GRAVE DENUNCIA

Tucumán: gatillo fácil y abusos policiales en velorio

Tiempo estimado 6:46 min


Nuevo caso de violencia policial con un asesinato, seguido de provocaciones y represión a familiares y amigos durante el velorio y entierro de un joven

Juan Lobo

@CanisLupus1917

Martes 19 de enero | 08:50

Marcos Gallardo luchaba por su vida desde la madrugada del lunes 11 de enero, tras ser baleado en la zona de Los Pocitos, al norte de San Miguel de Tucumán. Por supuesto, la primera versión que circuló fue la policial, acusando a “Coquito” y otro joven de querer robarle a un policía, Jonatan Cabrera. Buscan así que el homicidio encuadre en “legítima defensa”, algo muy difícil de sostener por la cantidad de contradicciones en que incurrieron para justificar lo ocurrido.

Primero dijeron que sólo tenía una herida de bala, pero eran tres. No había ninguna víctima en la primera denuncia que hicieron, luego esta apareció. Dijo que iba con su hija, quién luego se transformó en su mujer. También por supuesto apareció el arma que habrían tenido los jóvenes, que según un abogado no está apta para disparar. El amigo de Marcos, de quién no se sabe nada hasta ahora se habría fugado en una moto, pero ese vehículo se encuentra secuestrado. Demasiados cabos sueltos para transformar un homicidio y abandono de persona en un acto de legítima defensa. El teléfono de Marcos también desapareció entre el hospital y/o en fiscalía, donde entre sus pertenencias ya no estaba. Otra tradición policial/judicial, extraviar objetos claves cuando a quienes debe investigarse es a las fuerzas de seguridad.

La hermana de Gallardo inmediatamente de enterada del ataque a su hermano fue al lugar donde lo encontraron para constatar la cantidad de cámaras de vigilancia, tanto del gobierno como las de varias empresas (la concesionaria de autos León Alperovich Group, Dibaco y Tensolite) que están en la zona e intentar averiguar qué pasó. Sospechosamente, ya se encontraban miembros policiales pertenecientes al centro de monitoreo (donde se encargan precisamente del sistema de vigilancia mediante cámaras) y otras divisiones. No es de extrañar que -como siempre que las actuaciones comprometen el propio accionar policial- que las cámaras “no funcionen” o sean extraídas del lugar.

“Nuestro duelo prohibido”

Tras luchar casi una semana por su vida, Marcos David falleció este viernes. Pero allí comenzó la segunda serie de ataques y crueles provocaciones a sus amigos y familia. Marcos era muy querido en su barrio “La Colmena”, en especial en su club Estación Experimental. Pronto sus amigos se concentraron en su casa para esperarlo y despedirlo. Allí se hicieron presentes, con intenciones muy diferentes, miembros de infantería, el GOM, el grupo Cero, motorizados del 911. Directamente reprimieron, insultaron, golpearon y se llevaron a 26 jóvenes detenidos. Algunos hasta el día de hoy. “¿Quieren despedir a este gato?, pues no van a estar”.

Ante el reclamo de una vecina al comisario Juárez, quién perseguió anteriormente a hermanos de Marcos, por el brutal operativo y anunciándole que un abogado de derechos humanos se haría presente, éste le contestó “que se haga culear”.

El sábado y el domingo, cuando finalmente entierran a Marcos, siguió la misma tónica de provocaciones y represión. Heridos de balas de goma en el rostro, golpes a una mujer embarazada (“qué mirás puta”) y a todo el mundo, entre ellos un chico discapacitado que recibió un golpe de itaka en su rostro, causándole lesiones. El chófer del cortejo estaba completamente aterrorizado por el accionar policial “nunca vi algo así”, también los trabajadores del cementerio estaban indignados y no podían dar crédito al odio que mostraba la inmensa caravana de policías que atacó el cortejo durante todo el trayecto golpeando, haciendo tiros e incluso tirando a patadas a la gente de sus motos.

No estamos hablando de un grupo de policías fuera de sus cabales, esta institución recibe órdenes del poder político y judicial, quienes les transmiten verticalmente su odio de clase hacia las barriadas populares y les otorgan el permiso para reprimir, torturar y matar. Un accionar criminal, lleno de odio contra los pibes de los barrios (durante el cortejo fúnebre, un efectivo del Grupo CERO se jactaba de ser el primo de quien mató a Marcos), e infinidad de muestras de crueldad contra familiares y amigos que sólo querían despedir al joven muerto por Jonathan Cabrera, el policía homicida miembro de la Infantería al servicio de la Unidad Regional Norte. La Comisión de Familiares de Víctimas de Gatillo Fácil de Tucumán compartió el siguiente comunicado donde repudian el nefasto accionar policial:

Nuestro duelo prohibido
Lxs familiares Victimas de Gatillo Fácil y Violencia Institucional queremos denunciar el...

Publicado por Grupo de Familiares Contra el Gatillo Fácil en Tucumán en Sábado, 16 de enero de 2021

Familias destrozadas

La Izquierda Diario estuvo con Mimí, mamá de Marcos, quién es miembro de la Comisión de Familiares contra el Gatillo Fácil. Ella estaba luchando por justicia para su hijo Emanuel, quien en 2015 también perdió la vida a manos de la Policía, cuando los dejaron encerrados en una celda durante un incendio, donde perdió la vida también el joven Ariano Biza. Estaban hacinados en una pequeña celda, siendo casi 20 personas en esas condiciones.

“Quiero creer en la Justicia, pero no sé dónde está”, nos decía visiblemente afectada por lo ocurrido. Esta crueldad y la sensibilidad de odio hacia los pibes de la policía demuestra que es una institución imposible de reformar con cursos de derechos humanos. Una institución que lejos de combatir el delito, lo regentea con los ejemplos de policías implicados en secuestros, robos con logística, trata de personas o la relación de ellos (también de jueces y políticos patronales) con el narcotráfico. Vínculo que también se cobró la vida de familiares de Cucú, otra compañera de la comisión quien sufrió el brutal ataque de un “transa” en su barrio, esos que protege la policía para engordar su caja negra. O los cuatros muertos -tres hermanos y su padre- que soporta la familia Biza, también estigmatizada y perseguida con crueldad por la fuerza policial.

La doctrina Chocobar, que consiste en dejar que los policías ejecuten la pena de muerte, insuflada por Patricia Bullrich durante el gobierno de Macri y hoy por los Berni o Maley del gobierno de Manzur se cobró una nueva víctima. Hay que enfrentar la brutalidad policial en las calles, denunciando el gatillo fácil y la represión; ya que esta brutal violencia policial -con un contenido altísimo de odio de clase- es parte de mantener “a punto” a las fuerzas represivas para desatar su violencia contra todos los que salgan a luchar por sus derechos en el marco de una crisis social y económica que se aún está desarrollando.





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