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Red Internacional

El plan del nuevo “superministro”: más ajuste para los de abajo, gusto a poco para los de arriba. Pese a la algarabía por el aterrizaje de Massa en el Gabinete, la crisis está lejos de solucionarse. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los jueves de 22 a 24 por Radio Con Vos, 89.9.

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Jueves 4 de agosto | 23:14
  • La dirección y el sentido de las medidas anunciadas por Sergio Massa luego de su jura como ministro están más que claras. Por nuestra parte, fueron desmenuzadas por Pablo Anino ayer casi en simultáneo en una transmisión en vivo de La Izquierda Diario, y va a profundizar la cuestión en su columna de este programa. Como síntesis, podemos decir que el plan representa ajuste para los de abajo y beneficios para los de arriba.

  • Hagamos un breve raconto de los anuncios: ratificación del ajuste en el sector público, a partir del anuncio de que se va a respetar el 2,5 % de déficit fiscal que Martín Guzmán había acordado en la hoja de ruta con el FMI (esto contiene un punto que es el congelamiento del ingreso al Estado y quiere decir que empleados o empleadas que renuncien o se jubilen no serán reemplazados); el anuncio en el que dijo que no va utilizar los adelantos del Banco Central al Tesoro en lo que resta del año e incluso afirmó que se van a devolver 10.000 millones de este año, quiere decir el financiamiento alternativo se hará con recorte de fondos de las provincias, obra pública etc.; el tarifazo que está en el centro de los anuncios de ayer porque va a ser —por lo menos— el doble de lo que había programado Guzmán (tanto en términos de montos como de personas afectadas) y se va a incluir el agua; la famosa auditoría de los planes sociales con dos objetivos: recortarlos y/o transformarlos en mano de obra barata y precaria para las empresas (un modelo implementado por quien alguna vez fue aliado electoral de Massa, el exgobernador de Córdoba —fallecido— José Manuel De la Sota fue el PPP (Plan Primer Paso) que es básicamente eso); además adelantó que va a retomar el endeudamiento.
  • Por otro lado, los beneficios a los empresarios y a los dueños del país, empezando por el agropower: el permiso para que las cerealeras puedan conservar dólares que traigan para prefinanciar exportaciones, en vez de tener que liquidarlos al tipo de cambio oficial; la posibilidad de que adquieran dólares a un precio diferencial (una medida que había tomado Silvina Batakis) o un depósito atado al dólar para que no pierdan a futuro. Y también se discuten regímenes especiales para la minería y otras industrias para que “traigan dólares”. Contradictoriamente estos incentivos fiscales redundarán en un aumento del déficit. Y en esto, Massa ya se empieza a parecer a Alberto Fernández que en su afán de conformar a todos los factores de poder termina borrando con el codo lo que no llega a escribir con la mano.
  • ¿Las medidas a favor de la “inclusión social”? Generalidades por ahora: alguna recomposición salarial para una franja de empleados formalizados; un aumento a los jubilados y jubiladas que estaba pautado.

  • Bien, con esto sabemos lo que es el plan de Massa, pero es interesante pensar lo que no es. Y lo que no es el plan de Massa lo explican muy bien los voceros del capital financiero internacional: “Las medidas económicas develadas se quedan cortas en un plan de estabilización”, tituló el banco norteamericano JP.Morgan en el informe que envía a sus clientes luego de analizar las medidas (es interesante porque este banco fue el que hizo el movimiento de dinero más importante que disparó la corrida de 2018 bajo el gobierno de Mauricio Macri). En la misma tónica, el banco de inversión Goldman Sachs escribió: “Las medidas anunciadas son decepcionantes y no constituyen un plan global y coherente para reequilibrar la economía”. En el mismo sentido el banco brasileño BTG afirmó en un documento para sus clientes que “el juego de Massa tiene un montón de promesas razonables, pero no tiene carne para sostenerlas”. Este mismo banco después amplió sus conclusiones: “Massa pareció reconocer la fragilidad del contexto, pero sus anuncios no tuvieron sustancia: el objetivo de déficit del 2,5% no tiene medidas que lo respalden, y el congelamiento de la financiación del BCRA no tiene fuentes alternativas de financiamiento”.
  • ¿Por qué es importante remarcar esto? Porque muestra que es un ajuste fuerte para los de abajo, pero que tiene gusto a poco para los de arriba. Además, muestra que los hombres providenciales no existen, que el mesianismo político (que también practicaron Macri y —a su manera— Alberto Fernández) está destinado al fracaso, que la crisis sigue abierta (cuando nos quieren convencer de que ya está, que hay que aceptar el “nuevo orden massista” como el último mal menor antes del precipicio, este el argumento del kirchnerismo y de CFK) y que también está abierta la disputa por la relación de fuerzas.
  • Por su parte la oposición de Juntos por el Cambio se siente un poco como dicen que se sintió Eduardo Angeloz cuando compitió con Menem en 1988 y se quejó de que el riojano le había “robado” todas sus ideas. Un programa que graficaba con su famoso “lápiz rojo” del ajuste. Y eso los conduce a todos (halcones/palomas) a exigir un ajuste más fuerte y especialmente a ser militantes rabiosos de la devaluación ¿Qué quiero decir? Que están todos pasados de rosca con el ajuste.
  • Y permítanme una digresión ya que nombré a Menem: hay un aroma en el ambiente a mucha cría del menemismo dando vueltas. Bueno, algunos dicen que si sale bien lo de Massa sería el candidato natural del FdT para el año que viene y podría competir con Horacio Rodríguez Larreta. Sería interesante un debate en el que cuenten como fue la experiencia en la que hicieron sus primeras armas en las elecciones presidenciales de 1999 asesorando ambos a Ramón “Palito” Ortega para continuar el menemismo por otros medios ¿Quién le preguntará a quién: “En qué te han convertido”?.
  • Volviendo, que sigue todo abierto habilita a la necesidad de poner otra agenda sobre la mesa: desde la recuperación de los U$S70 mil millones que perdieron los asalariados entre 2018 y 2021 y que fueron a parar a manos del gran empresariado (según el informe de CIFRA – CTA); hasta nacionalizar el comercio exterior o dejar de pagar la deuda odiosa. Porque —aunque no lo crean— ya empezamos a escuchar que Massa es lo que corresponde a la “correlación de fuerzas”, y muy probablemente sí: la correlación de fuerza de los que ganan siempre, pero siempre quieren más.



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