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Red Internacional

Luego de perder 2,5 millones de votos en solo dos años, el gobernador decidió “territorializar” su Gabinete con el ingreso de los intendentes Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) como jefe de Gabinete y Leo Nardini (Malvinas Argentinas) a cargo del Ministerio de Infraestructura.

Lunes 20 de septiembre | 20:10

Durante la semana pasada, como parte del cisma que recorrió al Gabinete nacional, Kicillof amontonó a todos los intendentes bonaerenses en maratónicas reuniones en la ciudad de La Plata. Durante tres días consecutivos, y en cónclaves separados, reunió a los alcaldes de la Tercera Sección, de la Primera y del interior de la provincia. En todas ellas llovieron las críticas y las exigencias de los jefes comunales; sus dardos centralmente iban apuntados hacia la intermediación del gobernador en el reparto de fondos y en el manejo de la obra pública. La elección de Insaurralde como jefe de Gabinete y de Nardini como Ministro de Infraestructura fue la respuesta del gobernador.

En las mencionadas reuniones los intendentes, particularmente los del conurbano, pusieron el grito en el cielo ante el nombramiento de Aníbal Fernández y Julián Domínguez en el Gabinete nacional. “Son los perdedores de siempre”, dijeron al unísono contra sus competidores en el peronismo provincial (en referencia al protagonismo de ambos en la interna del 2015, que desembocó en la derrota de Aníbal frente a Vidal); esta fue la otra presión para pedir pista en el ejecutivo provincial, aprovechando que Kicillof fue uno de los grandes derrotados por el tsunami del 14 de septiembre pasado. Los intendentes no quisieron perder la oportunidad para abrirse paso y evitar que se vuelva a repetir el escenario del 2019, cuando se quedaron con “ñata contra el vidrio” de la Casa de Gobierno platense.

En aquella oportunidad, un Kicillof subido a las mieles del triunfo había optado por su círculo de profesores universitarios y técnicos de confianza. Pero la derrota electoral puso en evidencia que la Provincia de Buenos Aires, sumergida en una profunda crisis económica y social, les quedaba grande, a pesar de estar subidos a los hombros de CFK. Ahora, fracasado su Gabinete de amigos -al que ya la propia Cristina había querido dar mayor “volumen político” con la designación de Sergio Berni y del “Cuervo” Larroque- Kicillof tiene que abrirles la puerta a los intendentes y lotear parte del Gabinete. Hasta tuvo que soltarle la mano a Carlos Bianco, el “dueño del Clio” y hombre de mayor confianza del gobernador, que ahora pasó a ocupar una decorativa Jefatura de Asesores. Mientras tanto, Cristina mantiene lo suyo con Julio Alak en el Ministerio de Justicia y con el intocable Sergio Berni en Seguridad.

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El desembarco de los intendentes, en particular de Insaurralde, puede allanar el camino de Máximo Kirchner hacia la presidencia del PJ bonaerense, que se resolvería en diciembre próximo. Pero a su vez los intendentes querrán aprovechar la nueva relación de fuerzas para volver a la carga con la anulación de la ley que les impide la reelección indefinida, lo que enterraría la intención de La Cámpora de aprovechar la ley de Vidal (apoyada en su momento por los legisladores del Frente Renovador de Sergio Massa) para disputarles parte del poder territorial a los alcaldes en el 2023.

La “territorialización” del Gabinete provincial no solo tiene poca posibilidad de éxito para dar vuelta en noviembre la reciente (e histórica) derrota electoral, sino que tampoco es mucha garantía de equilibrar las viejas y nuevas tensiones del peronismo provincial. Esperar y ver.

La pejotización de Kicillof

Además del nombramiento de Martín Insaurralde en lugar de Carlos Bianco al frente de la Jefatura de Gabinete y del intendente de Malvinas Argentinas, Leo Nardini, como Ministro de Infraestructura en reemplazo de Agustín Simone, Kicillof eyectó a su ministra de Gobierno, Teresa García, luego que esta fracasara en garantizar el “renacimiento” de Kicillof en el control del Senado provincial. En su lugar fue nombrada Cristina Álvarez Rodríguez, otra funcionaria del riñón del pejotismo provincial, “heredera” de Chiche Duhalde al frente del Consejo Provincial de las mujeres y titular de la rama femenina del PJ provincial. La sobrina nieta de Eva Perón también fue ministra de Gobierno durante la gobernación de Daniel Scioli.

El “quedate en casa” que perforó el aparato del peronismo

El ausentismo fue el gran actor de las últimas elecciones bonaerense y el responsable de la derrota del peronismo en la “Madre de todas las Batallas”. Lo nuevo fue que el “me quedo en casa” irrumpió en las zonas pobres, en el propio bastión del peronismo, como expresión del descontento social que provocó el ajuste del gobierno, pero que a la vez no estaba dispuesto a votar a la oposición de derecha de Juntos, que ya les había saqueado sus vidas durante los gobiernos de Macri y Vidal.

En la Primera y en la Tercera Sección -que aglutina al conjunto del conurbano bonaerense y que concentran un poco más de 4 millones y 4, 5 millones de votantes respectivamente- el nivel de votantes rondo entre el 60 y el 65 %; en La Matanza hubo 170 mil votantes menos que en el 2019, y Tolosa Paz apenas superó los 300 mil votos sobre más de un millón de electores. En Moreno, los votos válidos apenas superaron el 50 % del padrón.

Convertir la bronca en organización y construcción

Desde la noche el mismo domingo de la elección, los y las centenares de fiscales que el PTS aportó para defender el voto del FIT-U nos informaban de las buenas elecciones realizadas en distintas barriadas populares del conurbano. De cara a las elecciones de noviembre hay que profundizar ese camino para transformar el ausentismo y el voto en blanco en nuevos votos para el FIT-U; como sostuvimos en la campaña previa a las PASO: “hay que convertir la bronca en organización”.

Más allá de los cambios de figuritas, el Frente de Todos trae más de lo mismo: más derechistas y más FMI. La derecha se apura para avanzar en la flexibilización y en mayores ataques, y hay que falta aprovechar las elecciones de noviembre para consolidarnos como una tercera fuerza, organizando y construyendo una mayor fuerza de independencia de clase, anticapitalista y socialista para lo que vendrá después de las elecciones generales, que es donde verdaderamente está el centro de las preocupaciones del gobierno y la oposición de derecha.

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