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Red Internacional

Opinión. El faso, la pelada y la grieta en el PJ tucumano, cada vez más lejos de lo que muestra la calle

El submundo de las chicanas del PJ, entre manzuristas y jaldistas, se volvieron el centro de la realidad mediática en la provincia. Una interna que desnuda la crisis de un régimen bien ajeno a la realidad.

Jueves 15 de julio de 2021 | 18:23

Mientras a nivel nacional se conocía la triste noticia de que la cifra de muertes por covid-19 había trascendido los 100.000 casos, una nueva dimensión de la crisis sanitaria que atraviesa el país, en Tucumán el oficialismo inauguraba un reality de chicanas y ataques personales. “Está fumando demasiado”, “no tiene tanto pelo como yo”, “ha cometido un acto de traición”. La “nueva” grieta en la provincia está determinada por la rivalidad entre el gobernador Juan Manzur y su vice Osvaldo Jaldo, quienes se preparan para una posible competencia en las PASO de septiembre.

Manzur encabezó en el Hipódromo la firma de la alianza Frente de Todos en la provincia, con la presencia virtual de Alberto Fernández y Wado de Pedro. Osvaldo Jaldo realizó un acto en el local de la FOTIA donde amenazó que si no abrían la lista a candidatos de su bloque, competiría en las PASO. La batalla que atraviesa el peronismo es con miras a la gobernación, que se debatirá en el 2023.

La pesada herencia... que han sabido construir

Uno cuenta con el apoyo presidencial y las intenciones de que haya lista única. El otro cuenta con el aparato de intendentes y legisladores. El Partido Justicialista gobierna hace más de 20 años la provincia. Hay una frase que recorre los distintos pasillos del palacio, “los gobernadores pasan, Jaldo siempre queda”. La disputa que recorre al peronismo en la provincia destapa una crisis profunda del agotamiento del partido gobierno.

Cuando gobernó Macri, el PJ tucumano se pintó de amarillo en el Congreso y en el Senado, votando cada ley y ayudando a la gobernabilidad de los CEO. Cuando llegó Alberto Fernández se pasó sin miramientos a rechazar la “herencia recibida”, le faltó agregar “que hemos sabido construir”. El partido gobierno en la provincia sabe moverse pragmáticamente, en función de sus necesidades y los cambios. Frente a la crisis histórica de desocupación y pobreza que atraviesa la provincia, con índices solo comparables con el periodo de inicios de los 2000, previos a la reactivación económica, el PJ no puede despachar responsabilidades.

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La calle mira para otro lado

El pueblo trabajador mira la interna del PJ cómo si fuese una mala película. “Se dan con de todo pero para abajo nada”, “me hacen reír, ellos son ricos peleando por el poder”, “es una tristeza lo bajo que caen”. El cansancio social, con que se describe en la calle las disputas del poder, habla de lo lejos que se ve el pueblo trabajador tucumano de la casta. El peronismo, casi sin darse cuenta, destapó una olla más grande de la que consideraba. El pragmatismo de 20 años de ser el partido del oficialismo nacional, el partido del ajuste y la decadencia, se siente con la frialdad con la que los trabajadores y jóvenes tucumanos se refieren a las cabezas del partido de gobierno.

El desencanto nacional con el gobierno de Alberto Fernández se mezcla en la provincia con el cansancio frente al manzurismo y el jaldismo. Si bien hacia el 24 de julio, día de cierre de listas, todos los escenarios están abiertos, el hartazgo se siente en la calle.

Después de cuatro años de macrismo, la oposición de derecha de Juntos por el Cambio, le cuesta capitalizar el hartazgo social hablando de institucionalidad y de democracia, no hacen alusión a una sola medida de emergencia o económica, cualquiera le respondería rapidísimo con el endeudamiento histórico que dejó el macrismo. Con este escenario político tucumano, las elecciones se encaminan en un clima distinto.

Lo que puede emerger desde la izquierda

Nada está dicho, el pueblo trabajador carga con la experiencia de 6 años de ajuste, si uno cuenta el mandato macrista y los primeros años de la gestión de Fernández. En esa dura experiencia, las dos coaliciones mayoritarias empiezan a ser vistas por sus tareas, que han significado un duro ataque a las condiciones de vida de las grandes mayorías. En la provincia, sectores obreros y populares han salido a la lucha en los últimos meses como hacía años no se veía, cosecheros del citrus, choferes, docentes, desafiando la pasividad de sus direcciones sindicales, adictas al gobierno.

Esta realidad que emerge desde abajo, expresa la ambición de sectores de la clase trabajadora, y amplios sectores que miran con descontento la interna de oficialistas y opositores. Es en esta situación en la que puede emerger una alternativa por izquierda, acompañada por un programa para enfrentar un ajuste que ya no se aguanta más. En la provincia, el crecimiento de Ricardo Bussi en años anteriores expresó ese descontento, es una batalla desde la izquierda pelear por emerger como tercera fuerza, peleando contra ese tipo de variables reaccionarias y funcionales al PJ. Las luchas y las primeras opiniones de protagonistas en muchos conflictos de la provincia demuestran que puede emerger por izquierda.

Una situación crítica como la que se vive en la provincia requiere de medidas de emergencia, como lo venimos planteando desde el Frente de Izquierda Unidad, que viene de presentar su alianza, con los 4 principales partidos de la izquierda. Las propuestas de la izquierda están claramente orientadas a invertir las prioridades, un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar indexado mensualmente según el aumento del costo de vida, un IFE de 40.000 para todas las familias que lo necesitan, prohibición de los despidos y las suspensiones, para terminar con la precarización laboral, pase a planta, anulación de los tarifazos, liberación de las patentes de las vacunas y que se declaren de interés público los laboratorios que hagan los activos.

Estas son las medidas de emergencia básicas para que el pueblo trabajador no siga pagando los platos rotos de la crisis. Para conquistarlo hay que en primer lugar romper con el FMI y la herencia odiosa de la deuda, impuestos extraordinarios a las grandes fortunas (banqueros, empresarios y terratenientes), que la levantaron en pala en todos los gobiernos. Medidas necesarias para que sean los que generaron la crisis los que la paguen, y no el pueblo trabajador.

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