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Red Internacional

Opinión.Editorial de editoriales: celebrar en la derrota

Se ratificó la derrota del gobierno en todo el país y el peronismo pierde el control del Senado. La épica de perder la provincia de Buenos Aires achicando la diferencia. La encrucijada del Frente de Todos y Juntos por el Cambio, y la nueva bancada de la izquierda para lo que viene.

Lunes 15 de noviembre | Edición del día

Necesito una épica, cualquiera, la tuya

“Celebremos este triunfo como corresponde” dijo Alberto Fernández en el búnker del Frente de Todos luego de conocerse los resultados de las legislativas, convocando a la movilización de este miércoles por el Día de la Militancia. Pero en las pantallas los datos del escrutinio ratificaron la derrota del oficialismo a nivel nacional: ganaron apenas en 9 provincias de las 24. Eso sí, en la provincia de Buenos Aires achicaron la diferencia con Juntos por el Cambio respecto a las PASO: de más de cuatro puntos a un poco más de uno. No les alcanzó para ganar el distrito más importante del país, pero encontraron el resquicio para decir que todavía respiran para encarar los dos años de mandato que les quedan. La unidad y la maquinaria del PJ alcanzaron para una derrota más acotada en territorio bonaerense.

Aunque busquen sacarle el jugo a una “derrota más digna”, el resultado deja un gobierno más debilitado que tendrá que ir a la búsqueda de acuerdos y consensos con la oposición de derecha. El senado presidido por Cristina Fernández se reconfiguró, y por primera vez desde 1983 el peronismo pierde el quórum propio. Redujeron sus bancas de 41 a 35, mientras la oposición pasa de 25 a 31 senadores (las restantes 6 están en manos de fuerzas provinciales). Fueron 8 las provincias que renovaron senadores, y la oposición ganó en 6.

Gabriela Pepe en LetraP dice que desde el oficialismo relativizaron la pérdida del quórum en la Cámara Alta, y le confiaron que “será menos holgado, pero no va a ser complicado” conseguirlo. Pepe completa explicando que la salida estará en dos posibles aliados (la misionera Quintana y el rionegrino Weretinleck).

En la Cámara de Diputados queda un escenario más parejo. Como apunta Joaquín Morales Solá “el peronismo seguirá siendo la primera minoría, pero solo por un diputado. La oposición ganó dos diputados y el oficialismo perdió uno”. Este fue el eje del discurso de Sergio Massa en el búnker oficialista, cuando arengó al público con un “festejen, festejen” porque “el Frente de Todos sigue siendo la primera minoría en Diputados, con 119 diputados”.

Las únicas provincias que le dieron una buena noticia al oficialismo fueron Tierra del Fuego y Chaco, donde sí dieron vuelta la elección de las PASO.

Juntos por el Cambio se anota un triunfo en estas legislativas pero sin descorchar. La disputa interna por quién liderará hacia el 2023 el espacio tras el fracaso de Mauricio Macri sigue al rojo vivo como contamos el domingo pasado. Entre el PRO y la UCR, y al interior de cada partido. Mario Wainfeld en Página 12 agrega que “su performance en las elecciones generales, dendeveras, fue menos propicia que en las PASO”. Si bien también crecieron, fue en menor medida que el oficialismo habiendo aumentado la participación electoral. Arriesga una hipótesis para explicarlo: “tal vez la presencia protagónica del ex presidente Mauricio Macri durante las últimas semanas le dio una manito a sus adversarios”.

El Frente de Izquierda se consolidó en la elección como la tercera fuerza nacional con casi 1.300.000 votos, conquistando una bancada en el Congreso y creciendo un 20% en comparación con las PASO. Fernando Soriano tituló en Infobae “el Frente de Izquierda hizo su mejor elección en 20 años y consiguió cuatro bancas en Diputados”. Nicolás del Caño (PTS) y Romina Del Plá (PO) serán diputados por la provincia de Buenos Aires, con una gran elección en las barriadas populares que permitió además obtener dos diputados provinciales en la tercera sección y varios concejales en municipios como La Matanza, Merlo, Moreno, José C. Paz, y peleando en otros. En la Ciudad de Buenos Aires, Myriam Bregman (PTS) ingresa al Congreso gracias a un apoyo sin precedentes en barrios, lugares de trabajo y decenas de personalidades del arte, la cultura, el periodismo. Una gran novedad de la jornada es que por primera vez un obrero de la recolección de residuos y coya va estar sentado en el Congreso: Alejandro Vilca (PTS) de Jujuy con una elección verdaderamente histórica con más del 25% de los votos. Como había dicho hace unos días un changarín jujeño de 84 años: “me llena de vida saber que alguien más pelea por la vida de miserias que nos hicieron pasar (…) que les arda a los patrones que entre un trabajador". Así será. Entre tanto hastío por el ajuste y los padecimientos del pueblo trabajador, la política tradicional, que se mueve entre sus privilegios, jubilaciones millonarias, financiamiento de los grandes dueños del país, que un obrero coya y trotskista tome la palabra en el Congreso es el hecho más revulsivo de esta elección. Es un síntoma de lo que se vive por abajo.

