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Red Internacional

Análisis. ¿A quién le habló Cristina Kirchner en La Plata?

La vicepresidenta, en un discurso que fue leído por muchos como una suerte de lanzamiento de campaña – aunque evitando hablar de candidaturas – buscó ampliar hacia el arco derecho de la sociedad el alcance de sus palabras. Entre la llamada seguridad y el consenso democrático, bajo el horizonte de una crisis que amenaza con prolongarse.

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Viernes 18 de noviembre | 21:28

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner se ocupó este jueves de recalcar su lugar central dentro del escenario político nacional. Su puesta en escena, centralmente conciliadora hacia las distintas vertientes del peronismo, se postuló como prenda de unidad de esa fuerza política, porque “simplemente sin Cristina hay peronismo, posiblemente dividido, fracturado, enfrentado, inocuo”.

Es desde esa designación en un lugar de centralidad dentro de la fuerza política que hoy es gobierno y desde el reconocimiento de que “Es cierto que con la democracia (capitalista) no se pudo ni comer, ni curar, ni educar” y con la certeza de que lo que viene “es muy fulero”, la vicepresidenta ensayó un discurso que buscó interpelar a un sector que fue del centro hasta la derecha.

Allí, dedicó un importante fragmento de su intervención para hablar acerca del problema de la llamada inseguridad, convocando incluso a “desplegar miles de gendarmes aquí en el conurbano bonaerense en vez de tenerlos en medio de la Patagonia nadie sabe haciendo qué”, y apelando a que “el orden en una sociedad también ayuda y contribuye con la seguridad”. Cualquier coincidencia entre la agenda planteada por Cristina en momentos en que sobreabundan los discursos manoduristas o incluso de libre portación de armas como proclama Milei, no parece pura coincidencia. Más bien, ante el emergente en las encuestas del ultraderechista, la vicepresidenta parece decidirse por salir a pelear parte de esa base desencantada y enojada, que expresa simpatía por el “libertario”. Menos de 24 horas después de sus palabras, el ex carapintada Sergio Berni, últimamente alejado de quién fue durante largos años su jefa política, haya afirmado que ““Lo que escuché ayer de Cristina sobre seguridad es música para mis oídos”.

También intentando ampliar su base de diálogo, la ex presidenta llamó a un "un consenso democrático y económico” y reivindicó el “pacto democrático” posterior al fin de la dictadura cívico-militar, durante el Gobierno de Alfonsín. En esa sintonía es que afirmó que “va a ser necesario que lo hagamos porque esta década de la pospandemia viene difícil, viene fulera. Viene muy fulera. Viene con graves problemas geopolíticos. Viene con disputas que están por afuera de nuestras posibilidades el intervenir o el decidir pero, por lo menos entonces, fortalezcámonos acá los argentinos y las argentinas para defender los recursos naturales: el litio, la hidrovía, Vaca Muerta, el agua. Necesitamos una dirigencia política compenetrada de los problemas que tiene el mundo para poder encararlos y resolverlos. Necesitamos, imperiosamente, discutir estas cosas en lugar del agravio permanente y la descalificación y la estigmatización”. Consenso antigrieta para profundizar el extractivismo.

En ese afán conciliador no faltaron tampoco los guiños al “gobierno nacional y popular de Hipólito Yrigoyen” -sí, el mismo que masacró a cientos de trabajadores en la Semana Trágica y en la Patagonia-. ¿Se trata de un guiño para ese sector referenciado en Juntos por el Cambio y el radicalismo pero que intenta posiciones alejadas de la radicalización de Patricia Bullrich?

En este marco, la reiterada celebración del triunfo de Lula Da Silva parece marcar los pasos a seguir para la vicepresidenta. Una campaña corrida a la derecha, sumando como candidatos a parte de los “neoliberales” que impulsaron el golpe institucional contra Dilma Rousseff, junto con una fuerte apelación al voto evangélico y antiderechos. ¿A dónde va el amplio consenso nacional que busca Cristina Fernández? ¿Una reedición argenta de la alianza con parte de la derecha para ganarle a la ultraderecha? la insistencia con un futuro complicado y el esfuerzo por bajar las expectativas intentan convencer de un mal menor cada vez más parecido a los males mayores. La vara siempre se puede correr un poco más. De más está decir que existen amplias diferencias entre la Argentina y el escenario político brasilero.

Cristina concluyó apelando: “Por favor, convirtamos el 17 de noviembre en el día del militante por la Argentina. La Argentina necesita militantes, de ningún partido político sino de la Argentina”. Vuela bajo la promesa de una militancia que como perspectiva plantea que con la democracia “sí se puede vivir. Porque para educarse, para comer o para trabajar, primero hay que estar vivo, compatriotas”.

El discurso de Cristina se para sobre la propia decadencia social, producto de la política del gobierno y la oposición mayoritaria, que eligen priorizar seguir pagando la deuda con el FMI por sobre las necesidades urgentes de las grandes mayorías, en base a un ajuste cada día más feroz. Pero lejos de postular una alternativa, ese futuro de decadencia aparece casi como inevitable. Lejos de esa miseria que buscan normalizar, es necesario pelear por otro horizonte. En los últimos meses la lucha de los trabajadores del neumático y, últimamente, los trabajadores de la salud, con los residentes a la cabeza, mostraron que antes que bajar la cabeza, luchar sirve y que el futuro se encuentra en las calles peleando y no con el “amplio consenso” que postulan junto a aquello que piensan en seguir ajustando las cadenas del atraso y la dependencia.


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