Géneros y Sexualidades

HISTORIA

[Vídeo] Enterate por qué celebramos el día del orgullo

Tomás Máscolo te cuenta como se dio inicio a la revuelta antirepresiva que dio inicio al movimiento de la disidencia sexual.

Sábado 29 de junio | 00:57

¿Por qué celebramos el día del orgullo? - YouTube

Stonewall era un bar donde se juntaban gays, lesbianas, travestis y otras personas LGBT. Era casi el único bar donde podían vestirse como querían, estar con quien querían. Dicen que ese bar en el barrio Greenwich Village era como un refugio.

¿Por qué un refugio?

Porque en la calle cualquier persona que llevara más de dos prendas de ropa del sexo opuesto podía ser detenida

No ser heterosexual se consideraba una “desviación” y estaba penado por la ley.

El gobierno de Richard Nixon perseguía a cualquier persona que atentara contra los “valores” estadounidenses. Quienes? Militantes sindicales, de izquierda y a las personas LGBT porque las consideraba inestables e influenciables de ideas comunistas.

La noche del 27 y madrugada del 28 de junio de 1969 podría haber sido cualquier noche de verano, pero terminó en la revuelta de Stonewall.

¿Qué pasó esa noche?

Dicen que alguien dijo, “¿Alguien va a hacer algo?”. Y sin mucho debate o preparación explotó la revuelta. Las drags y las travestis encabezaron la resistencia y no permitieron los arrestos, los demás empezaron a seguirlas. La bronca acumulada alcanzó para prender la chispa.

Stonewall no fue algo aislado, piensen que eran los años de las marchas contra la guerra de Vietnam, las marchas contra el racismo, el movimiento de liberación femenina.

Mientras adentro se peleaban con la Policía, afuera se sumaba gente que apoyar la resistencia. Y piensen que no había redes sociales, no había hashtag #RepresionStonewall: hicieron correr la voz. Era verano y había mucha gente en la calle, cerca estaba Washington Square (una plaza donde paran los estudiantes porque está cerca de la universidad), la gente pobre del barrio se unió para tirarle piedras a la Policía y sostuvo la resistencia durante horas.

Después de algunos días de enfrentamientos con la Policía, Martha Shelley, de Las Hijas de Bilits, una de las primeras organizaciones por los derechos de las lesbianas en Estados Unidos dijo, “Hagamos una marcha a plena luz del día, una marcha del orgullo”.

Un mes después de la represión en Stonewall, se organizó una marcha desde Washington Square hasta el bar desde ese año, se marchó cada año contra discriminación y por los derechos democráticos de las personas LGBT.
El 28 de junio de 1970 se conmemoró lo sucedido en Stonewall, entonces llamado “día de la liberación de Christopher Street", con una marcha multitudinaria que terminó en Central Park.

Qué fue lo más valioso de esta movilización: la gente que se movilizó no se conformó con que no los arrestaran o los persiguieron. Fue un punto de partida para discutir prejuicios, para exigir derechos democráticos.

¿Qué pasó después?

Pasó algo parecido a lo que pasó con el feminismo, o una gran parte del feminismo.
Las democracias capitalistas usaron esos derechos conquistados para mostrarse más humanas mientras se consolidaba el neoliberalismo.

En los mismos años en que se conquistaron derechos democráticos elementales (resultado de luchas y movilizaciones en la década anterior), se privatizaban los servicios públicos, se precarizaban las condiciones laborales, se elIminaban programas sociales.

¿Cómo funcionaba este combo? Por un lado, se instalaba la idea de que se podía alcanzar la igualdad de derechos en una sociedad que lleva la desigualdad en su origen: en la que los dueños de todo no producen nada y los que producen todo no tienen nada.

Por otro, se borraban muchas de las críticas que hacían quienes se movilizaban. Así, la liberación se redujo a “igualdad de derechos”, la transformación social a “igualdad de oportunidades” y la sexualidad libre a diversidad y tolerancia.
En los discursos oficiales se olvida (se omite) que la mayoría de las mujeres son pobres, que las personas trans están sobrerrepresentadas en la precariedad y tienen una expectativa de vida que no supera los 40 años, que no acceden al sistema de salud.

Cuando no hablamos de esos problemas, que son de la mayoría, el discurso de la diversidad y la igualdad queda vacío, sus críticas más valiosas a las sociedades capitalistas, se borran. Y se instala la idea de que está bien que haya algunos derechos que son para algunas personas.

Y qué pasa hoy

Los derechos conquistados por las personas LGBT están amenazados, como los de las mujeres, por la derecha conservadora y las iglesias que hicieron bandera de esta lucha de “volver a los valores” de la familia. Pasa en Brasil, en Estados Unidos, lo escuchamos en los discursos del Vaticano.

Hoy la marcha de Stonewall está mercantilizada, en algunos lugares como en Nueva York, la policía participa de la marcha (pedido de disculpas), participan funcionarios.
Que Stonewall sea un símbolo hoy habla de la legitimidad que ganó esta movilización, pero también de cómo ese discurso de la “diversidad sin romper nada” es algo que estas democracias digieren fácil.

Y ese discurso se integra tanto, que está cada vez menos en la calle y más en las publicidades y los discursos.

Mientras, los sectores conservadores se organizan, las iglesias hacen lobby con los gobiernos y los derechos están amenazados porque en estas democracias ninguna victoria es permanente.

Es cierto que cambiaron muchas cosas, pero hay algo que estuvo ese día en las calles del Greenwich Village y hoy sigue estando, aunque existan más derechos.
El viernes 28, el mismo día que en Buenos Aires se marchaba recordando Stonewall, denunciando los travesticidios y reclamando por el cupo laboral trans, la Justicia condenó a un año de cárcel a Mariana Gómez por besar a su esposa en una estación de tren.

Hay una consigna que se ve en algunos stencil y pancartas que dice, “Stonewall fue una revuelta”. Es una forma de recuperar la historia, pero también la perspectiva de transformar las cosas.

En 1969, las personas que dijeron basta esa madrugada, no se conformaron con que dejen de perseguirlos. En 2019, cuando los conservadores amenazan con retroceder y para el progresismo siempre es demasiado apresurado avanzar, no hay motivos para elegir entre poco y nada y mucho menos para conformarse.







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