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Red Internacional

El Círculo Rojo. Brasil: claves de una elección que define más que un nuevo presidente

Este domingo más de 150 millones de brasileños están llamados a las urnas en una elección polarizada entre el ex presidente Lula Da Silva y el actual jefe de Estado Jair Bolsonaro. Los resultados tendrán también impacto regional. ¿Qué dicen las últimas encuestas? ¿Cómo llegan los candidatos? ¿Se podría definir el domingo? Además: ¿Qué se juega a nivel estadual, cómo están posicionados los principales candidatos?

Viernes 30 de septiembre | 22:00

De esos temas habló Diego Sacchi en su columna sobre noticias internacionales del programa de radio El Círculo Rojo, que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs por Radio Con Vos.

El próximo domingo casi 156 millones de brasileños habilitados para votar en una elección crucial en el país más grande de Latinoamérica. Se elige presidente, se renueva la Cámara de Diputados, un tercio del Senado, gobernadores y las Cámaras legislativas estaduales. El hecho de utilizar un sistema de voto electrónico hace prever que los resultados, al menos preliminares, estarán disponibles en pocas horas. Si ninguno de los candidatos consigue el 50% más 1 de los votos válidos (sin blancos ni nulos), los dos más votados irán a una segunda vuelta prevista para el domingo 30 de octubre que terminará de decidir quién asumirá la presidencia el próximo 1ro de enero.

Según los últimos sondeos de Datafolha, el expredidente Lula da Silva (Partido de los Trabajadores) tendría el 50% de los votos válidos y Jair Bolsonaro (Partido Liberal) el 36%. El PT se encuentra en el umbral de la victoria en la primera vuelta. Otra encuesta, de la Agencia Ipec, le da a Lula el 48% mientras que a Bolsonaro 31%. Aunque una docena de candidatos disputan la presidencia, entre ellos el exministro Ciro Gomes (del Partido Laborista que rondaría el 7%) y la senadora Simone Tebet (del Movimiento Democrático Brasileño con un porcentaje similar), el escenario está altamente polarizado entre Lula y Bolsonaro.

Otra encuesta a tener en cuenta es la de Genial/Quaest publicada el martes que revela que el 90% de los brasileños quiere que la elección presidencial termine en la primera vuelta, prevista para el domingo. Los votantes que más quieren que las elecciones terminen en tres días son lo de Jair Bolsonaro (94%) y Lula (93%). Estos datos muestran una posibilidad real de que la elección se defina en primera vuelta con una victoria de Lula da Silva sobre Jair Bolsonaro.

Además, los brasileños deberán elegir a los 513 miembros de la Cámara de Diputados y 27 de los 81 escaños que conforman el Senado. El Congreso, se encuentra muy fragmentado entre las distintas fuerzas políticas. Actualmente, casi una treintena de partidos tienen bancas, y ninguno de ellos llega a un quinto del total. Teniendo en cuenta que 446 diputados se presentan a la reelección (87% del total de candidatos), parece que el Congreso no tendrá una modificación significativa en la futura legislatura que asumirá el 31 de enero.

También, están en juego los 27 estados (provincias) que conforman Brasil, tanto a nivel los parlamentos como de los gobernadores. En este plano, según la mayoría de los sondeos, ganarán candidatos de partidos de centroderecha. Entre quienes tienen más posibilidades de quedarse con las gobernaciones, 11 candidatos dijeron estar al lado de Bolsonaro y 10 declararon su apoyo a Lula, aunque buena parte de estos son de fuerzas de centroderecha.

Contradictoriamente a las previsiones para Presidente, en las elecciones estaduales resultan poco competitivos el PT y el PL. No obstante, hay dos excepciones claves a esta tendencia. Una es el estado de Sao Pablo, el gigante de 44 millones de habitantes, donde ganaría Fernando Haddad del PT con un 34% contra Tarcísio Gomes de Freitas del PL con un 24%. La otra es Río de Janeiro, donde las mayores posibilidades están del lado del bolsonarista Cláudio Castro, actual gobernador que va por la reelección.

Como se ve, en estas elecciones hay mucho en juego, el futuro del gobierno de extrema derecha de Bolsonaro, que recordemos debe mucho su llegada al poder al golpe institucional de 2016 y las arbitrariedades orquestados por la mayoría de los sectores políticos y del Poder judicial que respaldaron estos años el ajuste que llevó adelante.

Para entender qué puede pasar el domingo y que puede venir, resumí algunas claves:

La primera es que se fue construyendo una campaña donde lo que se definía en Brasil no es solo una elección, es también la disputa entre “democracia y fascismo”.

Se usaron las declaraciones golpistas de Bolsonaro, las violencia política que incluso terminó en el asesinato de personas que apoyan al PT, para fortalecer una candidatura de Lula que se movió hacia el centro.

Detrás del voto contra Bolsonaro se encolumnan los partidos que apoyaron el golpe institucional, destacados personajes del Poder Judicial e importantes sectores del empresariado.

Entre los gestos para ganar el apoyo está la candidatura como vicepresidente, de Lula, del derechista ex gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin del PSDB.

También hay otros gestos, como el acercamiento de Lula hacia las cúpulas de las iglesias evangélicas, hasta ahora base muy importante de Bolsonaro.

Un hecho destacado se dió el martes en San Pablo donde Lula participó de un evento cerrado organizado por el Grupo Esfera, integrado por las mayores empresas de Brasil. Ahí les prometió “previsibilidad económica”.

Lo que hay es un intento de volver a apostar al PT como administrar la crisis, en cambio a lo que expresó el bolsonarismo que gobernó a través de la crisis, una idea que desarrollan los autores del libro. Brasil autofágico. Aceleración y contención entre Bolsonaro y Lula.

La fórmula de Lula con Geraldo Alckmin, una de las figuras históricas más importantes de los tucanos, con un pasado de oposición a Lula (más allá de que ahora esté afiliado al PSB), como una tentativa imposible de resucitar la Nueva República que los dos partidos lideraron y administraron.

Las direcciones sindicales, de los movimientos sociales e incluso de algunos sectores de izquierda transforman el voto a Lula como la única forma de cambio, incluso aceptando estás concesiones a la derecha como algo “necesario”.

La candidatura de Lula concentra la expectativa de una gran mayoría por sacar a Bolsonaro y terminar con los ataques de los últimos años, con las privatizaciones, el ajuste, la reforma laboral y previsional.

Después de las elecciones queda la incógnita de cómo va a lograr un eventual gobierno de Lula da Silva manejar las expectativas de millones y al mismo tiempo cumplir con todo lo que le prometió al establishment político empresarial.


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