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Fernández-Moyano: entre la reforma laboral en cuotas y las cuotas de poder

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Finalmente el presidente electo se juntó con el hombre más poderoso del sindicalismo argentino. ¿Cuáles son las claves de la negociación?

Miércoles 4 de diciembre de 2019 | 00:13

El almuerzo de este martes en la Federación de Camioneros no arrojó muchas definiciones concretas, es cierto. Por lo menos no salieron de esas cuatro paredes. Pero nadie puede negar que fue un capítulo central de la relación entre quien gobernará el país desde la semana que viene y uno de los hombres fuertes del sindicalismo peronista.

¿Cuáles fueron las claves de la reunión?

1. La foto que los dos necesitaban

La relación entre Fernández y los Moyano no venía siendo la más fluída. Hugo aceptó a último momento participar del reciente acto en la CGT y es indudable que el Frente de Todos ha elegido a Daer como principal interlocutor sindical. Por eso el principal objetivo, cumplido, era una foto del presidente electo y uno de los hombres más poderosos del mundo sindical.

Hugo estuvo acompañado de algunos de los hombres que le siguen respondiendo. No tienen el poder de fuego del camionero, pero representan un ala indiscutible de la CGT.

2. El reparto del poder

Hasta que se conozcan este viernes los nombres elegidos para el gabinete, todos los sectores del peronismo se creen con el derecho de exigir sus puestos en el próximo gobierno. Es una forma de sellar compromisos, pero también de defender jugosos intereses.

En el caso del moyanismo, son conocidas sus gestiones para ubicar a Guillermo López del Punta en la Secretaría de Transporte. Se trata de un abogado y empresario que ya ocupó el cargo durante la gestión de Duhalde. La Secretaría se ocupa de muchos de los engranajes estratégicos del capitalismo argentino. De ella dependen además organismos como Aeropuertos Argentinos, Aerolíneas, Puertos, el sistema ferroviario, Vialidad Nacional y millonarias obras en todo el país. Durante buena parte del kirchnerismo estuvo en manos de Ricardo Jaime, condenado por la masacre de Once y por corrupción junto a empresarios del sector. En ese momento algunas de las secretarías las ocuparon hombres dictados por el sindicalismo del transporte (Camioneros, Unión Ferroviaria, La Fraternidad), cuyos gremios se vieron favorecidos por negocios con el Estado. Todo indica que López del Punta, con la venia no solo del moyanismo sino de otros sindicalistas del sector, se quedaría con el puesto.

Algunos medios quisieron adjudicar a Claudio Moroni como una apuesta del moyanismo. La verdad es que el virtual Ministro de Trabajo es un “albertista” de la primera hora. Lo que sí, Camioneros pidió continuar gestionando el correo privado OCA.

3. La interna cegetista

Moyano se siente relegado en el armado del peronismo y de la propia CGT. Cree que le siguen cobrando la ruptura con Cristina en 2012 y los coqueteos con Macri en 2015. Pero que además no le reconocen su oposición, tardía y controlada, al macrismo. Moyano quiere que le reconozcan su papel como “articulador de la protesta” ante un triunvirato directamente cómplice. Pero a Fernández no podría conmoverlo ese planteo. Fue uno de los voceros de la política del peronismo ante el ajuste de Cambiemos: esperar las urnas, evitar las calles.

Mientras teje alianzas para la nueva etapa de la CGT, Moyano le agregó un condimento especial a las internas. Quiere poner un hombre de confianza en la Dirección Nacional de Asociaciones Sindicales, que depende del Ministerio de Trabajo. No es una oficina cualquiera: allí se deciden los conflictos de encuadramiento, el otorgamiento de personerías gremiales y las inspecciones a sindicatos. Por eso es un botín preciado por las distintas alas de la CGT, que tienen disputas en muchos gremios.

4. “Reforma laboral”: no pero sí

En la reunión estuvo presente, como contó La Nación, el tema de la “reforma laboral”. Pablo Moyano, aunque no participó del almuerzo, ya había adelantado esta semana que era uno de los temas de interés.

La respuesta fue repetida: “reforma laboral generalizada no, modernización de convenios por gremio sí”. Es la trampa que prepara Fernández en acuerdo con la UIA y muchos de los dirigentes sindicales, ante el malestar que podría generar una ley de reforma entre la clase trabajadora. El famoso modelo Vaca Muerta, que modernizó el convenio petrolero a costa del sudor (y la sangre) de los trabajadores del sector.

Pero nadie debería sorprenderse. También lo podríamos llamar el modelo Tomada. Durante la gestión del último ministro de Trabajo peronista se reformaron más de 1000 convenios y la mitad tenían clausulas de flexibilización de la jornada o las condiciones de trabajo.

5. Los preparativos del pacto social

Alberto ya lo repitió cien veces, una de ellas en el mismo edificio de la CGT. “Tenemos que reeditar un pacto social como el del General Perón”. Aquel pacto que intentó congelar precios y salarios terminó con una rebelión generalizada de la clase trabajadora. Son tiempos distintos, pero el peronismo quiere “blindar” al gobierno de Alberto de entrada. Por eso ya comenzó el armado del nuevo acuerdo.

Desde Camioneros ya habían adelantado que "la gran mayoría de los gremios vamos a estar acompañando las primeras medidas del gobierno de Alberto Fernández, que creo que van a ser muy duras. Hay que esperar un año, dos años... Uno tiene que ser realista".

Pero la realidad es un poco más difícil que la teoría. Los Moyano saben que pueden “quemarse” con un pacto que sin dudas traerá medidas “duras” para una clase trabajadora que quiere recuperar lo perdido. Por eso siguen negociando su participación. En ese marco se puede leer que, horas antes de la reunión con Fernández, encabezaron una movilización por el bono de fin de año a la Secretaría de Trabajo. Si los empresarios no ceden, la primera medida de fuerza que sufra el nuevo gobierno peronista podría ser un paro camionero.

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Más allá de la rosca política más inmediata, las negociaciones del presidente con Moyano y sus colegas se pueden tomar como un adelanto del papel que jugará el sindicalismo peronista en la próxima etapa. Un sindicalismo que se prepara para ser parte del gobierno pero también del “pacto social” con los empresarios. Un sindicalismo cuya unidad no tendrá el objetivo de desplegar las fuerzas del movimiento obrero sino de “blindar” al gobierno contra cualquier cuestionamiento, en medio de una América Latina convulsionada. Un sindicalismo más preocupado por sus “cuotas de poder” que por la situación de millones de trabajadores y trabajadoras. Un sindicalismo dispuesto a entregar históricas conquistas pero “cuidando las formas”.





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