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El soterramiento del Sarmiento “te lo debo”: tras los negociados, Macri paralizó la obra

Tiempo estimado 7:33 min


Sucedió hace unos días, la obra anunciada en el 2016 quedó paralizada. Uno de los grandes negociados del empresariado con la década kirchnerista y con Cambiemos.

Jorgelina Esteche

Congresal Suteba Morón | Agrupación La Marrón Candidata a primer concejal por Morón, FIT-Unidad @EstecheJor

Mirta Pacheco

@mirtapacheco1

Sábado 9 de febrero | 17:21

Fotos: Mariana Nedelcu -Enfoque Rojo-

Más de cien trabajadores de la construcción despedidos y una obra que, tras tres años de ser anunciada con bombos y platillos, llegó solo a 7 kilómetros de excavación del túnel, de los 18 previstos.

El gobierno de Mauricio Macri también suspendió, al menos por ahora, algunos de los contratos con el consorcio de las empresas Ghella (italiana) y con Sacde, la ex Iecsa que desde marzo de 2017 pertenece oficialmente al amigo de Macri y dueño de Pampa Energía Marcelo Mindlin. El grupo de Mindlin interviene en el sector energético y de hidrocarburos, participando tanto de la generación, el transporte y la distribución.

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Amigos son los amigos

Estos empresarios ligados a la construcción y al sistema energético la “levantaban con pala” durante el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. Y hoy siguen haciéndolo con Macri.

Sacde cambió de nombre pero no de dueño. En la investigación de la causa por coimas del soterramiento, el año pasado se reveló que el primo del presidente, Angelo Calcaterra, pese a figurar como vendedor de Iecsa sigue controlándola junto a Mindlin.

Esa causa, con 49 imputados, sigue porque Odebrecht (la del Lava Jato), también participante del soterramiento, está siendo investigada por pagar coimas en tiempos de Cristina Kirchner y su ministro Julio De Vido. Además están implicados ejecutivos de Ghella y el primo Calcaterra.

Entre los imputados hay exfuncionarios y empresarios de grandes compañías dedicadas a la construcción, ingeniería y demás rubros ligados a la obra pública, también “amigos” del macrismo.

Son parte de los grandes negociados que saltaron a la luz con los “cuadernos de Centeno”. Amasan fortunas que le quitan al Estado, y que es plata que surge de los impuestos regresivos (como el IVA) de un sistema en el que la clase trabajadora y el pueblo pobre pagan proporcionalmente mucho más que los ricos.

Para el empresariado las ideologías terminan donde empiezan los negocios. Nada les importa el bienestar ni las vidas mismas de la población. Ya lo demostraron en este mismo ferrocarril, con las 51 personas asesinadas en la masacre de Once.

Calcaterra compró el paquete mayoritario de las acciones de IECSA en 2007, evitándole un problema a su primo (entonces jefe de Gobierno porteño) que figuraba como dueño junto a papá Franco.

Entre 2004 y 2014 la empresa pasó a ser una de las mayores proveedoras de obra pública del país. Solo en licitaciones de Vialidad Nacional, en los años kirchneristas, Iecsa ganó más de una veintena por casi $11 mil millones.

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Y siempre conviene recordar que en 1976, al comienzo de la dictadura genocida, los Macri tenían siete empresas, pasando a 47 en 1983.

Para la clase empresaria las ganancias ante todo

En febrero de 2016 (cuando aún no habían llegado las crisis que limaron su fortaleza relativa) un sonriente Macri junto a la gobernadora Vidal reinauguraron (durante el kirchnerismo hubo varias “inauguraciones” truncas) las obras del soterramiento del Sarmiento. Una licitación de U$S 3 mil millones.

En abril de 2018 el Juez federal Marcelo Martínez De Giorgi resolvió citar a indagatoria a exfuncionarios y a empresarios de Odebrecht, Iecsa, Ghella y Comsa, que habían formado una unión transitoria de empresas (UTE) en 2004 para esta obra.