En el otro extremo, la derecha liberal de Javier Milei y José Luis Espert obtuvieron buenos resultados en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, y tendrán representación parlamentaria. Un experimento político al servicio de inclinar la cancha a la derecha con su agenda pro empresarial, de ataque y ajuste contra las y los trabajadores, mano dura y show mediático. Un eco que llega a las coaliciones de la política tradicional, a su manera en cada una. Para instalar la agenda “más dura” de los grandes dueños del país, o reforzar una ideología de la resignación.

Ahora que las urnas dieron su veredicto definitivo, sigue la Argentina de la fractura social. De la crisis y el endeudamiento que nos ata a la decadencia y la dependencia. La inflación, las jubilaciones de indigencia, la pobreza, el empleo precario. No hay épica de la derrota que pueda ocultar que hay una olla a presión y que el futuro no está dicho.

El dilema del día después

Con el resultado en la mano, todavía es temprano para despejar las múltiples incógnitas de un país sumergido en crisis. Por estas horas, las preguntas siguen ahí, como la mosca en la sopa. ¿Qué va a pasar con el dólar? ¿Y el acuerdo con el FMI? ¿Sigue el Frente de Todos? ¿A qué costo?

Diego Genoud en El DiarioAr analiza que “gana aire la unidad del frente, que quedó a prueba como nunca después de las PASO, y las diferencias se aplazan por lo menos hasta que el gobierno vuelva a chocar con la impotencia que lo domina frente a una realidad de lo más adversa”. Algo similar dice Martín Rodríguez en el mismo diario: “¿qué obtuvo Alberto? Una respuesta será: obtuvo tiempo. (…) Tiempo es el nombre de un deadline: el acuerdo con el Fondo”. Un deadline en marzo de 2022, cuando los vencimientos con el FMI se hacen directamente impagables.

La primera aparición pública fue la de Cristina Fernández por twitter, avisando que por recomendación médica no iba a estar en el cierre de la jornada electoral. No hizo ninguna otra declaración en toda la noche tras conocerse los resultados. Después, el presidente Alberto Fernández habló dos veces. El primer mensaje fue uno grabado, institucional, en modo cadena nacional. En soledad frente al micrófono. Dejó dos definiciones: la convocatoria formal a la oposición para “acuerdos nacionales” y “consensos” en referencia explícita a la renegociación con el FMI; y que la unidad del Frente de Todos se mantiene en lo fundamental. Anunció el envío de un proyecto de ley para los primeros días de diciembre que “explicite el programa plurianual para el desarrollo sustentable, con los entendimientos con el staff del Fondo Monetario Internacional en las negociaciones”. Pero también aclaró: “Es una decisión política y tiene el aval del Frente de Todos, la vicepresidenta, el Gabinete”. Fue un primer reconocimiento de la derrota del oficialismo, buscando el compromiso de la oposición para lo que viene.

El segundo mensaje fue en el búnker para hablarle a los propios de un triunfo que no es, pero sobre todo para convocar a la movilización del miércoles por el “Día de la Militancia”. Participará la “nueva” CGT unificada y los movimientos sociales oficialistas. Todavía no está confirmada la presencia de La Cámpora ni de la CTA que lidera Hugo Yasky. Una búsqueda de mostrar fortaleza en la debilidad y blindar al presidente de apoyo en la calle. De confirmarse la ausencia del sector cristinista de la coalición, podría ser también un mensaje de ese doble juego de unidad y desmarque como hizo la propia vicepresidenta con su carta post PASO. Será la próxima “prueba” de la interna en la coalición de gobierno.

