Sociedad

TORTURAS QUE SE APRENDEN

[VIDEO] La ley del más arrastrado: salvaje “instrucción” en la Policía de Entre Ríos

Un video difundido por redes sociales muestra a un grupo de cadetes obligados a resistir un ataque con un granada de gas lacrimógeno. Los métodos de siempre, ahora filmados y viralizados.

Daniel Satur

@saturnetroc

Jueves 15 de febrero | 14:36

Entrenamiento brutal y deshumanizante de cadetes de Policía de Entre Ríos - YouTube

Brutal, deshumanizante, salvaje, decadente. Esos y otros calificativos se desplegaron en cientos de comentarios como primera reacción a un video de poco más de dos minutos que en las últimas horas empezó a circular por redes sociales.

“¿’Entrenamiento’?... Cadetes Cuerpo Infantería San José de Feliciano. Provincia De Entre Ríos. ¿Que Opinas?” (sic). Con ese título Radio Cadena Popular San Luis difundió ayer el video por Facebook y en menos de un día se compartió miles de veces.

Poco después el sitio entrerriano Ahora se hizo eco, pero prefirió hablar de “Polémico entrenamiento” al tiempo que se difundían palabras de Sergio Rebolloso, director General de Institutos Policiales de la Policía de la provincia que condenaba los hechos sucedidos en La Rioja.

Según fuentes extraoficiales de la fuerza consultadas por ese y otros medios locales, el video “es de un curso especial realizado en la provincia el año pasado, al cual asistieron efectivos de diferentes puntos del país”. Y se habría empezado a viralizar ahora tras conocerse los hechos fatales protagonizados por la Policía riojana.

Lo cierto es que ninguna autoridad de Entre Ríos salió hasta el momento a desmentir que sus cadetes son entrenados con métodos de tortura física y psicológica, los cuáles obviamente se espera que luego sean aplicados por los “alumnos” contra la población una vez que se gradúen.

El video es brutal por donde se lo mire. Un grupo de 21 cadetes sentados en el piso de un parque, rodeados de otros uniformados parados. Uno de los que están de pie tiene en su mano una rama larga con un cartucho de gas lacrimógeno atado en la punta, ya detonado. Al menos otros dos de los “instructores” filman la secuencia.

El gas se dispara sobre las cabezas de los cadetes, quienes tienen cascos numerados para ser identificados pero no portan ningún tipo de protección para resistir el ataque gaseoso.

Fuera de cuadro una de las voces más enérgicas grita “ahí va queriendo, ahí va queriendo”. Apenas 18 segundos tardó el primero de los cadetes en salir de la “nube” a los tumbos. Inmediatamente salieron casi todos, sin poder soportar el ataque. “Ay, cómo prendió”, dice otro de los encargados de implementar el “aprendizaje”.

A algunos que se paran tambaleantes, encima, los persiguen con el cartucho de gas a pocos centímetros del rostro. “Ajajaja, te morís hijo de puta, te morís, jajaja”, festeja uno de los instructores de boina azul.

“Aguantá, boludo, que es humo nada más”, alienta otro a los que aún mantienen sus posiciones pero ya no sentados sino acostados. “Póngase tranquilo y respire”, le dice el que filma al que tiene enfrente. Y el resto de los “profesores” festeja como si todo fuera un chiste. “Bien el 16 que se quedó sentado”, completa el que registra la escena. “Bien 13, bien 13 que mantuvo, ¿está descompuesto? ¿está muerto 13?”, completa uno a su lado.

Y el 13 ganó. “Dese vuelta, muestre la cara de triunfo 13...¡Lo felicito 13!”, grita rabioso el instructor que nunca da la cara frente a la cámara. Mientras tanto, “13” tose y se retuerce, ahora sentado pero con las piernas extendidas y sin hablar.

“¡Lo felicito 13! ¡Míreme!”, le grita el que filma mientras otro le saca fotos. Y 13 mira con cara desencajada. “Más diez tiene, 13, más diez”, agrega el de boina. Otros de los premiados serán “10” y “28”. No tendrá la misma suerte “22”, quien todavía intenta recuperarse junto a un arbusto.

Entre los comentarios y arengas de los superiores hay uno que resuena en particular: “La Infantería no retrocede, señores”. Quizás allí radica toda la explicación. No retroceder ante la tortura física y psicológica, aplicada como condición para “aprobar” el curso de cadetes de la Policía, es la meta. Obviamente la compensación y el reconocimiento será para los más resistentes. O para los más arrastrados ante la “autoridad”.

En La Rioja se torturó a los cadetes con otras prácticas pero con la misma “teoría”. Y al menos uno no pasó la prueba.

La aplicación de torturas y tormentos como método de “instrucción” y “formación” no es una novedad. Desde siempre las fuerzas armadas y de seguridad, tanto Argentinas como del resto del mundo, tienen en sus manuales este tipo de “lecciones”. Incluso peores. Una placa explicativa en la ex ESMA recuerda, a través del testimonio de un militar, que en los entrenamientos de los futuros grupos de tareas se propiciaban algunas de las torturas con las que luego los entrenados someterían a miles de detenidas y detenidos. Incluso ese militar recordaba que muchos de los “alumnos” de la maquinaria genocida no aguantaron las enseñanzas.

Tal vez la “novedad” es que ahora esos tormentos se filman, se filtran y terminan apareciendo frente a la vista de millones de usuarios de las redes sociales.

Hasta el momento se desconoce, al menos públicamente, si alguno de los cadetes atacados por sus superiores elevó alguna denuncia penal contra ellos y contra la institución. Ni siquiera se tiene noticias respecto a alguna esperable (desde un punto de vista de la dignidad humana) deserción por parte de los cadetes.








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