El primo presidencial se presentó un día antes en Comodoro Py y le entregó un escrito a Martínez De Giorgi, negando las acusaciones y reconociendo solo “anomalías administrativas que no constituyen delito”.

La causa sigue abierta sin muchas novedades. Ser gran empresario y a la vez pariente presidencial tiene sus ventajas. Es el privilegio de pertenecer a la clase empresarial que maneja el Estado capitalista en función de sus ganancias.

Esa clase, cuando lo necesita, quiebra sus propias leyes con el aval de una casta judicial siempre entregada al mejor postor. Por eso la corrupción entre empresarios y funcionarios, que en tal o cual momento gestionan ese Estado, está en el ADN de este último.

El costo para las grandes mayorías, en este caso, es viajar como ganado, horas de sueño sin descanso y no poder disfrutar de sus familias por las largas horas viajando hacia y desde el trabajo. Y lo más criminal, la muerte. Como ya pasó en Once y Floresta.

Las promesas de campaña de Cambiemos terminaron en la basura. No cumplió ni una. Prometió integrar a la zona oeste del Gran Buenos Aires con la Ciudad, mejorando las frecuencias del servicio y alivianando el tránsito en las calles.

Por el contrario hoy, para “achicar gastos”, aplica duros tarifazos. Un 40 % para el transporte este año, a lo que hay que sumar aumentos en la luz, el agua y el gas.

El único compromiso que sí respeta a rajatablas Macri es el que sostiene con el FMI, que ordena recortar gastos en todas las áreas que afectan directamente al pueblo trabajador.

Eso dice el Presupuesto votado a fin del año pasado. Para pagar la deuda destina cuatro veces más que para Salud, 2,6 más que para Educación; 21 veces más que para vivienda. Un equivalente al 38 % del presupuesto previsional nacional. Con ese monto se podrían construir 50 mil jardines, 10 mil escuelas o 500 hospitales.

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Nuestras vidas valen más que sus ganancias

Nos exprimen con el pago de una deuda que ninguna familia trabajadora contrajo. Saquean nuestros recursos. Los servicios públicos y el transporte son pésimos y hasta provocan muertes totalmente evitables. ¿Qué hacer?

La primer respuesta lógica sería confiar en nuestras propias fuerzas. Porque somos las trabajadoras y los trabajadores quienes movemos la palanca de todas las empresas, sean de energía, del transporte y un largo etcétera. Donde miremos, a las cosas las hace funcionar la clase trabajadora y es la que tiene la fuerza para paralizar todo.

En Argentina es necesario que esas empresas dejen de existir en función de sus propias ganancias. Hay que ponerlas al servicio de la mayoría social, nacionalizándolas sin pago y con el control de sus trabajadores y usuarios. Las inversiones necesarias en infraestructura, tienen que salir de dejar de pagar la deuda externa.

Oponerse a esta salida, como hace el PJ o el kirchnerismo en particular, es permitir que sigan robándonos y matándonos o desechándonos cuando ya sus negocios no son viables o cuando tienen otras prioridades (que nunca son las nuestras).

Esa fuerza social que representamos, dispuesta a dar lucha en las calles podría imponerles a las direcciones sindicales medidas de lucha que hasta el momento se niegan a llevar adelante.

En Francia los chalecos amarillos, pese a la indiferencia de las conducciones sindicales, se movilizaron, se defendieron de la represión policial y lograron el apoyo masivo de la población, obligando a retroceder al presidente Macron con el aumento en los combustibles.

Con su persistencia en la lucha le arrancaron a los sindicatos el llamado a un paro general.

Desde la izquierda, se busca fortalecer una salida anticapitalista. Los que históricamente se enriquecen a costa nuestra no cambian su receta, tenemos que dar vuelta la historia, porque nuestras vidas valen más que sus ganancias.





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