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Cinco poemas de Emily Dickinson

Tiempo estimado 2:51 min


En un nuevo aniversario de su natalicio, compartimos algunos textos de la poeta norteamericana, considerada por la crítica una de las más importantes del siglo XIX.

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Correo: lidteratura@gmail.com

Sábado 7 de diciembre de 2019 | 00:00

El 10 de diciembre se cumplen 189 años del nacimiento de Emily Dickinson. En honor a su natalicio, seleccionamos algunos de sus poemas y los compartimos. La poeta norteamericana dejó una obra sólida y es considerada por la crítica como una de las mayores poetas del siglo XIX.

Antes de pasar a los textos, nos gustaría aclarar que las traducciones pueden atentar contra el estilo, sobre todo cuando -como en el caso de Dickinson- se traduce de una lengua sajona a una latina. El uso de la prosa condensada y la “flexibilidad” del lenguaje es una característica distintiva de la poeta, cuestión que no siempre es fácil de trabajar. Aún así, el resultado es de una belleza particular.

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Dame el ocaso en una copa…

Dame el ocaso en una copa,

enumérame los frascos de la mañana

y dime cuánto hay de rocío,

dime cuán lejos la mañana salta-

dime a qué hora duerme el tejedor

que tejió el espacio azul.

Escríbeme cuántas notas habrá

en el nuevo éxtasis del tordo

entre asombradas ramas-

cuántos caminos recorre la tortuga-

cuántas copas la abeja comparte,

disoluta del rocío.

También, ¿quién puso la base del arco iris,

también, quién guía las esferas dóciles

por juncos de azul flexible?

¿Qué dedos atan las estalactitas-

quién cuenta la plata de la noche

para saber si nadie está en deuda?

¿Quién edificó esta casita albana

y cerró herméticamente las ventanas

que mi espíritu no puede ver?

¿Quién me dejará salir un día de gala

con implementos de vuelo,

fugaz pomposidad?

135

El agua se aprende por la sed;

la tierra, por los océanos atravesados;

el éxtasis, por la agonía.

La paz se revela por las batallas;

el amor, por el recuerdo de los que se

fueron;

los pájaros, por la nieve.

543

Temo a la persona de pocas palabras.

Temo a la persona silenciosa.

Al sermoneador, lo puedo aguantar;

al charlatán, lo puedo entretener.

Pero con quien cavila

mientras el resto no deja de parlotear,

con esta persona soy cautelosa.

Temo que sea una gran persona.

997

El Desmoronamiento no es Acto de un instante

una pausa esencial

El deterioro y sus procesos

son como organizadas Decadencias.

Primero Telarañas en el Alma

una Película de Polvo

Agujero en el Eje

o Elementales Óxidos —

La Ruina es ordenada —un trabajo diabólico,

consecutivo y lento—

Ningún hombre cayó en un solo instante

Deslizarse — es la ley que rige el Choque.

1654

La belleza me oprime hasta la muerte

belleza ten piedad de mí

pero si muero hoy

que sea contemplándote ̶





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