Juventud

CÓRDOBA

VIHviendo en Positivo (Parte II)

El pasado 1 de Diciembre se conmemoró el Día Internacional en Respuesta al VIH/sida. Una cordobesa que vive con VIH compartió parte de su historia de vida con el virus.

Miércoles 17 de diciembre de 2014 | Edición del día

Ella es Valeria, de 36 años, y está buscando tener un hijo el año próximo, por lo cual, comenzó un tratamiento de inseminación artificial para quedar embarazada como madre soltera. Trabaja también en la administración pública, en la Universidad Nacional de Córdoba, hace 15 años. Valeria vive con VIH desde Noviembre de 2011. En una entrevista con La Izquierda Diario, nos contó parte de su historia:

¿En algún momento sentiste rechazo o discriminación?

Nunca. De verdad, nunca. Estuve con hombres que, al contarles de mi diagnóstico, me amaron mucho y me contuvieron mucho. No sentí discriminación, ni de pareja, ni de otra gente. Ahora bien, me relacioné en un círculo bastante privado, un grupo de 50 personas sabrán de mi diagnóstico en un universo mucho más grande. De las dos personas con las que estuve en pareja no sentí rechazo y terminé la relación por motivos que nada tenían que ver con el HIV

¿Qué te llevó a hacerte el estudio?

El socialismo. Yo le tengo mucho miedo a las agujas. Le tenía, ya no. Entonces, yo te voy a la marcha, te colaboro con todo y un día, en una discusión de trabajo, no me acuerdo de qué tema, un compañero estaba teniendo un problema y me tiró en joda, pero también en serio, -“¿Qué te haces la socialista si vos no donas sangre?”. Lo más interno tuyo, que no te cuesta nada. No dormí del cagazo, porque yo, de verdad, le tengo mucho miedo a las agujas y el miedo era a la extracción, no al resultado. Fue por eso que fui a donar. A mí me detectan en el banco de sangre, donando. Yo voy a donar y cuando vos entras, te entregan un papel que dice que si vos dudas de tu sangre, cuando salgas lo podes poner para que ellos la controlen. Yo lo completé antes, haciendo chistes con el médico. Era tal el nivel de “esto a mí no me va a pasar” que yo voy a donar sangre un viernes, el lunes era feriado y me llaman por teléfono a mi casa y yo no estaba. Llego a la noche y tengo la casilla llena con un número y ningún mensaje. Pruebo el número: “Te comunicaste con el banco de sangre” ¿Qué pensé yo? “Se les calló la muestra. Oh, tengo que ir a donar sangre de nuevo” eso fue lo que pensé.

El domingo lo comento con mi familia, indignada. ¿Cómo hacen esto? ¿Cómo dejan esa cantidad de mensajes en el contestador? Porque si yo dudara o si fuera media agresiva o paranoica o si dudara de mi salud, de mis cosas me volvería loca. Yo pensé “no me vuelvo loca porque sé que no tengo nada”.
El martes llamo por teléfono al banco. Me atiende el médico y le digo “mirá Natalio, se claro, ¿tengo que ir o me podés decir lo que me tengas que decir por teléfono? – Vení”. Listo. Corté y la llamé a mi mamá. “Mamá nos vemos en media hora en el banco de sangre porque hay un problema”. No había mucho más, ¿Qué me iban a decir en el banco de sangre, de mi sangre? No había otra explicación. Cuando me lo dijeron yo decía “¡no, no puede ser, no puede ser! Si yo me acosté con un tipo de perfume importado”. Yo, cuando viajo (mi cabeza chica de ese momento), uso forro, me cuido. Yo controlo todo. Con este no, porque este estudia en una privada, usa perfume importado. El único miedo con él era quedar embarazada. No había otro miedo porque en mi cabeza chiquitita de ese momento, él no podía transmitirme ningún virus de nada porque no. Prejuicio absoluto. Si, el del perfume importado. Mucho perfume importado, pero no usaba forro.

¿Cómo reaccionaste en ese momento?

