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Red Internacional

Carlos “Titín” Moreira, dirigente nacional del PTS, analiza la propuesta de servicio militar obligatorio que resurge en boca de derechistas como Amalia Granata y Patricia Bullrich. Pensar una instrucción igualitaria en cuestiones militares no debe significar control social a la juventud pobre por parte de una élite del Estado capitalista.

Rosa D'Alesio@rosaquiara

Viernes 13 de mayo | 20:42

En el marco de una crisis social que tiene un 60 % de la juventud en la pobreza, la diputada Amalia Granata presentó un proyecto en la Legislatura de Santa Fe para que vuelva el servicio militar obligatorio. La exministra de Seguridad del gobierno de Macri, Patricia Bullrich, salió a bancarla.

¿Hace falta que el pueblo tenga nociones militares para la defensa nacional? ¿Qué lecciones dejó la Colimba para la clase trabajadora?

-Volvió la discusión sobre si los jóvenes tienen que hacer el servicio militar. Lo planteó la diputada Amalia Granata, un personaje conocido por reivindicar todas las políticas antiderechos. ¿Qué opinas de sus dichos?

Lo que plantea ella es que los jóvenes pobres que no tienen trabajo y no estudian tendrían que hacer el servicio militar. Obviamente que esto solamente lo plantea para los jóvenes de las barriadas obreras, no para los jóvenes de Nordelta o de Puerto Madero, ni los hijos de burgueses que ni estudian ni trabajan. Plantea el servicio militar obligatorio como una forma de disciplinamiento a la juventud.

Es absolutamente reaccionario sus dichos. En Argentina siempre hubo servicio militar hasta que mataron al soldado Omar Carrasco en 1994 en Neuquén. Su muerte se debió al “baile” e incluso golpes que recibió por parte de sus superiores.

-¿Qué pasó luego de su crimen?

Carlos Menem utilizó el justo odio que generó el crimen de Carrasco, y el odio que en general había hacía un servicio militar que ultrajaba a los jóvenes, y decreta su disolución. Es decir que el gobierno resuelve tener un ejército profesional, una tendencia mundial. Son ejércitos profesionales con soldados pagos como cualquier otra fuerza represivas, Gendarmería, policías, etcétera.

Se termina el servicio militar que era totalmente denigrante. Donde torturaban, como lo hicieron incluso a los soldados que combatían contra un ejército enemigo, como fue durante la Guerra de Malvinas.

Hasta ese entonces la conscripción le tocaba por sorteo a todo los varones, primero a los 21 años y después fue a los 18 años, durante un año. Ese año de conscripción, no sólo bajo un ejército genocida, ¿preparaba a los jóvenes en el uso de armas y la instrucción militar?, para nada. Era una denigración de las personas a la subordinación absoluta a los caprichos de un cabo, de un sargento o del general a cargo, contra, digamos, este personal de subalternos. Estaban para limpiarle las botas al cabo, para hacerle de chófer al general, o para llevarle de paseo a la familia.

Opuesto a lo que los socialistas siempre hemos reclamado, que es el derecho de la población a tener conocimientos del uso de armas e instrucción militar. Un derecho elemental que debe tener toda la población. Por eso, nosotros siempre reclamamos de que la instrucción militar tenía que ser universal, también para las mujeres, durante un tiempo acotado, tres o cuatro meses pagado por la patronal y esa instrucción militar realizada por los sindicatos. Es decir que este derecho no sea exclusivamente de una élite de profesionales como son las Fuerzas Armadas, mercenarios, por decirlo de alguna manera.

Además, la instrucción militar es esencial para enfrentar al ejército invasor, como fue en la Guerra de Malvinas. Los soldados fueron a combatir y ni siquiera habían recibido instrucción militar.

-¿El servicio militar, siempre fue una práctica humillante contra los jóvenes?

El Ejército genocida fue la culminación de un proceso que tenía por objetivo denigrar a los conscriptos. De subordinarlos, de hacerles bajar la cabeza. Demostrarle que acá hay alguien que manda, acá y en la sociedad. Y que siempre vas a tener un superior. Era una una formación para disciplinar y decirle a los jóvenes que acá mandamos nosotros. Es una formación de clase brutal. No te podías insubordinar, ni hacer la menor crítica porque te castigaban. Era casi un régimen carcelario.

Durante ese año tenías que comer la porquería de comida que te daban. Si hacías algo que no les gustaba, no te dejaban salir el fin de semana para volver a tu casa. Si estabas lejos, porque hacías la colimba en en el sur, por ejemplo, y vivías en el norte, te suspendían el franco y ni siquiera podías recibir visita de tus padres, o lo que fuera. Te castigaba y te quedaba sin franco.

-¿Qué consecuencias tiene tener un ejército profesional?

Estados Unidos también tuvo conscriptos, pero después de Vietnam fueron a un ejército profesional y con mercenarios, los que ellos llaman contratistas. Durante la guerra de Vietnam los soldados, los hijos del pueblo, volvían en bolsas negras, lo que provocó rebeliones y el surgimiento de movimientos pacifistas.

El caso más famoso fue el de Mohammad Alí​​ ​​que perdió la corona de peso pesado porque se opuso ir a combatir y rompe la cédula de reclutamiento. De esta rebelión el imperialismo saca conclusiones y arma un ejército profesional. Porque esos ejércitos regulares de conscriptos expresan de alguna manera la lucha de clases.

Es decir, no es lo mismo que vaya a reprimir un ejército con colimbas a uno solo con profesionales. Por eso, durante la última dictadura, en la gran mayoría de los casos de las represiones y torturas fueron ejecutadas por los miembros profesionales. Cuando el ejército salía a secuestrar no había soldados. Incluso, muchos soldados fueron secuestrados y desaparecidos mientras estaban bajo bandera, como fue el caso de Alberto Ledo.

En cambio un ejército regular los soldados se pueden dar vuelta, como pasó en la Revolución Rusia de 1917, cuando la población está armada y puede dar vuelta sus fusiles. Por esto fue una política de los yanquis tener ejércitos profesionales y no solo de Menem.

¿Estamos por un servicio militar obligatorio?, de ninguna manera, sería volver a un ejército para humillar y denigrar a los jóvenes.

Planteamos el derecho elemental de la instrucción generalizada de la población en el manejo de armas. Controlada por los trabajadores, pagada por los patronales durante tres meses, que es el programa que históricamente levantamos los socialistas.




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