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La Izquierda Diario
24 de junio de 2019 Twitter Faceboock

EL CÍRCULO ROJO
A la derecha del cierre de listas
Fernando Rosso | @RossoFer

Los candidatos hacia las primarias, las contradicciones de las coaliciones y el escenario desplazado hacia la derecha fueron analizados en el editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos, 89.9.

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  •  Circula una anécdota o una fábula -que se la escuché narrar a Mario Wainfeld- que cuenta que en un cierre de listas del peronismo hay un grupo de militantes que esperan en un bar a que vuelva el delegado que enviaron a negociar sus lugares. Cuando el delegado regresa les dice con cara de derrota: “Nos cagaron, entré yo solo”.
  •  Reales o imaginarias, este cierre habrá tenido muchas anécdotas de ese tipo o similares entre los múltiples aspirantes a las candidaturas. No sólo en el peronismo, sino también en Cambiemos y en la coalición de Roberto Lavagna. ¿Y por qué?

  •  Porque la crisis que atraviesan los partidos tradicionales no está para nada resuelta y para armar espacios con cierto volumen político debieron conformar coaliciones que, por naturaleza, son muy endebles. Las características de estas coaliciones hablan más de su debilidad que de su presunta fortaleza. La incorporación a último momento de Miguel Pichetto o de Martín Lousteau a Cambiemos fue una confesión de que el oficialismo no podía dar garantías de gobernabilidad, mientras que la elección de Alberto Fernández y también de Sergio Massa, una concesión del kirchnerismo y de Cristina Fernández a los poderes fácticos.
  •  Los espacios e incluso los saltos de los referentes de uno a otro manifiestan cierta crisis de hegemonía, de minorías intensas y mayorías relativamente escépticas, de resignación a males menores y consensos negativos. No apoyo a tal o cual candidato por lo que me persuade o me enamora, sino para que no gane el otro. Seguramente me van a decir que esa es la mecánica “normal” de las democracias contemporáneas en el mundo. Y sí, pero mal de muchos, consuelo de tontos. Sobre esa crisis irrumpen los Donald Trump o los Bolsonaro, para dar sólo dos ejemplos.
  •  Algunos analistas o politólogos se ilusionan con esta “apariencia” de resurgimiento de un bipartidismo que pueda dar nacimiento a aquel régimen soñado alguna vez por Torcuato Di Tella. Di Tella hablaba de la necesidad de que se conformen dos grandes partidos y coaliciones en la Argentina -una de centroderecha y otra de centroizquierda- que se alternen en el poder y le otorguen previsibilidad y estabilidad a la democracia argentina.
  •  La realidad -más allá de la coyuntura electoral- muestra un escenario muy distante de esa utopía. Centroizquierda y centroderecha son términos relativos (tanto como izquierda y derecha), por lo tanto hay que analizar cada situación concreta para saber de qué estamos hablando. Con el giro del macrismo de los últimos días, con el presidente que recibió a Amalia Granata, flamante diputada provincial electa en representación de los sectores antiderechos de Santa Fe, pastores evangélicos y miembros del Opus Dei que entraron como legisladores junto con ella; con la incorporación de Alberto Asseff a Juntos por el Cambio en el último minuto para disputar el espacio del ultraliberal José Luis Espert, con cierta bolsonarización que adoptó el macrismo con la xenofobia del mismo Pichetto; con todo eso es muy difícil calificar a ese espacio de “centroderecha”. Por otro lado, a la coalición del Frente de Todos con Sergio Massa, uno de los más rabiosos punitivistas surgidos en la escena política en los últimos tiempos, con el tucumano Juan Manzur, uno de los más fervientes defensores del aborto clandestino (para nombrar sólo algunos referentes) es muy difícil calificarlos de “centroizquierda”.
  •  Y esto si nos planteamos la cuestión sólo en términos ideológicos más generales, porque si vamos al terreno económico el panorama no es muy diferente. El Gobierno declaró que quiere hacer lo mismo, pero más rápido: contrarreformas, disciplina fiscal a rajatabla, ajuste y más ajuste, hasta que duela. Pero, en la oposición que es parte del albertisimo, Emmanuel Álvarez Agís, por ejemplo, afirmó el otro día en una entrevista que había que congelar la distribución del ingreso a la foto de hoy: aumentar 35 % precios y salarios y acordar que todo quede ahí. Para que se entienda: que se sostenga el poder adquisitivo que tenemos hoy, cuando perdimos cerca del 15 o 20 % promedio desde el 2015. Y Álvarez Agís es de “centroizquierda” en relación a, por ejemplo, Guillermo Nielsen (otros de los economistas que suena como eventual funcionario de Alberto Fernández) que propone un ajuste fiscal en los próximos años que Nicolás Dujovne le firmaría a cuatro manos.
  •  Lo que sucede es que son conscientes de que estamos en un país con una crisis grave, una sociedad agobiada, bajo la determinación lacerante del Fondo Monetario Internacional y en un escenario mundial muy complejo y adverso. En ese contexto, parece que hay temas que son indiscutibles: ¿apartarse del FMI? imposible; ¿saldar la deuda social antes que la deuda ilegal e ilegítima? una locura; ¿exigir que se recupere significativamente el poder adquisitivo del salario? un planteo casi ultra; ¿plantear que todo este lío lo paguen (con impuestos o con lo que sea) los que lo provocaron (bancos, terratenientes)?, un delirio casi subversivo.
  •  Cuando vamos a discutir las cosas concretas, se termina la poesía politológica de centroizquierdas y centroderechas abstractas de un país en armonía y queda en evidencia que (con posiciones relativas diferentes) todo el escenario, el universo de sentidos y el horizonte de lo posible se corrió a la derecha. Y cuando todo se corrió a la derecha es cuándo más necesarias son las batallas, las propuestas y sobre todo, las ideas de izquierda. Para que mañana, cuando las mayorías populares vuelvan a quedarse afuera de todo, no venga alguno y nos diga: “Nos cagaron, entré yo sólo”.
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