Gobernabilidad en cuestión

En los análisis del resultado aparecen otro tipo de hipótesis y preguntas. Jorge Liotti en La Nación se adelantó al veredicto de las urnas, y planteó que “el dato más novedoso es el debilitamiento del peronismo como administrador de las crisis”. Define el posible rol de Cristina Fernández como “Una suerte de vicepresidencia en disidencia” y cita las palabras de uno de sus allegados: “Cristina tiene que elegir entre conservar su 25 % de apoyo fiel o la unidad del frente. Y tengo la impresión de que está más inclinada a conservar su capital simbólico porque siente que la gestión de Alberto lo está poniendo en riesgo”. La otra parte que no se pondera en este análisis, es cuáles son los costos de una eventual “separación” de Cristina. ¿Cómo afectaría a la gobernabilidad? ¿Podría tener consecuencias habilitando que el descontento se exprese en la calle? ¿Una chispa puede encender una llama que se vuelva incontrolable?

Joaquín Morales Solá en La Nación habla del fin del ciclo del kirchnerismo tras 18 años. Pero a la vez se lo lee preocupado por el destino del peronismo y les hace una recomendación: “para que sobreviva depende de que sus dirigentes más sensatos dejen atrás un modelo de hacer y pensar la política que lleva casi dos décadas”. Similar es la sugerencia de Eduardo Van Der Kooy en Clarín con su análisis de que la “imposibilidad del Presidente de capitalizar el traspié de Cristina vuelve a llenar de incertidumbre la gobernabilidad de los dos años que restan para el recambio”. La preocupación por la gobernabilidad está en las páginas de los diarios opositores, que consideran que está sujeta a la separación del presidente de su vice.

Liotti expresa otra preocupación, que involucra a todo el sistema político. Analiza una triple crisis “de liderazgos, de mayorías y de representación” y la necesidad de replantear el funcionamiento para que los dos años de mandato que quedan de Alberto no sean “un calvario mayor”. Martín Rodríguez en El DiarioAr aporta su definición en este mismo sentido. Dice que los resultados de esta elección profundizan “lo trabado mientras parecen más agotadas las bases de una gobernabilidad reconstruida después del 2001”. Algo que profundizó Fernando Rosso en Le Monde Diplomatique definiendo una “época de hegemonías débiles”, que no es patrimonio exclusivo de Argentina.

Hoy el país está en un embrollo: en los términos de los dueños del país y la política tradicional se necesita de un ajuste de mayor envergadura que nadie pudo hacer. Encima con el Fondo como elemento disciplinador. Encima con el fantasma de las rebeliones y movilizaciones en la región. Las dos coaliciones mayoritarias quieren gobernar, pero los costos de implementar el ajuste que se pide obturarían sus chances. La economía y la política se funden en un mismo dilema, y ambos pueden ser la fuente de nuevas crisis y desatar el descontento social.

La encrucijada está a los dos lados de las coaliciones. Juntos por el Cambio obtuvo un triunfo, pero tendrá que hacerse eco de los compromisos que pidió Alberto Fernández en alguna dirección. El presidente les planteó algo así como un “si ganaron las legislativas, bienvenidos al barco de la toma de decisiones antipáticas”. Será difícil congeniar aspiraciones presidenciales con lo que viene si avanza la negociación con el FMI. Si la oposición de derecha se sube al barco del “acuerdo nacional”, y con la nueva composición del Senado, puede darse una paradoja. Que sea Juntos el Cambio quien termine ayudando a Cristina en el intento de preservar su capital político repartiendo más las responsabilidades saliéndose del centro.

Lo que es seguro es que el llamado “acuerdo nacional” pedido por Alberto Fernández con el aval de la vicepresidenta, traerá una agenda legislativa marcada por los condicionamientos del FMI y sus clásicos pedidos de ajuste. Pero el mensaje de las urnas volvió a expresar descontento social, con polarización hacia los extremos a derecha y a izquierda.

La nueva bancada del Frente de Izquierda será la única voz en el Congreso para que se expresen y desarrollen en las calles los reclamos del pueblo trabajador, las mujeres y la juventud. El apoyo conquistado muestra algo nuevo que está levando por abajo. La tercera fuerza nacional aparece como una referencia para que emerja la fuerza mayoritaria como alternativa política, la clase trabajadora.




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