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Red Internacional

El titular de Trabajo habló de las paritarias 2022 y 2023 en medio de una subida escalofriante de la inflación, que está en un 52,3% anual. Dijo que el salario real no se vio afectado en los últimos meses. Más lejos de la realidad de millones de trabajadores no podía estar.

Jueves 31 de marzo | 00:35

"Si bien efectivamente tenemos una inflación alta por motivos propios y motivos importados por la guerra, no vemos una situación donde ello haya afectado los ingresos reales de los trabajadores asalariados privados y públicos".

La frase insólita la pronunció Claudio Moroni en declaraciones a El Destape Radio. El ministro de Trabajo se refirió al tema cuando le preguntaban sobre las paritarias que se vienen dando en el 2022, que por ahora están cerrando entre el 45 % y el 48 %, según el propio funcionario. Números por debajo de la inflación interanual, que en febrero estuvo en un 52,3 %.

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Allí dijo que por ahora descarta tomar medidas que frenen la caída del poder adquisitivo de los trabajadores pero, para que nos quedemos tranquilos, dijo que el Gobierno tiene "todas las herramientas listas y preparadas" para aplicarlas "si los salarios no ganan". La realidad es que, si fuera por eso, tendrían que haber empezado hace bastante y con decisiones drásticas: el 2021 fue el cuarto año de caída consecutiva del promedio del salario real del conjunto de las trabajadoras y los trabajadores.

Parece que el ministro, que a esta altura no está muy claro si es de Trabajo o de Recursos Humanos, no vive en carne propia la realidad que viven millones de personas cada vez que tienen que pagar el alquiler (en Buenos Aires, por ejemplo, subieron un 75 % en el último año) o se enfrentan a la difícil tarea de hacer las compras y no dejar el sueldo entero en la caja.

Por estos días circularon una buena cantidad de chistes alrededor de la "eternidad" de marzo. La creatividad de quienes se ríen para soportar un poco mejor la angustia de no llegar a fin de mes, algo que se hace más cuesta arriba cada vez que cambia el calendario. Esos memes, a Moroni no le hicieron gracia. Capaz que ni los entendió.

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Este miércoles se conoció el dato de la pobreza para el segundo semestre de 2021. Hay 17 millones de pobres en Argentina. A pesar del crecimiento de la economía y de que bajó el desempleo, la pobreza se consolida. Observada en el mediano plazo, desde el 2017 creció de un 25,7 % a un 37,3 %, con cifras similares de desempleo. Conclusión: tener trabajo ya no alcanza para no ser pobre en Argentina. Se puede ver en las estadísticas, pero se siente en el bolsillo todos los días. Capaz, no el bolsillo de Claudio Moroni.

Pero todavía no pasó lo peor, porque en los próxmos meses impactarán las subas en las tarifas -el Gobierno ya convalidó un 20% de aumento en el gas-, en las naftas, las subas de las prepagas y habrá que ver cómo impactan las consecuencias de la guerra en Ucrania, que contra lo que dice falsamente el Gobierno, todavía no se reflejó en números porque empezó a impactar recién a comienzos de marzo.

Los trabajadores no registrados se llevan una parte peor: la pérdida del salario real para los sectores informales fue del 27 % entre 2016 y 2021.

Sin embargo, no todos pierden en este país. Las empresas de alimentos no dejaron de juntarla en carretilla ni siquiera en el peor momento de la pandemia. Arcor, Mastellone Hermanos y Molinos Río de la Plata vieron crecer sus ganancias brutas en un 112 % durante 2020 y 2021 mientras los precios de los alimentos incrementaron en ese mismo período un 114 %. Están los que pierden con la inflación y los que hacen negocios.

Hay que reorganizar toda la producción en función de las necesidades sociales. En un país gobernado por el FMI y manejado por los pocos dueños de la tierra, no puede haber ningún futuro para millones de personas. Con el monopolio estatal del comercio exterior se podría garantizar que lo que se importa y exporta sea en función de las necesidades alimentarias de la población y no de un grupito de terratenientes que ganan con todos los gobiernos. Con el desconocimiento de la deuda fraudulenta se podrían garantizar recursos para las necesidades básicas de las familias trabajadoras y dejar de llenarle el bolsillo a los especuladores. Está en manos de la clase trabajadora y de su capacidad de movilización y lucha conquistar un gobierno de los trabajadores que imponga un programa con medidas como esas.




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