Lloré. Lloré, lloré, lloré. Me caían las lágrimas. El médico me dice que va a hacer entrar a mi mamá. Le digo que por favor que le diga él, porque no sabía cómo decirle. Mi mamá entra, me mira. Yo la miro y le digo “Tengo HIV”. Me salió así. Mi mamá me miró con esa mirada que sólo tienen las madres, me abrazó y me dijo “No hay problema”. Eso fue el 21 de Noviembre de 2011.

¿Cómo se lo dijiste a él?

Le mandé un mail.

¿Él sabía que estaba infectado?

No. Pero ahí me enteré que mientras yo tenía una relación estable con él. Está bien, era “liviana” la relación pero era estable. Yo estaba con él y no estaba con nadie más. Pero yo estaba con él y él no estaba sólo conmigo. El tenía un montón de amigas más y amigos. Entonces me dijo que sí, -“me puede haber pasado”. Se hizo el test y le dio positivo. Hoy no hay rencor, porque el problema fue mío. La que me tenía que cuidar era yo. Independientemente de con quién yo elija estar. Con uno, con dos o con trescientos, la que tiene que velar por mí soy yo. Cuando uno se descuida, las cosas pasan.

¿Qué es el VIH en tu vida, hoy? ¿Qué lugar ocupa?

A nivel físico es una enfermedad crónica. En mi vida cotidiana, es una enfermedad crónica absolutamente llevadera, casi imperceptible. Yo estoy enferma de tiroides, entonces todas las mañanas debo tomar t4. ¿Entonces qué me sumó? Que en vez de tomar una pastilla, tome dos. No me generó nada. Convivo con diabéticos, con enfermos de cáncer y sé que mi enfermedad crónica es la más llevadera que yo pudiera tener. En mi nivel de relaciones significó mucho amor. “En la cancha se ven los pingos”. Amor absoluto, cuidado, atención, mucho afecto. Significó un ordenamiento. Aprendí a valorar el alimento, el descanso. El respetar el tiempo de uno, de “hoy no tengo ganas de hacer cosas”. Fue como una agenda. A mí me ordenó algunos hábitos, algunas costumbres. Siento que el diagnóstico vino para eso. El diagnóstico vino a ordenarme, a ponerme los patitos en fila. A partir de ahí yo supe qué le contaba a las personas, a las que quería cerca de mi vida y a las personas que no les contaba, me di cuenta que no era tan importante para mí. Aprendí a hacer un orden de prioridades de cuál era mi círculo de contención y cuál era la gente con la cual yo quería todo con esa gente. Me dio ese parámetro también en el amor, ¿Yo te gusto, te parece que soy linda? Bueno, tengo esto. Besarse después de eso es absolutamente pleno. Las dos relaciones de pareja que tuve fueron de mucho amor más allá del “te amo” como pareja, amor de persona. Te estoy diciendo todo lo que soy y el otro me está diciendo bueno dale, vamos. Me ordenó mi escala.

¿Qué le dirías a alguien que recién recibe el diagnóstico?

Sería pedante. Altanera. Le diría que haga lo que hice yo. Yo recibí el diagnóstico el 21 y llegué a la Fundación Rosas el 22. Marcos (Infectólogo y Director de la Fundación Rosas NdR) me dijo que me tenía que hacer otro análisis por protocolo, el Western Blot, y que teníamos que esperar siete días. “Marcos, ¿cuántas posibilidades hay de que el Western de negativo? – 0,001 – entonces dale, activemos ya”. Empecemos a hacer lo que tengamos que hacer ya. A mi familia se lo dije ese mismo día, a mis amigos cercanos se los dije esa semana. A la segunda línea de mis amigos más cercanos se los dije en ese mes. Nunca dejé la contención médica ni la contención afectiva. Le diría que haga eso, que se trate. Le diría a la persona que se entera hoy que mañana vaya al médico, que vaya al infectólogo que hay excelentes y son tan hermosos. No me gustaban los médicos. Yo tenía el síndrome de la bata blanca porque creía que los médicos eran gente chota y ahí descubrí que hay médicos que son totalmente amorosos con el tema. Y a la persona que no sabe que tiene HIV y lee la nota le diría que se haga el test porque yo no sabía que lo tenía. No sólo no sabía que lo tenía, ¡ni se me ocurría que podía tenerlo! ¡Yo fui a donar sangre para faltar un día al trabajo y para taparle la boca a mi compañero!







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