estratégico para el desarrollo de la Región y Bahía Blanca”, acompañados por Federico Susbielles, presidente del Consorcio de Gestión del Puerto y principal referente del Frente de Todos, y por el intendente Héctor Gay de Juntos por el Cambio.

Con el argumento de promover el desarrollo económico, fomentar inversiones, promover el empleo local y generar mecanismos para “resolver los conflictos”, las grandes empresas apoyadas por el poder político y las cúpulas sindicales se unen para defender sus negocios, pensando las vías para disciplinar el reclamo de los trabajadores y descargar la crisis sobre sus espaldas.

La amplia cobertura que tuvo la noticia, busca instalar como un gran logro para el conjunto de la población la firma del acuerdo. Pero a diferencia de lo que plantean los dirigentes de la CGT local, de que si “ganan los empresarios ganamos los trabajadores”, la realidad demuestra lo contrario. Mientras el puerto bate récords históricos en exportaciones sin detenerse un solo día de la pandemia por ser considerado “actividad esencial”, o gigantes como Profertil anuncian inversiones por 1.200 millones de dólares, la pobreza, desocupación y precarización avanza aceleradamente sobre los trabajadores. Como señaló Enrique Gandolfo, secretario general de la CTA Bahía Blanca, “la pandemia no nos iguala”.

Otro aspecto que se convirtió en noticia por el acuerdo, es el malestar expresado en el propio acto por el intendente Gay, un verdadero convidado de piedra al evento. Esto no es más que otro síntoma del fracaso de Juntos por el Cambio como proyecto, en un país donde la flecha empresarial apunta desde 2019 hacia el peronismo como coalición gobernante que logre contener el descontento social y administre el ajuste que reclaman las patronales, para seguir obteniendo ganancias millonarias. En este sentido se puede leer la consagración de Gustavo Elías, propietario de La Nueva, al frente de la Unión Industrial local, y la firma del “acuerdo estratégico” pocos días después de las reuniones que el propio Elías tuvo con Máximo Kirchner o el Ministro del Interior Wado de Pedro. A esto debe sumarse el “perfil de gestión”, en su rol de administrador y garante de los negocios privados, que lleva adelante Susbielles junto al Frente de Todos en el Consorcio del puerto local.

En la otra vereda, y en sintonía con lo que sucede a nivel nacional, comienzan a darse (aun incipientemente) distintos conflictos que anticipan un cambio de ánimo y predisposición de las y los trabajadores, donde el paro aceitero es la acción más importante pero no la única. Primero fueron las caravanas y protestas del sector de salud, a lo que tiempo después se sumó la pelea por vivienda de cientos de familias con epicentro en Don Bosco al 4000. Las y los trabajadores de maestranza comenzaron a organizarse por abajo y por fuera del sindicato por sus condiciones laborales y por salario. Casi en simultáneo, trabajadoras y trabajadores de niñez del municipio se plantaron frente al despido de Brenda, exigiendo a su vez el pase a planta de los contratados. Las organizaciones de desocupados vienen saliendo a las calles casi todas las semanas. En Punta Alta, los municipales se plantan y mantienen un conflicto abierto con el intendente Uset, una escena que se repite en otros distritos.

Lo destacable es que todos estos procesos siguen abiertos, cada uno con su ritmo e intensidad, y con perspectivas de continuar hasta lograr respuesta a sus demandas. Salvo el paro aceitero, impulsado por un sindicato con larga tradición de lucha y organización que no responde a las direcciones de la CGT o CTA nacionales, los demás son fenómenos que van por fuera de las representaciones sindicales, que tienden a surgir “desde abajo” y que buscan impulsar la organización democrática y acciones de protesta. En el caso de los desocupados, se trata de organizaciones que no forman parte del gobierno.

Unir fuerzas por abajo para enfrentar el acuerdo de gobierno y empresarios

La unidad de filas de los trabajadores es una tarea estratégica de primer orden. La división impuesta por la ofensiva neoliberal (sostenida por todos los gobiernos) hoy recorre desde las Pymes y lugares de trabajo más modestos hasta cualquier dependencia estatal (como el Municipio o el poder judicial) y las grandes multinacionales como Coca Cola o las del Polo Petroquímico y el Puerto.

Frente al “gran acuerdo” de los empresarios y sindicatos, tenemos que unir a efectivos con contratados, precarizados e informales, ocupados y desocupados. Esta es la única vía para enfrentar la “unidad por arriba” de los que ajustan, y darle fuerza y masividad a cada reclamo y lucha en curso o por venir.

La pelea contra la precarización laboral de los municipales, de salud y de maestranza, así como la demanda de trabajo de los desocupados, la lucha por tierra y vivienda, o de mejora salarial de aceiteros y recibidores, deben constituirse en una sola causa. Cualquiera de estos reclamos estaría en mejores condiciones si en vez de ser impulsado solo por los directamente afectados, fuera tomado por cientos de trabajadores para lograr el apoyo de miles en la ciudad, dificultando las maniobras y desgaste al que se juegan las patronales y el gobierno.

Con el espíritu de que “si tocan a uno tocan a todos”, se hace necesario poner en pie instancias democráticas de coordinación, de carácter asambleario, con voz y voto para todos, de los sectores en lucha y todo aquel trabajador que quiera organizarse y hacerse escuchar. Plenarios abiertos en los que confluyan organizaciones de trabajadores como la CTA, el Suteba, el Sindicato de Aceiteros, los trabajadores precarizados que se autoorganizan por sus derechos, las familias que exigen vivienda digna, desocupados y las organizaciones que impulsamos el Frente de Izquierda Unidad, donde se pueda debatir y votar acciones conjuntas para intervenir en la crisis.

Esto permitiría mostrar la fuerza de la unidad de cientos de trabajadores, como ejemplo contrario a la pasividad y acuerdos de las conducciones mayoritarias con los empresarios. A su vez, le daría peso real a la exigencia a las centrales sindicales para que convoquen a un paro regional, y a todas las acciones e instancias de discusión necesarias involucrando al conjunto de los trabajadores de Bahía Blanca y la región para que las luchas actuales triunfen.




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