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Berlín: 250.000 personas marchan contra el tratado comercial TTIP

La capital alemana no ha visto una manifestación tan grande en los últimos diez años. El sábado, 250.000 personas protestaron contra el TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones) y el CETA (Acuerdo Económico y Comercial Global con Canadá).

Wladek Flakin

Berlín

Martes 13 de octubre de 2015 | Edición del día

Hubo tantos manifestantes que la estación central de Berlín tuvo que cerrar temporalmente. Decenas de miles de personas se juntaron en la plaza Washington. Cuando ya había empezado el acto de cierre en la Columna de la Victoria, a varios kilómetros del punto de partida, miles de manifestantes aún no habían arrancado la manifestación. En total desfilaron hasta un cuarto de millón de personas en las calles, llegados en 600 autobuses y cinco trenes.

#NoTTIP fue el lema de la protesta contra el previsto tratado de libre comercio entre los EEUU y la Unión Europea. Las negociaciones que se llevan adelante en secreto desde hace más de dos años apuntan a liberalizar los mercados “igualando” (es decir eliminando) las normativas sociales, ambientales y de trabajo. El tratado garantizaría la “protección de los inversores” permitiendo a las multinacionales demandar directamente a los Estados en tribunales privados en caso de pérdidas de ganancias a causa de regulaciones.

Tres millones de personas firmaron una petición en contra del TTIP, para que esos “tribunales en la sombra” dominados por multinacionales, se pudieran sustituir por tribunales públicos de comercio. Pero esa opción ya no existe en la parte canadiense-europea de ese tratado, el CETA, que supone un peligro mucho más inminente puesto que las negociaciones ya concluyeron. El 82%de las multinacionales estadounidenses tienen su sede en Canadá, por lo cual se verían también beneficiados por CETA – y el resto no demorará mucho en hacerlo. La ratificación del acuerdo se espera pronto.

Ciento setenta organizaciones –sindicatos, organizaciones ambientales y de consumidores, así como partidos políticos como los Verdes o el partido Die Linke (“La Izquierda”) –llamaron a la manifestación. Las organizaciones sindicales y políticas reformistas de Alemania organizaron profesionalmente el evento para – en las palabras del primer orador, el socialdemócrata de izquierda Michael Müller – “defender a la democracia” y “garantizar el comercio justo”.

Sin embargo, en su mayoría actúan como si Alemania no fuera un importante país imperialista que se enriquece con exportaciones de armas, operaciones militares y saqueos financieros de otros países. Una forma extrema de esa posición la expresó un sector de derecha, nacionalista y con una “teoría conspirativa” que sostenía: “Merkel nos vende a los EEUU.” Aunque, siendo justos, los organizadores aseguraron que pudieran hablar muchos activistas estadounidenses para mostrar una perspectiva internacional de resistencia de ambos lados del Atlántico.

En realidad, los multinacionales alemanes se benefician tanto como sus competidores norteamericanos de las reglas de “libre comercio” que por ejemplo socava la protección del medio ambiente – como confirmó recientemente el escándalo de Volkswagen. Los representantes del capital alemán defienden enérgicamente al TTIP.

“No habrá una rebaja sobre las normas logradas”, prometió Sigmar Gabriel (SPD), ministro de economía de Merkel, en anuncios de página entera en todos los grandes diarios. El gobierno no escatimó en gastos, y las asociaciones patronales BDA y BDI lo imitaron inmediatamente. “Alemania vive de mercados abiertos”, dijo Matthias Wissmann, jefe de la Asociación de la Industria del Automóvil. Los patrones alemanes no ven ningún peligro para su soberanía con el TTIP, todo lo contrario.
La manifestación atrajo un número enorme de personas de todas edades. También fue la concentración más grande de sindicalistas en los últimos años. Sin embargo, los objetivos de “democracia” y “justicia” no se podrán lograr pretendiendo un retorno a la “soberanía nacional”.

Solo la solidaridad internacional de los trabajadores puede ser una base para el “comercio justo”, es decir la producción en base a las necesidades de cada uno, y no las ganancias de unos pocos capitalistas. Esa es la perspectiva que defendimos los revolucionarios en la manifestación.







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